Como docente universitario de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Cuyo en la Carrera de Ingeniería Industrial, siempre dediqué el Día de la Mujer a aproximadamente treinta por ciento de estudiantes mujeres, en una carrera históricamente de varones. Así, yo les explicaba a todos, mujeres y varones, el origen e historia de esta conmemoración, que año tras año, me llevó como, jefe de cátedra, a hacer ver desde una visión profundamente humanista, con respeto y valoración, el significado de la actividad de la mujer en la sociedad moderna y en la ingeniería industrial en particular.
Sor Juana, defensora de la mujer en un siglo de varones
En el Día de la Mujer es oportuno recordar a sor Juana Inés de la Cruz, muestra de una acción constructiva para la equidad entre varones y mujeres; respetándose diferencias y roles
Me parece apropiado en la celebración del “Día Internacional de la Mujer” hacer referencia al mismo; desde su esencia fundacional e indivisible de su contraparte el varón. Máxime en épocas en que su rol en la humanidad y según la sociedad de que se trate, la mujer para unos, es un objeto tan solo de reproducción y placer del varón; ocultada, intrascendente, ignorada y mal tratada hasta la esclavitud; siendo una muestra cabal de lo arcaico e inaceptable para los tiempos que corren; mientras que para otros, ella es el correcto equilibrio complementario de una sociedad moderna, justa en la que convergen con claridad los términos: equidad entre varón y mujer, e igualdad de oportunidades entre ambas partes. No se trata de someter ni ser sometido, tampoco de no asumir la complementariedad como un deber. Del mismo modo respetando todas las posiciones de pensamiento al respecto, me permito hacer alguna reflexión.
Haber llevado el concepto de género a una ideología fanatizada de confrontación social, bastardeando el sentido original para una necesaria transformación cultural, en una sociedad moderna del siglo XXI, ha puesto a colectivos femeninos extremistas en una posición de cuasi guerra contra el varón.
Estas posiciones extremas, también devienen en anacronismos estúpidos y fuera de lugar; lo que es tan malo, como la opresión de la mujer mencionada más arriba en sociedades de fundamentalismos sin sentido en nombre de una religión. Por otro lado, hay que comprender que educar no es adoctrinar, desvirtuando un fin noble como es saber, conocer, o estar informados como corresponde, para internalizar que implica ser o varón o mujer, que cosas les son comunes a ambos sexos; cuál es la responsabilidad de las dos partes y su rol en la sociedad, para ejercer con respeto, y en libertad sus deberes y derechos.
Es decir, si los varones pretendemos ser justos y equilibrados, hoy debemos recordar a las grandes mujeres de la humanidad, a las heroínas de nuestra historia argentina; a las ilustres de todas las ciencias, y a nuestras compatriotas compañeras de vida de nosotros los varones, que, con su prédica y acción, nos fueron llevando a tener hoy y a pesar de todos los males que nos aquejan en el país, una sociedad todavía imperfecta, pero más evolucionada en esta materia que muchas otras.
Aunque falte mucho camino por recorrer todavía y sin ir más lejos, el nuevo gobierno tiene en sus equipos cuarenta y cinco por ciento de mujeres. Algunas de ellas en los cargos más altos de responsabilidad. Lo mismo ocurre en muchos otros planos de la sociedad argentina, lo cual, sí distingue a nuestro país frente al mundo.
Lo que queda por hacer, será más fácil realizarlo caminado de la mano, mujeres y varones, asumiendo como fundamentales las coincidencias para el objetivo común; y respetando las diferencias sociales de la evolución, como las naturales de la creación. Se debe mirar al otro como un par. Finalmente destaco que a los jóvenes se los debe educar con rigor científico y moral, con la ética como un faro social, que es el camino para tener una sociedad mejor.
Tómese en cuenta que en la antigüedad la mujer era un ser impuro, según ellos, que no debía hallarse al nivel del marido, a quien suponían de superior condición. En África las mujeres estaban encerradas; en China eran menospreciadas; en la Judea el nacimiento de una niña era maldecido, y se consideraba suceso infausto, día de luto.
