Análisis y opinión

Reflejo de una sociedad violenta: en 2021 hubo 100 casos de bullying en las escuelas primarias de Mendoza

A ese dato se suma otro que también causa alarma: el 30 por ciento de los alumnos de secundario sufrió ciberbullying durante la pandemia

El caso del niño Drake Hardman, que con tan solo 12 años se suicidó en Utah, Estados Unidos, tras los acosos que recibió de un compañero de escuela durante un año, no sólo conmocionó a ese país sino que dio la vuelta al mundo y volvió a poner en la agenda un tema que se vive en todas las escuelas del planeta: el bullying. Mendoza no es ajena a esta problemática. Los padres de Drake hicieron pública la muerte de su hijo a través de las redes para concientizar y erradicar estas prácticas de las instituciones educativas.

"No te pongas mal, nos reímos con vos, no de vos", ¿cuántas veces nos han dicho o hemos repetido esa frase a lo largo de nuestras vidas? ¿Quién no sufrió el hostigamiento de un compañero/a de escuela? En algún momento todos fuimos víctimas de alguien y quizás consciente o inconscientemente nos pusimos en el rol de victimarios. "Voy a pisar antes de que me pisen" en algún momento pensamos. ¿Quién no transitó la secundaria atacado por los complejos y las burlas? Seguramente la mayoría de los que están leyendo esta columna.

El bullying, hostigamiento o acoso, se empezó a investigar hace más de 50 años. Dan Olweus (psicólogo noruego) fue el primero en abordar esta problemática en la década del ‘70. Para él, la violencia entre iguales se expresa con el término Mobbing (en Noruega y Dinamarca). Luego se le dio el término anglosajón bullying que refiere a la intimidación, el hostigamiento y la victimización que se presenta entre pares en las conductas escolares. Este término es usado como sinónimo de “acoso escolar”.

En Argentina el tema cobró relevancia a partir del 2004 con el Caso de Carmen de Patagones, en Buenos Aires, (un alumno de 15 años del Instituto Islas Malvinas disparó contra sus compañeros, provocando la muerte a tres de esos chicos). Esta tragedia fue la primera masacre escolar -realizada por un solo individuo con un arma de fuego- registrada en América Latina.

"LLevamos 18 años en el tema, lo que hemos hecho para que impacte no solo en la escuela, sino en la formación de los padres, de los entornos donde están los chicos, es poco y nada" reflexionó por radio Nihuil Alejandro Castro Santander, docente, investigador, escritor, psicopedagogo institucional y licenciado en gestión.

Recién en 2013 en Argentina se sancionó la ley de Promoción de la Convivencia y el abordaje de la conflictividad en las instituciones educativas. La norma tiene como objetivo establecer criterios para tratar los conflictos dentro de las escuelas de todos los niveles del sistema educativo nacional. En definitiva busca poner orden, saber qué se tiene que hacer ante una situación de bullying y darle al docente herramientas para tratar el tema de la violencia escolar, sin descuidar la defensa de los derechos del niño/a. Pero claramente esta ley aún no alcanzó del todo para cambiar la realidad del país, ni erradicar el hostigamiento en las escuelas. La tarea es mucho más profunda y traspasa las paredes del aula.

En 2019 en El Manifiesto de la Juventud #ENDviolence, Los jóvenes quieren poner fin a la violencia en las escuelas, que desarrolló UNICEF, fueron consultados más de un millón de jóvenes de todo el mundo. La respuesta fue abrumadora: dos de cada tres consultados consideró a la escuela como un lugar peligroso y manifestó su preocupación por la violencia dentro y alrededor de la escuela.

Violencia escolar: cuál es la realidad en Mendoza

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En noviembre del año pasado se reportó un caso de bullying en una escuela de Guaymallén.

En noviembre del año pasado se reportó un caso de bullying en una escuela de Guaymallén.

La Dirección de Orientación y Apoyo Interdisciplinario a las Trayectorias Escolares (DOAITE) recibe los casos de bullying que se generan en las escuelas primarias de gestión estatal y en el nivel inicial. Su titular, el liceinciado Miguel Conocente, aseguró a radio Nihuil que son pocos los casos en lo que interviene el equipo interdisciplinario ante una situación de acoso escolar porque afirmó que se trabaja mucho en la prevención.

"El año pasado nuestros equipos atendieron 12.560 casos en general y de ese total, 100 fueron de bullying", aseguró el funcionario. Si bien remarca que “sólo fueron 100”, el número no parece menor cuando se trata de niños que sufren física y psíquicamente.

Según Conocente prácticamente no queda ningún caso sin conocerse. "No digo que no haya casos, porque se entiende que este tipo de cosas van a suceder, no es una novedad, pero se trabaja muchísimo como estrategia de prevención el tema de fortalecer los vínculos, la reconstrucción de las normas de convivencia, poner en palabras lo que está sucediendo. Este tema es uno de los ejes de la ESI (Educación Sexual Integral) cuando hablamos de la importancia de lo afectivo". Y remarcó que esta es la situación en las escuelas primarias de gestión estatal.

