Análisis y opinión

Se acabó el piripipí: éste lunes 15 vuelve la hora de hacer política en serio

Cuando este lunes arranque el poscomicio, habrá llegado la hora de enfrentar las dos bombas de tiempo que nos acechan: inflación e inseguridad

"¡Es el presente, huevones!". Esa podría ser una variación argentina y coloquial al ya ajado grito de guerra "¡es la economía, estúpidos!" que asesores norteamericanos le inventaron a Bill Clinton cuando éste peleaba por su primera presidencia contra George Bush (padre) en 1992.

En este nuevo domingo de elecciones legislativas estamos ante esa figura simbólica que en las películas de guerra son los puentes que hay que lograr cruzar antes de que nos los bombardeen y nos dejen del lado equivocado, como vinimos al mundo.

Los dos años que le quedan a Alberto Fernández son hoy lo que importa. Mejor dicho: lo que se haga con esos 24 meses. Es una provocación al cuete hablar de candidaturas para el 2023,

Si se repiten los números de las PASO, no sólo tendremos a un Frente de Todos perdedor, sino que la oposición triunfadora quedará también muy comprometida de responsabilidades. Los radicales, los del PRO y los lilitos tendrán que andar con pie de plomo para no meter la gamba.

La obligación de perdedores y de ganadores será la de empaparse de realidad y de concentrarse en reencaminar el país. Lo que ocurre es que si en esa meta de ir hacia las presidenciales de 2023 el Gobierno sigue repitiendo las contradicciones y errores que produce el irritante doble comando entre Alberto y Cristina, y si el oficialismo no deja de lado ese ideologismo apolillado anticapitalista que pretende asociarnos a las peores experiencias políticas y económicas del mundo (Venezuela, Cuba, Rusia, Irán), tendremos, querámoslo o no, la crónica de un balurdo recontra anunciado.

El oficialismo podría marchar hacia una inexorable implosión y la oposición se quedaría con el regalito de un país devastado y con la mala conciencia de no haber contribuído a poner a la Argentina por encima de la facción.

Hablame claro

A esta altura, nos interesa mucho saber qué empezará a hacer la clase política este lunes 15 de noviembre. Ganadores y perdedores ya no tendrán que hablar de candidatos ni proponer mentiras a mansalva. Viene la hora de la política. Se acabó el piripipí en torno a promesas. "Es la hora, es la hora", nos advertía Xuxa.

Llegó la hora de enfrentar la inflación y la inseguridad. Las dos bombas de tiempo que nos acechan. Llegó la hora de tener finalmente un plan económico. De encontrar soluciones más racionales para el dólar y la brecha cambiaria, de volver a crecer. De revisar los controles de precios que siempre fracasan. De generar trabajo privado y formal. De no ser anti empresas. De lograr el acuerdo con el FMI que nunca llega. De concluir con las visiones divergentes de Alberto y Cristina y de esa forma obsoleta, increíblemente vieja de hacer gestión, que exhiben tanto el Presidente como su Vice. El Plan Platita, sin ir más lejos.

Y hay que hacer autocríticas honestas y valientes.Tanto por parte de la dupla oficialista que conduce el país bajo insoportables contradicciones diarias, como por parte de Mauricio Macri, un hombre que debería estar más consciente de que el 40% de los votos que recibió en 2019, no fueron sólo para él sino que se trató de un premio ciudadano para la coalición de partidos no peronistas que llevó a Cambiemos a completar su período constitucional y a derribar una falacia del peronismo.

Paradojas: a partir de la derrota de Macri ante Alberto-Cristina en 2019 se consolidó Juntos por el Cambio haciendo más transversal la conducción de esa fuerza y dándole al radicalismo una fortaleza que en 2001 parecía haberse apagado para siempre, arrebatada por la debacle de Fernando de la Rúa, y que le ha permitido ahora a la UCR la aparición de figuras como Facundo Manes y a no depender sólo de un candidato del PRO, como es en esta nueva etapa Rodríguez Larreta.

Manos limpias

Pero, ¿qué catzo es hacer política? Por lo pronto, no se trata de ignorar el principismo ni la ética con tal de hacer hocicar al contendiente. Hacer política es, primero que nada, cumplir a rajatabla con la Constitución. Es no sentir asco por la negociación y el pacto honesto con otros sectores. Y en un momento histórico, en el que estamos aún golpeados por la pandemia, hacer política debería ser llegar a la mente de los ciudadanos pero también a sus sentimientos.

Hacer política hoy en la Argentina es también reflejar la pluralidad y la plasticidad de la que hace gala una parte creciente de la sociedad, en contraposición a las formas tradicionales que enaltecen sólo lo propio y que, gracias a la grieta que abonaron tanto Cristina como Macri, detestan al que piensa algo distinto. Los políticos de manos limpias vuelven a estar de moda, quizás gracias a la pandemia.

En la Argentina tiene que volver a reinar la racionalidad. Hay que poner la economía en un paulatino orden, lo cual va a demandar mucho tiempo. Pero se debe arrancar ahora. Lo que le queda a Alberto es un gobierno de transición, que seguirá siendo débil mientras todo lo que haga el Presidente quede supeditado a los humores ideológicos de la vicepresidenta.

En estos dos años que le quedan al Frente de Todos será crucial el papel que juegue la oposición de Juntos por el Cambio. Cada pieza tendrá un papel importante que cumplir, como en un mecanismo muy preciso de relojería, Ductilidad y rigor no suelen darse juntos pero sería una sabia mezcla si la coalición opositora pretende retomar la conducción del país en 2023 con una Argentina menos inmersa en el atraso.