A principios de enero de este año, cuando Javier Milei llevaba un mes como presidente, en el peronismo "modelo carcamán" jugaban a ponerle apodos al libertario. Uno de los más festejados en las redes fue: "A Milei le dicen Semana Santa porque no se sabe si va caer en marzo o abril". Diez meses después, Milei es el cigüeñal sobre el que giran -atribuladas- las dirigencias de los partidos políticos. Algunos referentes partidarios tratan de disimular que el León los ha dejado con el traste mirando al norte.
Quién lo diría: el que te jedi nos va a cumplir un añito
¿Cómo hay que situarse frente a Javier Milei? Enfrascados ante las diferencias de criterio sobre ese dilema, aún no caemos en la cuenta de que el personaje en cuestión ha dado vuelta la política como una media
Las diferencias de criterio sobre cómo hay que situarse frente a Milei son más evidentes dentro de ese espectro partidario que va del centro político a la derecha, es decir el conjunto de fuerzas que concuerdan en que el punto de partida debe ser el saneamiento de la macroeconomía. Ahí están el radicalismo de los gobernadores y el PRO en sus dos versiones actuales: macrista y bulrrichista. Rodríguez Larreta intenta hacer rancho aparte.
En el kirchnerismo y en la izquierda marxista, que niegan cualquier solución económica que tenga que ver con el liberalismo, la figura centralísima de Milei saca a la luz la crisis de liderazgo en el PJ, que vuelve a quedar en manos de Cristina Kirchner, como si la cuarta versión gubernamental del kirchnerismo -con el impresentable Alberto Fernández de mascarón de proa- no hubiese sido uno de los fracasos más rotundos de la viuda de Néstor Kirchner.
►TE PUEDE INTERESAR: Javier Milei felicitó a Donald Trump: "Saben que pueden contar con Argentina"
Entre quienes sostienen que el remedio económico y político debe ser liberal, no hay, en cambio, consenso para avalar el costado anarcocapitalismo de Milei, y mucho menos esas formas autoritarias del Presidente que insiste en poner patas para arriba algunos de los pilares republicanos de la Constitución, como la división de poderes y la libertad de prensa, además de haber hecho del insulto una ominosa marca de fábrica.
Cristina sabe que el voto que ella conserva, y que va entre el 22 % y el 24%, no le sirve para ganar aunque sí para erigirse como jefa de la oposición, pero sobre todo para negociar y mover influencias ante el gobierno de Javier Milei, beneficiándose ambas partes, Cristina se siente, en ese sentido, una figura imprescindible. Hay muchas cosas no explicitadas sobre la intrincada y supuestamente "frontal" relación entre Milei y la nueva jefa del PJ nacional.
Al igual que Cristina, por izquierda, Milei cree, por derecha, en las formas populistas de conducción política y en las purgas soviéticas para librarse de cualquier funcionario -o tandas de ellos- que osen tener atisbos, no digamos de librepensadores, sino simplemente de escrupulosos.
Pero no sólo eso. Ahora hemos sido advertidos a través de la ínclita diputada nacional, cosplayer y maquilladora Lilia Lemoine de que se debe denunciar a los que no sigan el libreto austríaco. Esta dama ha puesto como ejemplo a seguir aquello que practicaba el senador Joseph McCarthy en los '50 en Estados Unidos para perseguir a todo el que pensaba feito o tenía olor a comunista. ¡Tranquilos Del Caño y Bregman! No se trata de ustedes.
Insolados
Uno de los partidos de centro, o si usted quiere, de centroderecha, más afectados por el sol candente del libertario es la Unión Cívica Radical que, con 133 años de trayectoria, y portador de la cucarda de haber conducido la restauración democrática en 1983, se ha partido en dos sectores, el de los gobernadores del interior que creen que hay que darle un apoyo crítico al Presidente hasta que quede encarrilada la economía, y los porteños encolumnados detrás del presidente partidario Martín Lousteau y de Facundo Manes que exigen una crítica descarnada del Ejecutivo nacional.
El PRO, que supo hacer de brújula de Cambiemos y de Juntos por el Cambio, está desmembrado. El sector que responde a Mauricio Macri quiere incorporarse al gobierno, pero con voz y voto para no quedar aguachentado dentro del actual oficialismo. Eso es algo que le produce retortijones de panza a Milei, quien únicamente los acepta para que apoyen sus leyes en el Congreso Nacional.
En cambio el sector de Patricia Bullrich hace rato que se entregó atado de pies, manos y alma al proyecto mileísta. A las pocas horas de haber perdido las presidenciales de Juntos por el Cambio y de haber salido tercera, la Bullrich ya estaba golpeando las puertas de La Libertad Avanza. El muerto aún estaba tibio y ella se olvidaba de sus compromisos con los votantes y de haber sido propulsora, a comienzos de 2023, cuando era precandidata presidencial, de un drástico documento de Juntos por el Cambio en el que le cerraban la puerta a cualquier posibilidad de acordar con el libertario Milei.
Todo esto no hace más que corroborar lo incierto que se ha tornado el panorama para los partidos políticos, que se han visto obligados a reconfigurar su forma de ser y de actuar.
Al mismo tiempo estamos viendo cómo se despeja la ruta para que el proyecto mileísta se consolide gracias a los logros económicos, en particular la baja de la inflación y el freno a la recesión. Nos guste o no, quien tiene en sus manos el mazo y reparte las cartas es el Presidente.
En medio de esa maraña política, el kirchnerismo intenta aprovechar las ínfulas del carajeador para mantener unida a la tropa nacional y popular. Milei podría ser la razón que justifique la continuidad de los K, a pesar de todos los estropicios que el populismo cristinista ha dejado en el país.
►TE PUEDE INTERESAR: Cristina Kirchner fue proclamada presidenta del Partido Justicialista
En cambio las posturas tanto del radicalismo como del PRO ante Milei van en sentido contrario pero han puesto en crisis a ambos partidos. Disolución, acompañamiento, separación son los ítems que se debaten en esos grupos.
Ahora, como si no hubiera despiole, la entente PRO-La Libertad Avanza ha empezado a presentar problemas ideológicos y hasta estéticos. El partido de Milei no tiene empacho en presentarse como populismo de derecha. En cambio, al PRO le gustaría mantener una idea más clásica del liberalismo. Y cierto toque cool.
Todo está indicando que el pibe no sólo nos va a cumplir un añito, sino que se nos vendrá encima el mambo de la guardería y luego las salitas hasta los 4 años. Y, como si eso fuera poco, tendremos que aguantar a esos pelmazos papis y mamis de wahtsapp, entre los que hay radicales, macristas, schiarettistas, pichettistas, kirchneristas y hasta rojillos del Frente de Izquierda. Todos "soretes y esbirros".