Sin embargo, un panorama distinto se vive en la educación media.

El licenciado Claudio Peña, titular de la Asociación de Directores de Secundarios y director de la Escuela José Vicente Zapata, fue contundente cuando diario UNO le preguntó si habían aumentado o disminuido los casos de bullying en Mendoza. "En el último tiempo se han incrementado los casos de bullying por distintas razones pero sobre todo en la escuela lo que más se está viendo son situaciones de ciberbullying. Hay estadísticas que indican que no solamente subieron los casos de bullying y de ciberbullying sino también de grooming. En época de pandemia los casos de ciberbullying (acoso online entre pares) y grooming (acoso y abuso sexual online por parte de un adulto un menor de edad) aumentaron 30 por ciento".

Castro Santander explicó que según estudios "de México para abajo, se da más o menos la misma problemática. El tipo de maltrato que aparece mucho es la dificultad para pertenecer al grupo de compañeros. Entre los 11 y los 15 años, ahí hay un tercio de chicos que te dice le tengo miedo a un compañero. Esta cifra se viene repitiendo. Se produce tanto en el recreo como en el aula. ¿Por qué? porque el fenómeno bullying es invisible, es muy difícil de ver. Hay una ley tácita de silencio en el grupo, nadie quiere delatar. Cuando son chiquitos se lo dicen al papá, la mamá, la maestra, pero a medida que van a creciendo, alrededor de los 16 desaparece el adulto y se callan esas situaciones".

Peña coincidió con estas apreciaciones, al indicar que los chicos sufren mayormente bullying al inicio del secundario, cuando son más precoces. "Porque después a lo largo de su proceso evolutivo los chicos van teniendo distintas herramientas y les es más fácil responder a estas situaciones". El docente explicó que las dos razones que mayormente disparan el hostigamiento son la apariencia física o la orientación sexual.

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El ciberbullying  se da sobre todo en el ámbito de la escuela secundaria.

El ciberbullying se da sobre todo en el ámbito de la escuela secundaria.

El bullying nace en la familia

La familia es la matriz de la formación emocional y social de las personas, donde se adquirieren los primeros hábitos, las formas de comunicación, la autovaloración, el respeto, el reconocimiento de las diferencias y su consecuente posibilidad de convivir con ellas, así como también la capacidad de superarse ante las frustraciones. Es en la familia donde se adquieren las principales capacidades con que los niños y niñas llegan a la escuela.

La vida en el seno familiar y las pautas parentales de crianza tienen mucha relación con el desarrollo de habilidades sociales y el comportamiento agresivo o no. Un niño hace bullying porque lo aprende en la escuela o en otro ámbito y en esta conducta la familia tiene la responsabilidad principal. Difícilmente desconozca el comportamiento violento u ofensivo de su hijo fuera del ámbito familiar. Si lo desconoce estamos ante una situación de desconocimiento o de abandono.

Castro Santander explicó que el fenómeno de la violencia es biopsicosociocultural económico y político. "La familia tiene un lugar destacado. La violencia es una conducta primariamente aprendida y el primer lugar donde el niño aprende es en la familia. Nos preguntamos ¿cómo se comunica esa familia? ¿cómo es el castigo? los chicos naturalizan el golpe, frente a un compañero en la escuela esa va a ser su forma de comunicarse. Pero además tenemos chicos que aprenden a ser violentos en la escuela, o aprenden la violencia a través de los medios, todo eso va sumando".

Las redes al servicio del mal

Ya vimos que sobre todo en los adolescentes el acoso en las redes, es un fenómeno que se acentuó con la pandemia.

Peña explicó que las redes son determinantes en el bullying. "Una herramienta que usan mucho los adolescentes, es el Instagram, porque es la que más impacta a partir de la burla, el reírse del otro, o sobredimensionar algún aspecto físico de alguien. Además a través de las redes sociales se trabaja mucho el tema del anonimato. Muchas cuentas son falsas o de otra personalidad y a partir de ahí se generan estos casos de bullying".

El especialista Castro Santander también opinó que las redes son un detonante. "Es ahí donde se ve el nivel de violencia, de crispación social, hay mucha intolerancia, ahí están los odiadores seriales (haters) en las redes sociales. Pero también vemos aquellos intolerantes que creen que están defendiendo un derecho pero lo hacen de la peor manera".

El victimario es primero víctima

En familias donde la violencia es el modo habitual de comunicación de sus integrantes, es más factible que un niño replique esas prácticas entre sus pares porque se maneja con los patrones que aprendió, con los códigos que adquirió en su casa. Si en una familia las pautas parentales son autoritarias y arbitrarias, posiblemente ese niño crecerá más vulnerable tanto a ser víctima como victimario.