¡Cuánto falta hacer! ¿No es así? Para llegar a tener una sociedad equilibrada en el planeta, ¿no es verdad? Hoy todavía la bestialidad citada tiene vigencia en algunas sociedades. Hasta no hace muchos años, en que por ley solo se podía tener un hijo en China, si nacía un segundo hijo varón, la familia era castigada severamente; si era una niña, el sistema la desaparecía en centros especiales de los cuales nunca más se tenía noticias.
Como nieto de abuelas fundacionales para mi vida, hijo de una madre excepcional, señeras todas para mi razón de ser; como esposo, padre y abuelo de mujeres que son mi vida misma, hoy levanto mi voz con respeto sublime para darles las gracias aplaudiendo su noble labor.
Por lo dicho en este día cito a dos baluartes de distintos tiempos.
Este 2024 para los miembros de la grey “Católica Apostólica y Romana” de nuestro país, nos encuentra con la primera santa argentina “Mama Antula”: María Antonia de San José de Paz y Figueroa a la que el Papa Francisco canonizó, y la destacó como "un modelo de fervor y audacia apostólica". Basta leer su vida para darnos cuenta del valor de este justo hecho, y para recordar hoy por otra parte, a todas las mujeres cuya lista es interminable, que también hicieron grande a la Argentina.
Por ultimo creo oportuno también recordar en este día a Sor Juana Inés de la Cruz, como muestra de una acción constructiva para lograr la equidad entre varones y mujeres; respetándose sus diferencias y roles, como la justa reivindicación para la igualdad de oportunidades entre ambos sexos.
Sor Juana, según Jorge Alfonso Souza Jauffred, poeta, lingüista, ensayista y periodista mexicano
Mujer genial, estudiosa insaciable y magnífica escritora, sor Juana Inés de la Cruz, la gran figura de las letras novohispanas del siglo XVII, fue también defensora del derecho de la mujer para acceder al conocimiento, y precursora de las causas feministas.
Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana nació el 12 de noviembre de 1648 en San Miguel Nepantla (México). Fue una niña prodigio, una adolescente brillante y una talentosa monja que dejó un invaluable legado a las letras hispanoamericanas.
Gracias a su inteligencia y a su carisma supo sortear los obstáculos y ahondar en el estudio de las disciplinas más importantes de su época, como las letras, la astronomía, la alquimia, la música y la arquitectura, entre otras. Todo esto lo realizó además de desempeñar con acierto sus tareas en el convento.
Denuncias en verso
Su vida da testimonio de sus ideas, avanzadas para un siglo en que las estructuras del poder eran regidas por varones y el papel femenino se limitaba a roles domésticos y sociales, alejados del estudio. Sor Juana tuvo consciencia de esta desigualdad y del injusto trato a la mujer y lo denunció en sus textos.
El ejemplo más famoso de esta consciencia lo constituyen sus famosas redondillas –estrofas compuestas de cuatro versos, normalmente octosílabos–, que muestran la inequidad en las relaciones amorosas, y visibilizan la forma en que la mujer era sometida injustamente.
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis (…)
Este poema denuncia cómo, a fin de cuentas, la mujer es señalada como culpable sin importar la actitud que sostenga ante las pretensiones masculinas. Al referirse a los varones, el poema agrega:
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien (…)
Derecho al estudio
No sólo en sus octosílabos sor Juana mostró tales injusticias. En otros textos dejó pruebas, inteligentes y sólidas, de su postura en favor de los derechos de la mujer, contraviniendo las costumbres sustentadas por los discursos que emergían del poder político, de la organización social y de la jerarquía eclesiástica de la Nueva España.
Su resplandor inevitable y su innegable talento ganaron la admiración (y a veces la envidia) de sus contemporáneos. Pero también el favor incondicional de la marquesa de Mancera, Leonor Carreto, virreina entre 1664 y 1673, quien la invitó a la corte cuando Juana tenía alrededor de 15 años; así como el de la condesa de Paredes, María Luisa Gonzaga Manrique de Lara, virreina entre 1680 y 1686, quien cultivó con ella una muy estrecha amistad y promovió en España la publicación de sus primeras obras.
