Hay algo profundamente preocupante en la decisión de que el Tesoro Nacional absorba la deuda de IOSFA (Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas). Y no es solamente una cuestión contable. Es, antes que nada, una cuestión de responsabilidad y de principios.
Se plantea que, como se trata de una deuda “del Estado con el Estado”, será el Tesoro Nacional el que finalmente se haga cargo. Pero esa explicación, lejos de resolver el problema, plantea una pregunta mucho más importante: ¿quién responde por las decisiones que generaron esa deuda?
Porque una cosa es reconocer una obligación y honrarla, algo que el Estado, como cualquier deudor, debe hacer, y otra muy distinta es trasladar automáticamente el costo al Tesoro como si eso borrara las responsabilidades de quienes administraron los recursos.
No importa solamente quién aparece formalmente como deudor o acreedor. Lo que importa es que la deuda existe y que alguien debe responder por ella. Y si el Estado decide que sea el Tesoro quien la absorba, en definitiva, la cuenta termina recayendo sobre todos los argentinos.
Ese es el punto que considero más grave, porque de esta manera se instala un precedente muy peligroso: que una determinada estructura estatal pueda endeudarse, acumular obligaciones y, llegado el momento de afrontar las consecuencias, trasladar el problema al Tesoro Nacional. Cuando el Tesoro absorbe esas deudas, no existe una abstracción llamada “Estado” que pague. Los recursos salen de los impuestos, del presupuesto y del esfuerzo de todos los ciudadanos.
Por eso, no alcanza con decir que se trata de una deuda entre organismos del propio Estado. El Estado no es una entidad aislada de la sociedad. El dinero público tiene un origen concreto: lo aportan los argentinos.
Y justamente por eso creo que hay que ser muy claros: las deudas deben honrarse, pero también deben determinarse las responsabilidades que llevaron a generarlas. En este caso debe responder concretamente quien estuvo al frente al momento de tomar las decisión que derivó en esta situación. No se puede confundir la obligación de pagar una deuda con la ausencia de responsables por haberla contraído.
Si una administración toma decisiones que generan un endeudamiento, debe hacerse cargo de explicar por qué ocurrió, cómo se llegó a esa situación y quiénes fueron responsables de la gestión que produjo ese resultado. De lo contrario, terminamos construyendo un sistema en el que las pérdidas siempre se socializan, mientras que las responsabilidades se diluyen.
Y eso es lo que considero una inmoralidad. No porque el Estado deba desconocer sus obligaciones, todo lo contrario: las obligaciones deben pagarse pero precisamente porque deben pagarse, también debe existir responsabilidad sobre cómo, por qué y bajo qué condiciones se generaron.
El problema no es que el Tesoro Nacional honre una deuda. El problema es que se presente esa absorción como una solución suficiente, sin discutir quién generó el desequilibrio y por qué el costo final debe recaer sobre el conjunto de la sociedad.
Dicho esto, el mensaje que se transmite es muy malo porque si el Estado puede endeudarse y luego trasladar la deuda al Tesoro, el incentivo es perverso: quien administra puede tomar decisiones y comprometer recursos, mientras que las consecuencias terminan siendo asumidas por todos y cuando una deuda pública termina siendo pagada por todos, también debería existir una responsabilidad pública claramente identificada.
No podemos acostumbrarnos a que cada vez que aparece un agujero financiero la respuesta sea simplemente cubrirlo con recursos del Tesoro. Eso puede cerrar una cuenta, pero no resuelve el problema de fondo.
La Argentina necesita recuperar una cultura de responsabilidad en el manejo de los recursos públicos. Necesita que las deudas se honren, sí, pero también que quienes administran fondos públicos comprendan que sus decisiones tienen consecuencias. El dinero del Estado no es dinero de nadie, es de todos.
Honrar las obligaciones es necesario, pero también lo es exigir que quienes las generaron respondan por sus decisiones. De lo contrario, estaremos naturalizando una forma irresponsable de administrar los recursos públicos y eso no es solo un problema económico, es una cuestión de responsabilidad moral.
Nota: Rodolfo Vargas Arizu es el ministro de Producción de Mendoza
En pocas palabras
- Deuda de IOSFA: el Tesoro Nacional absorberá una deuda de la obra social de las Fuerzas Armadas, generando preocupación sobre la responsabilidad.
- Responsabilidad de gestión: se cuestiona quién debe responder por las decisiones que generaron la deuda, más allá de la obligación de pago del Estado.
- Precedente peligroso: trasladar deudas al Tesoro Nacional sin determinar responsables sienta un precedente de irresponsabilidad en el manejo de fondos públicos.





