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Skaters en la Ciudad: "No me mirés feo porque te surto"

Nadie niega que los skaters son un fenómeno urbano. Lo que llama la atención es la ausencia de normas claras para sus desplazamientos. ¿No tienen obligaciones?

Siempre me ha extrañado la actitud de soberbia que exhiben muchos de los skaters que andan por la Ciudad con ese gesto de "guarda con que me vayas a decir algo o mirar feo porque te surto".

La lectura que se desprende de esa forma de interactuar podría traducirse en "el skater tiene tantos derechos como vos de andar por las calles", lo cual no es cierto porque aún faltan normas claras sobre cómo deben actuar estas tribus urbanas en la vía pública.

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Y, al igual que con los ciclistas, faltan campañas de concientización que establezcan sus obligaciones al desplazarse. El skater da por sentado que tiene todos los derechos de su lado pero ninguna obligación. El semáforo, por ejemplo, no fue hecho para estas almas libres. Y no hay ley vial que les calce.

Ojo por ojo

Un suceso violento que acaba de ocurrir en la ciudad de Neuquén ha vuelto a poner a los skaters en la vidriera. Un chofer de micros que se desplazaba por el carril exclusivo destinado al transporte público tuvo la "desatinada" idea de tocarle bocina a un joven en patineta para advertirle que tuviera cuidado y recordarle que no podía rodar por los carriles destinados al metrobús.

La reacción intempestiva del joven fue tomar como arma su pesada patineta y comenzar a golpear con saña los vidrios del micro. El chofer terminó con heridas en un ojo porque se le incrustaron partes de los vidrios destrozados con los rulemanes del skate. ¿Y los pasajeros? Bien, con la mandíbula aún desencajada.

Convengamos que en el tránsito cotidiano hay violentos de todos los colores y sectores. Ahora se está usando mucho la mujer bravucona y puteadora. Algunos andan en auto, otros en camión, otros en motos. Algunos son agresivos sólo de palabra, insultan, amenazan y se calman. Pero están los otros, los que pasan a la acción blandiendo barretas, revólveres, palos, o skates. Esos no son de fiar.

Te pirueteo

Los skaters insisten en exhibir la arrogancia del esclarecido. Cualquier lector atento sabe de lo que estoy hablando. Además pareciera que disfrutaran haciendo piruetas y movimientos inesperados cuando están ante gente que se puede asustar con más facilidad. En eso hay que reconocerles un ojo clínico.

Provocadores natos, están convencidos de que son una secta cool, distintos al rebaño, habilidosos y que se la bancan. Pero es, creo, más impostura que otra cosa. En mi caso quiero dejar aclarado que eso de querer diferenciarse no está mal en sí mismo, máxime viniendo de adolescentes y jóvenes.

Lo que por lo general está mal es la mala educación, el desatino, el creer que pedir disculpas o perdón por haber hecho algún acto temerario en la calle les significará una maldición divina. Y, claro, está mal el despliegue de tantas ínfulas y humos.

"¿Qué te pasa viejo de mierda si yo tengo tantos derechos como vos?", le escuché gritar a un muchachón fornido que se desplazaba por Emilio Civit bajando hacia al centro de la Ciudad. El destinatario era un hombre mayor que sólo había tenido la prevención de tocarle la bocina para advertirle que lo iba a pasar y que tuviera cuidado con los ostensibles balanceos que desconciertan al que viene detrás.

Mucho hay que cuidarse cuando estos reyes y reinas de la patineta andan en grupos, porque ahí se envalentonan y juegan a abrirse en racimos, ocupando todo el asfalto, en clara advertencia de que "la calle es nuestra por prepotencia de habilidades".