Que la inteligencia no tiene sexo lo tenía claro sor Juana. En 1682, en la carta con la que despide a su confesor, el padre Antonio Núñez de Miranda, queda de manifiesto su férrea defensa del derecho de la mujer al estudio y al conocimiento. El párroco la había presionado largamente para que abandonara la escritura de versos y dedicará su vida sólo al cultivo espiritual. Sor Juana, en su misiva, se duele de tal insistencia y defiende el derecho de la mujer a cultivarse:
“No ignoro que el cursar públicamente las escuelas no fuera decente a la honestidad de una mujer […] pero los privados y particulares estudios ¿quién los ha prohibido a las mujeres? ¿no tienen alma racional como los hombres? Pues ¿por qué no gozará el privilegio de la ilustración como ellos? ¿no es capaz de tanta gracia y gloria de Dios como la suya?”
Pionera en la búsqueda de la equidad y precursora de las luchas feministas, postuló la igualdad de hombres y mujeres. Para mostrar el valor de las virtudes femeninas, las realza en varios escritos, como lo hace, por ejemplo, en las cartas aquí descritas y en el poema dedicado a la duquesa de Aveiro, María Guadalupe de Lencastre, amiga suya y destacada intelectual del Barroco hispano, a la que describe como:
(…) claro honor de las mujeres,
de los hombres docto ultraje,
que probáis que no es el sexo
de la inteligencia parte.
. es profesor Lingüista de la Universidad de Guadalajara, ddonde se ha desempeñado como Coordinador del Centro de Investigaciones Filológicas y, desde 2018, como coordinador de la Cátedra de Poesía y Periodismo Cultural "Hugo Gutiérrez Vega".
De sor Juana a sor Filotea
Otro testimonio de su defensa del derecho femenino a los estudios y al conocimiento quedó plasmado cuando el obispo de Puebla y amigo epistolar suyo, Manuel Fernández de Santa Cruz, publicó con el título de Carta Atenagórica (1690), y sin consentimiento de la monja, un escrito que ella le había enviado a instancias suyas, donde contradecía lo que el renombrado teólogo Antonio de Vieyra había expresado en el Sermón del Mandato (1650) en torno a las finezas de Jesucristo.
La Carta se publicó acompañada de un texto que Fernández firmó con el seudónimo de sor Filotea, donde comentaba los argumentos de sor Juana y le recomendaba dedicar sus esfuerzos a las letras espirituales más que a las mundanas. “Lástima es que un tan gran entendimiento, de tal manera se abata a las rateras noticias de la tierra, que no desee penetrar lo que pasa en el Cielo”, decía, entre otras cosas.
La publicación de ambos documentos causó revuelo en la Nueva España y tuvo repercusiones en una lucha de poder que libraban el obispo de Puebla y el arzobispo de México, Francisco de Aguiar y Seijas, cuyo teólogo favorito era, precisamente, Antonio de Vieyra.
Sor Juana, dolida, reaccionó a la Carta con su Respuesta a Sor Filotea, un texto intenso y apasionante donde sintetiza su vida, refiere su inclinación al estudio y muestra la grandeza de la mujer al enumerar a una treintena de ellas muy notables. Pero lo más trascendente es el fervor con el que defiende el acceso femenino al conocimiento:
“Lo que sólo he deseado es estudiar para ignorar menos: que, según San Agustín, unas cosas se aprenden para hacer y otras para sólo saber. […] Pues ¿en qué ha estado el delito?”
En el mismo documento reclama el derecho de… ¡hacer versos!: “Pues nuestra Iglesia Católica no sólo no los desdeña, mas los usa en sus Himnos”. Con solidez, rechaza la creencia de que las mujeres por ser mujeres “por tan ineptas están tenidas”, mientras los hombres “con sólo serlo piensan que son sabios”.
La Respuesta fue publicada póstumamente, en 1700. Cinco años antes, sor Juana había fallecido víctima de una epidemia que alcanzó al convento. Desde entonces, el texto ha sido analizado y comentado por numerosos estudiosos y críticos, y se considera fundamental para comprender y contextualizar la vida de la monja jerónima.
Sor Juana no sólo argumentó, sino que con su propia vida dio testimonio de la grandeza de la mujer, dejó una huella perenne en las letras y mostró su esplendor en un siglo en el que sólo a los hombres les era permitido brillar.
¡FELIZ DIA DE LA MUJER!
Ricardo Ungaro es ingeniero, UNR y Profesor Emérito UNCuyo.




