Análisis y opinión

Sin demorarse en la autocrítica, una parte del peronismo ya pide activar "la resistencia"

Salteándose cualquier atisbo de autocrítica, algunas gerencias políticas del autodenominado "campo nacional y popular" han llamado a "no dejarle pasar ni una" al nuevo Gobierno

Una parte del peronismo, referenciada en los sectores más movilizados como los movimientos sociales, los piqueteros, el gremialismo cegetista, el kirchner-camporismo y otros grupos radicalizados afines, ha llamado a "militar la resistencia" ante el nuevo Presidente. Están en su derecho siempre que dicha "resistencia" se realice dentro de lo que permiten las leyes.

Sin embargo, en mucha de esa dirigencia no se ha visto ninguna intención de hacer previamente alguna autocrítica ante la derrota sufrida por las gerencias políticas del autodenominado campo nacional y popular frente a la irrupción de Javier Milei, elegido Presidente por el voto del 56% de los argentinos.

Activar "la resistencia" significa para los sectores mencionados mantener la épica militante, el viejo relato epopéyico o la apelación al sentimentalismo político. Nada de andar revisando las causas de un fracaso tan estrepitoso como fue el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Nada de aportar para el saneamiento de la dislocada macroeconomía del país.

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"Ni una"

Todo indica que ese llamamiento a una resistencia "que no les deje pasar ni una", como han dicho en la CGT, sin previamente haberle otorgado al nuevo Gobierno un periodo mínimo de gracia, le augura al peronismo una larga estadía en el llano. Es la misma dirigencia gremial que a Alberto Fernández y Cristina Kirchner "les dejó pasar todas".

La "resistencia peronista" fue un concepto generado en 1955, en un momento histórico muy particular. Un golpe de Estado militar había derrocado la segunda presidencia constitucional de Perón y proscripto al partido peronista. Ahí, en una dictadura, era lógico llamar a la "resistencia".

Pretender revivir en la actualidad un relato similar a aquel, cuando están funcionando todos los resortes republicanos e institucionales, suena a fulera disociación. No obstante, reiteramos: resistir decisiones de Gobierno está dentro del juego democrático, mientras no se use la violencia.

Lo que le corresponde a un partido que deja el poder es controlar los actos de Gobierno del que llega, hacer reclamos, peticionar, exhibir un activo trabajo legislativo y generar debates.

En seco

Hoy, con toda el agua que ha pasado bajo los puentes, suena exagerado proponer una "resistencia activa" a un nuevo Gobierno que ha sido elegido por el 56% de los sufragios (además de los libertarios puros, en el balotaje lo votaron macristas, radicales, larretistas, partidos provinciales y sectores del peronismo republicano). Sufragios que, como pocas veces, han sido fruto de una novedosa transversalidad social que ha agrupado a votantes de todas las clases sociales,

Hay que estar apabullados para llamar a "resistir activamente", así, en seco, sin ningún tipo de análisis serio, a un movimiento político que fue votado masivamente, entre otros, por los jóvenes argentinos, por los trabajadores informales e incluso por parte de la tradicional clientela peronista, que ya no cree en el rito de la fidelidad partidaria.

Hay otro dato fuerte que no se puede obviar: esta vez no fue la política partidaria consagrada la que movilizó el cambio que ha arrancado este domingo 10 de diciembre. El fenomenal envión lo dio una mayoría de ciudadanos que decidió votar a Javier MIlei porque creyeron que todo lo demás estaba perimido, incluida la coalición Juntos por el Cambio que hasta hace unos meses era "la opción liberal sensata" frente al ultra libertario de La Libertad Avanza.

Esa gente no quiso ni a peronistas, radicales y macristas para dirigir al país. Optó por alguien nuevo que ha prometido hacer cosas distintas para lograr resultados diferentes.

Lo desconocido

"Entre continuar en el calvario e ir a lo desconocido, los argentinos eligieron lo desconocido" ha opinado la política española Cayetana Alvarez de Toledo que nos conoce bien por haber vivido varios años en nuestro país. Pare ella, "Argentina ha elegido el sacrificio útil frente al sufrimiento inútil".

Lo que antes era "natural" en política, ya no lo es. Durante casi 80 años el peronismo convenció con aquello de que "lo natural" en la Argentina era ser peronista. Y con eso otro de que "el peronismo es el único partido apto para gobernar".

El kirchnerismo, la última versión del fenómeno peronista, se ocupó de hacer trizas esa "naturalidad". Perdieron estando todos unidos. El "gobierno de unidad" que prometía el candidato presidencial del peronismo en el reciente balotaje, puede que lo termine armando, créase o no, y a su manera, claro, Javier Milei.

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