"Duhalde está mal, lo tiene que cuidar la familia". Cuando el jefe de Gabinete del gobierno nacional, Santiago Cafiero, dijo eso, muchos tradujeron su "Duhalde está mal" como demencia senil. Es cierto que el zafado de Duhalde había dicho que el presidente Alberto Fernández estaba "grogui". Lo cual ya era grosso. Pero le había agregado "como De la Rúa".
¿Qué va a llevar? Deme un shock de confianza, por favor
Hay que ser jodido, Eduardo. Hasta grogui era materia opinable, pero al añadirle "como De la Rúa" rozó la crueldad. ¿Se había "desconectado" -otra vez- como cuando dijo que no iban a haber elecciones de medio término en 2021 y que se venía un golpe?
El jefe de Gabinete, nieto de aquel Antonio Cafiero que supo ser interventor federal de Mendoza durante 9 meses en la trágica presidencia de Isabel Perón, suele envalentonar su lengua con facilidad. Podría ser su su juventud. Pero es más probable que se deba a que casi todas las variables económicas y políticas están en zona de altísima tensión luego del nuevo cepo al dólar, de la partida de importantes empresas extranjeras, y del impacto de la pandemia sobre la economía, en particular sobre la que afecta a la gente de a pie.
Así nos ven
Pocos ejemplos tan contundentes como el que ha dado el titular de la Confederación de la Producción y el Comercio de Chile, Juan Sutil, quien dijo que las firmas de su país, como Falabella, Latam o Sodimac "se van porque en la Argentina hay un claro sentimiento anti empresas, no hay terreno fértil para hacer inversiones y los propios argentinos prefieren invertir en el exterior. Eso es inconcebible en un país rico con tanto talento humano. La Argentina necesita salir del populismo y tiene que dar estabilidad y seguridad jurídica", lanzó el trasandino.
La pregunta, entonces, es de cajón: ¿mientras esperamos que los productores del campo liquiden la soja el próximo otoño, ¿quién traerá dólares al país? ¿Cómo enfrentamos la espectacular caída de reservas del Banco Central?
No solo Duhalde está mal. El Gobierno está en un brete asfixiante con el agravante de que es el mundo el que está convulsionado por una pandemia que rebrota. Habrá que aceptar que aquí es el peronismo el que no está bien, tironeado entre tomar como norte una salida que tenga a los países nórdicos como ejemplo, algo que reiteradamente sugiere el presidente Fernández, o continuar explorando la lógica populista que propone el kirchnerismo. Y que sólo es más pobrismo.
¡Guarda la polilla!
Si seguimos la lógica que Cafiero usa para referirse a Duhalde, al peronismo lo tienen que salvar su familia, es decir los propios peronistas, porque a este gobierno todavía le quedan un poco más de tres años de gestión y a todos nos conviene que le vaya bien.
Nadie en su sano juicio puede enarbolar la teoría Dady Brieva, que bregaba para que a Macri le fuera pésimo a fin de que los argentinos aprendieran que no se debe votar a un liberal.
Pero quién va a generar el shock de confianza que necesita la economía y la política. ¿Cristina? Difícilmente. ¿Un plan coherente con los países del mundo a los que les va bien, con un programa moderno, sin ideologismos apolillados, audaz, sensatamente capitalista? Muy probablemente.
Convengamos entonces que así se manejan los países nórdicos. Así funcionan Noruega, Finlandia, Suecia. Con un liberalismo de tinte social, con controles adecuados, abiertos al capital extranjero, con un estado austero y planificador, conscientes de que la riqueza y el empleo más útil son generados siempre desde la actividad privada.


