En estos últimos días, la puesta en escena del espectáculo ECOS, confirma de manera genuina que SODA NO EXISTE.
No se trata de denostar el artilugio utilizado para “volver a la vida escénica” a Cerati, no. De hecho, me hubiera gustado estar allí en primera fila para moquear como tantos lo hicieron. La muestra fehaciente de la inexistencia de la banda no es la ausencia del líder fallecido, sino la involución de los integrantes vivos.
Zeta y Charly Alberti no han ofrecido absolutamente nada tras la desaparición de Gustavo. Es una muestra clara de que Soda solamente fue la excusa para la pulsión artística del “arquitecto del sonido” como, alguna vez lo definió Charly García. Fue Gustavo quien moldeó a su imagen y semejanza ese proyecto musical y cuando no respondió a sus necesidades artísticas tomó otro camino.
Ya veo venir la andanada de “maltratantes” tratando de castigar a este circunstancial escriba, pero tengo que decir que transito los 55 años y he sido un ferviente seguidor del trío porteño que marcó musicalmente mi vida.
Ahora, años después, sus descendientes y sus ex compañeros, confirman que para seguir vivos hay que volver al pasado, que no hay nada nuevo que hacer, había que poner el disco y tocar arriba. Y puede que no esté mal. Esto hace que ese maravilloso proyecto musical siga vivo, se impulse nuevamente, lo conozcan nuevas generaciones. Pero SODA no está. No es Soda. Es una simple representación de lo que fue. Una banda liderada por un genio que podría haber estado acompañado por cualquier otro par de músicos y seguramente hubiera sido Soda, aunque sea contrafáctico afirmarlo.
Debo decir que durante años no me animé a decir esto. Soda es Cerati y el resto son ingredientes fácilmente reemplazables.
Uno cree que cada integrante de un equipo tiene un rol constitutivo, que cada pieza estaba puesta para que el conjunto pueda brillar. Sin embargo, la historia lo terminó de juzgar. Sin él no son nada, o son muy poco, entonces tienen que volver a traerlo caprichosamente a la “vida” para seguir facturando.
No podemos saber si Cerati hubiese aprobado esto, yo estoy seguro que no. En privado había manifestado a muchos de sus colaboradores “Soda nunca más”. Hemos visto en otras latitudes artistas virtuales, que convocan a millones de espectadores y oyentes, pero son eso, virtuales, no defraudan ni suplantan, son una ficción plástica que ingresa por los sentidos de “clientes” con poca capacidad de decodificación artística.
No puedo imaginar otro motivo que el económico para recrear esta ficción sonora y visual llamada “Ecos”, que por otra parte según todos los que presenciaron el artilugio, está más que bien resuelto. Hablé con tres personas que lo vivieron en persona, con distintas opiniones, no pueden dejar de reconocer el impacto que les provocó.
Lo positivo es que esa catarata de arte vuelve a escena. Que esos temas vuelven a provocar vibraciones en su audiencia. Quienes tienen el derecho legal y artístico de hacerlo ven una oportunidad de negocio. No me gusta.
No es nada personal, nada, es solo calor en esa imagen de video.






