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Análisis y opinión

Santi Maratea, empresario de sí mismo y líder social de tinte glamoroso

Santi Maratea es influencer. Uno de los más exitosos de la Argentina. Su reino son las redes donde ha aprendido a monetizar los temas sociales con habilidad empresarial

Santi Maratea vendría a ser como una versión adulta de aquellos chicos que iban al programa Agrandadytos, ése donde Dady Brieva todavía no había perdido el humor. Santi era un pibe de la paqueta San Isidro, pero ya se perfilaba con intenciones de líder. Una especie de Grabois, pero en versión glamorosa, dietética y no ideologizada.

Por estos días anda hinchado como galleta en agua porque la producción de Mirtha Legrand lo ha invitado a asistir a uno de sus programas. Pero el tipo ha puesto una condición de artista de Hollywood: quiere ser el único invitado. Como si fuera Lanata o Mick Jagger. Le dijeron que por ahora, no.

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Parece más joven, sin embargo tiene 29 años. Ya es un tonto grande, como decíamos en Palmira. Maratea funge de empresario de sí mismo. Es influencer. Es decir una persona que se destaca en las redes sociales e influye entre sus seguidores. Y genera anunciantes.

Un imán

Es como un rockstar, o un pastor de las nuevas plataformas en las que está desde 2015. Y, claro, es un imán para que las marcas comerciales lo quieran tener de su lado. Maratea hace marketing con la cuestión social. Y no le va nada mal. Gil no es.

Durante este 2021 se ha consolidado como un nuevo tipo de líder social con sus campañas en las que recauda dinero con el fin de ayudar a personas en graves situaciones de salud. O para permitir que deportistas amateurs puedan viajar a competencias fuera del país. O para aportar a la comunidad wichi. Asegura que desde niño se conectó con la idea de la solidaridad. Pero también con la de ser famoso. Vivaracho y sincero.

Maratea viene siendo carne noticiosa, pero él se hace rogar a la hora de visitar sets de televisión o de ir a los programas de panelistas. Ha dado muy pocas notas. Y eso genera misterio. En Gente, por ejemplo, contó que siendo chico creyó entender lo que era la fama pero también la solidaridad. Y que se apropió de esas ideas.

¿Un chanta?

Aunque a algunos les parezca un chanta, el tipo ya está plantado como personaje de la Argentina pandémica. Y su fama se ha extendido a otros países. En México, por ejemplo, hizo una cruzada para ayudar a un grupo de deportistas discapacitados.

El gran salto para consolidar su difusión nacional lo obtuvo al reunir en una quincena 2 millones de dólares para Emmita, la beba chaqueña que padece atrofia muscular espinal y que necesitaba una vacuna que cuesta esa suma de dinero. Lo consiguió y la beba está mejorando.

Con otros casos, como el del locutor chaqueño Julio Sosa con ELA (esclerosis lateral amiotrófica) también logró juntar los 30 mil dólares que requería para un tratamiento experimental, pero no pudo concretar la entrega del dinero por trabas burocráticas y porque el enfermo falleció por una complicación renal. Pero lo suyo -repite- es irse renovando en sus gestos solidarios, como si fuera sembrando para que otros sigan en la huella.

Un audaz

Su trabajo en las redes sociales le ha dado herramientas y un reconocimiento cada vez más masivo. En las aguas de Twitter e Instagram él nada como pez. Su obra más audaz, sin embargo, fue la de pedir ayuda monetaria ¡para él! Pero no porque estuviera enfermo sino porque se quería ir de vacaciones a Europa. A Ibiza. Y la gente le garpó el viaje.

Sostiene que las buenas acciones son el fruto de estudiadas buenas intenciones. Y que no lo afectan algunas críticas porque todo lo que hace está muy masticado. Estudia a su audiencia y está atento al impacto que pueden generar sus proyectos. "Ser influencer -dice Maratea- es generar contenidos y vivir de eso. Establecer códigos, materializarlos y monetizarlos". Asegura que "las redes sociales son muy democráticas" y cuestiona a los medios tradicionales "porque los manejan diez tipos".

Una vez fue a un programa de Lizzy Tagliani en Telefé y se armó un bardo porque se presentó con una remera que tenía estampado un eslogan que cuestionaba a Tinelli y porque además se puso a fumar porro". Pareciera que ahora ha aprendido a manejar mucho mejor esos arrebatos.

No terminó ninguna carrera universitaria. Dejó inconclusa la de Publicidad. Está "orgulloso de ser influencer", un oficio del Siglo 21, y quiere seguir viviendo y trabajando de eso. Cree que se puede generar una industriosa virtuosa alrededor de la solidaridad. Tuvo un programa en la radio Vorterix, donde su dueño, Mario Pergolini, llegó a decir que Maratea pintaba para ser su sucesor, algo que no ocurrió porque el pibe de San Isidro volvió a las redes donde está monetizando como un duque.