Y esta deducción de la pura observación social periodística la confirmó el titular de la DOAITE.

Conocente explicó que los chicos que ejecutan el bullying también son víctimas y son vulnerables. "Eso lo tomamos con un indicador para hacer el abordaje y ver qué pasa con este chico. Y nos podemos encontrar con diferentes situaciones. Hay chicos que son maltratados en la casa, o tienen otros problemas en la convivencia, o tienen alguna afección de salud, o sufre otrasn vulnerabilidades".

Prevención y abordaje en las escuelas de Mendoza

El titular de la DOAITE, dirección dependiente de la DGE, explicó que lo primero que se hace tras conocerse un caso de bullying es intervenir con el equipo de gestión para analizar la situación. "Se tienen reuniones, charlas, entrevistas con él o los chicos afectados, con él o los chicos victimarios, y también se trabaja con el curso completo. Porque se entiende que para que se pueda hablar de acoso escolar tienen que estar las tres patas: víctima, victimarios, y el resto que funciona como espectadores que son los que sostienen la escena. Se trabaja con todos estos actores más el grupo familiar y los docentes.

En el caso de las escuelas primarias una de las formas de prevención se da a través de talleres pedidos por las propias escuelas. Talleres para padres, para docentes y con los alumnos, sobre todo cuando hay alguna inquietud puntual.

El director Claudio Peña dijo que ante un caso de acoso en las escuelas secundarias siempre se trabaja el diálogo con los adultos, con la familia, con el alumno, y a partir del Servicio de Orientación Docente que es el gabinete de la escuela."Lo importante siempre es trabajar con dos: la víctima y el victimario. Por separado, pero a partir del diálogo y del análisis de la situación".

También en las escuelas secundarias se dan talleres sobre esta problemática. Peña explicó que estos encuentros ayudan a disminuir los casos de acoso. "Estos talleres nos han servido para involucrar a los mismos alumnos, y acompañados por algún docente, los propios estudiantes dictan los talleres con su vocabulario, con su dinámica, para que lleguen a sus pares y sea más efectivo el mensaje".

Convivencia, como la lengua y la matemática

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Drake Hardman. Su caso conmovió al mundo.

Drake Hardman. Su caso conmovió al mundo.

Castro Santander reflexionó que es importante que las escuelas desarrollen un programa integral de convivencia para prevenir la violencia escolar. "Tiene que formar parte de la dimensión socioafectiva, como un aprendizaje más, como la lengua y la matemática".

Pero la dimensión socioafectiva no sólo debe comprometer a la escuela. Es una tarea que debe comenzar en la casa, en el círculo más cercano. Como adultos debemos hacer una introspección y pensar en cómo nos paramos frente al acoso. Como adolescentes que alguna vez fuimos ¿quién no hizo la vista gorda ante el hostigamiento de un compañero? quizás por miedo al propio acoso o al castigo del grupo no supimos defender al oprimido. ¿Quién no se rió alguna vez de un chiste de mal gusto contra uno de nuestros pares? Incluso, más de uno habrá puesto sobrenombres de animales a alguna persona. Seguramente la madurez, el paso de los años nos habrá enseñado a tener otras miradas más sanas, o quizás lamentablemente no. Lo que es gracioso para algunos no lo es para otros.

Para empezar a hablar con nuestros hijos de acoso, hostigamiento primero debemos sincerarnos sobre nuestro propio comportamiento. De nada vale, lamentarnos ante casos como los de Drake Hardman, si no educamos con el ejemplo. Si en nuestros trabajos, en el supermercado, en el tránsito, en definitiva en la vida cotidiana nos manejamos con violencia, ira, y no brindamos respeto al otro, difícilmente nuestros niños puedan aprender buenos valores por sí solos. Ya se sabe que el ejemplo empieza en la casa.

Si un niño sufre este tipo de agresión por un tiempo prolongado, podría llegar a tener un daño emocional que puede derivar en angustia, ansiedad, inseguridad, su autoestima se lesionará y seguramente tendrá dificultades para relacionarse . Como padres debemos advertir estos comportamientos. Para eso nada mejor que el diálogo. Hablar y aprender a escuchar.

Se sabe que la vorágine de la vida actual a veces impide una cena con una buen charla. Pero no alcanza con sentar al chico frente al celular, o ponerle Netflix con una hamburguesa. Todo rapidito, sin palabras, sin conversación porque “estamos cansados”. La falta de atención, esas alarmas que se encienden sin que se puedan advertir a tiempo, a veces pueden derivar en situaciones peligrosas y dañinas.

No olvidemos que nuestros destratos para con los más chicos serán el reflejo de ese comportamiento social que posiblemente llegue al ámbito escolar.