Análisis y opinión

Que la Asamblea Legislativa vuelva a ser lo que era: una fiesta popular

Este acto tan esencial de la democracia con el correr de los años sumó desinterés y malestar. Además, que sea el 1 de mayo, no favorece demasiado y más si cae domingo

Que todo tiempo pasado fue mejor es un aforismo un tanto despectivo que suelen emplear los nostálgicos, por no decir los viejos, para descalificar lo nuevo o para no aceptar que lo que pasó, no vuelve. Ya fue. Pero para describir la Asamblea Legislativa esa frase viene bien. Porque de verdad, en la Asamblea Legislativa, que este domingo tendrá en Mendoza su apertura de sesiones número 182, todo tiempo pasado fue mejor.

Con el correr de los años, este acto tan trascendente que forma parte de la democracia y que la fortalece, perdió su esencia festiva. Esto es: ya no es una fiesta popular. El desinterés de la población ha ido creciendo junto con el malestar hacia la dirigencia política, ejecutiva y legislativa, que no ha solucionado los problemas de la gente, sobre todo y en este último tiempo, económicos.

La plata no les alcanza a los trabajadores y menos les alcanza a los que no tienen empleo por más ayuda social que reciban. La línea de la pobreza en Mendoza está por encima de los $84.000, situación que no afecta ni de cerca a quienes ostentan un cargo público (funcionarios y legisladores, tanto nacionales como provinciales y municipales, oficialistas y opositores) cuyos ingresos los alejan del ciudadano de a pie. También los alejan de la realidad.

Encima, 1 de mayo... y domingo

Pero no es sólo desinterés y malestar: es también 1 de mayo. Y encima domingo. Todo se suma para que la atracción de la Asamblea Legislativa y del discurso del gobernador se reduzca a los propios políticos, a una parte de la militancia que siempre acompaña, a los sindicatos que suelen aprovechar estas fechas para expresarse aunque generalmente lo hacen a través de sus dirigentes y no de los afiliados, a la prensa.... y a no muchos más.

Es mucho más seductor quedarse en casa, o juntarse con los compañeros de trabajo y/o amigos y si se puede comerse un asado, probablemente fiado, que ir a la Legislatura, o prender la radio, o encender la TV para escuchar un discurso de enumeraciones, anuncios y promesas. No porque se trate de Rodolfo Suarez quien cuenta una mayoría de la población que lo respalda.

Si el gobernante fuera el peronismo seguro ocurriría lo mismo.

Y ni hablar de lo que sigue después de la palabra del mandatario. Oficialistas y opositores hacen fila para elogiar o criticar según sus intereses políticos o personales pero usualmente desprovistos de originalidad y cargados de virulencia para alimentar la grieta. Eso tampoco amerita suspender el asado o el encuentro de festejo del Día del Trabajador.

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La Legislatura de Mendoza espera para la apertura de sesiones número 182. La Asamblea Legislativa volverá ser presencial después de dos años.

La Legislatura de Mendoza espera para la apertura de sesiones número 182. La Asamblea Legislativa volverá ser presencial después de dos años.

Aggiornar la Asamblea Legislativa

¿Cómo hacer entonces para volver a despertar el interés de la gente en lo que sucede en la Casa de las Leyes cada 1 de mayo?. Ese es el desafío de la clase política, que además de buscar e implementar medidas que solucionen los problemas de la población, también debe empezar a imaginar como aggiornar la Asamblea Legislativa.

Así como avanzaron iniciativas para intentar modernizar y transparentar las elecciones con la Boleta Única o se busca bajar el costo político con la unicameralidad, no estaría mal revisar si este acto tan importante de la democracia en el que el gobernador rinde cuentas de lo hecho y explica lo que pretende hacer, debe seguir haciéndose el 1 de mayo. ¿Por qué no modificarlo y de paso modificar el periodos de sesiones de cada año, establecido en la Constitución Provincial, que va del 1 de mayo al 30 de septiembre? ¿No es hora de ampliarlo para que las sesiones sean muchas pero muchas más?

Esta nota de opinión comienza con la reflexión de que en la Asamblea Legislativa todo tiempo pasado fue mejor. Y claro que lo fue.

En la primera apertura de sesiones tras al retorno de la democracia, fue una fiesta popular. Tras asumir en diciembre de 1983, pocos meses después, Santiago Felipe Llaver (UCR) dio el primer discurso de la época post dictadura en medio una enorme expectativa y con mucha gente en las calles.

Cuatro años después fue el turno del primer gobernador peronista luego del golpe de Estado. Se trató de José Octavio Bordón, en un 1 de mayo que curiosamente también fue domingo. La fiesta popular se repitió, como con su antecesor.

Tanto con Llaver como con Bordón hubo otro elemento distintivo respecto de la actualidad. La dirigencia que luego analizó y opinó sobre los discursos no agrietó la discusión. Aún en las diferencias y en posiciones totalmente antagónicas, no hubo expresiones verbales tan violentas y descalificadoras como ocurre ahora.

Un avezado periodista y docente de Mendoza, Luis Gregorio, quien trabajó en los diarios UNO y Mendoza, recordaba: "Había muchas expectativas entonces y la gente iba a la Legislatura o a las inmediaciones. Se vivían lindos momentos democráticos. Después de Bordón, el interés comenzó a decaer".

Queda dicho: la Asamblea Legislativa es un acto de la democracia. Un acto insustituible, pero sí mejorable para que recupere el calificativo de fiesta popular.

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