Cuando se estudia historia económica, se puede observar que la aparición de los tristemente célebres bancos centrales, se debe a gobiernos que quieren tener el monopolio de la emisión monetaria para financiar gastos públicos. Es falsa la idea que, lo que se intenta es estabilizar la economía y mucho menos hacer crecer la economía, el empleo, etcétera.
Propuesta de reforma del Banco Central de la República Argentina: cerrarlo sin cerrarlo
Debido a que intentar el cierre del Banco Central no pasaría por el Congreso se propone un "second best": cerrarlo sin cerrarlo
Sede principal del Banco Central de la República Argentina.
Foto: BCRAAmén de que conceptual y científicamente, cualquier cosa que se haga a espaldas de lo que el mercado haría, nunca generaría estabilidad, ni crecimiento, sino todo lo contrario. La historia lo único que hace es corroborar la teoría previa, nunca es al revés como ya hemos explicado en columnas anteriores.
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Toda intervención del Estado en la economía genera siempre y en todo lugar una distorsión de las variables económicas, alterando las decisiones de los agentes económicos ya que, las señales que llegan al mercado son erróneas, provocando despilfarro de capital y recursos que por definición son escasos. El resultado es SIEMPRE el mismo: auge y luego recesión, siguiendo la estructura de la teoría del ciclo económico de la escuela austríaca (Mises, Hayek).
Algo de historia
El primer vestigio de algo parecido a un banco central se desarrolla a principios del siglo XVII, más precisamente en 1609 con la creación del Amsterdamsche Wisselbank.
Amsterdam era el centro comercial del mundo en ese momento, y se había llenado de muchas monedas de oro y plata de distintos países, las cuales, eran emitidas por sus gobiernos alterando su peso. Esto es, mezclando por ejemplo oro con estaño u otros metales más baratos, con el fin como siempre, de poder emitir más para solventar gastos públicos crecientes, debido a guerras, lujo de las cortes, etcétera (digamos que copiaron a Diocleciano quien en el siglo III/IV d.c. hizo lo mismo y desencadenó la caída del Imperio Romano de Occidente con sus posteriores controles de precios y salarios).
Esto generó un gran caos monetario y la aparición de la inflación. Para colmo comenzó a entrar el oro proveniente de las Indias, lo que provocó un aumento adicional del gasto estatal, mediante el crédito ficticio (emisión de Letras de Cambio). Al principio respetaba la reserva de 100%. Es decir, recibía las monedas, las fundía para preservar su verdadero peso y emitía letras en función de su peso verdadero.
Pero como siempre ocurre, comenzaron a emitir letras por encima de su peso y prohibieron la existencia de otros bancos, dándole el monopolio de la emisión a este banco, lo que implicó una estatización de hecho, ya que implicó el fin de la banca de reserva 100% para pasar a ser una banca con sistema fraccionario de encajes, tal como el mundo tiene aún hoy. Y también como siempre pasa, y siguiendo uno de los aspectos que menciona Richard Cantillon, aparece la doble moral.
Los principales préstamos, secretos e ilegales, iban a la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales. Todo lo mencionado, fue el origen, dicho sea de paso, de la tan famosa como mal explicada por neoclásicos/keynesianos, burbuja de los tulipanes.
Luego aparecen de la misma forma, el Riksens Ständers Bank en 1668 (lo que hoy es el Sveriges Riskbank, el banco central en Suecia, que curiosamente es el que entrega el premio Nobel de Economía todos los años, una contradicción total) a partir del rescate del Stockholms Bank y el Banco de Inglaterra en 1694 a partir de un pacto corrupto entre Williams Paterson y el rey Guillermo III, con el fin de financiar la guerra con Francia con emisión de billetes monopólicamente emitidos por dicho banco (el matrimonio entre bancos y gobierno es el único matrimonio fiel y para toda la vida, ambos ganan a costa del resto); tal como lo explica Murray Rothbard en su monumental obra Historia del Pensamiento Económico.
Para el autor, el Banco de Inglaterra es el inicio de la era moderna de inflación que incluso hasta hoy vivimos y seguimos padeciendo (más cercano en el tiempo la creación de la FED en 1913 surgió de banqueros privados con su propuesta al presidente de USA de aquel momento Woodward Wilson, con el “supuesto fin” de estabilizar al dólar al tener como función, ser prestamista de última instancia para el sistema financiero: un robo disfrazado de legalidad).
Cerrar el BCRA sin cerrarlo
La idea de cerrar el BCRA lamentablemente no pasaría el actual Congreso. Es por eso que el gobierno intenta proponer una especie de “second best”, con el fin de poner todo tipo de obstáculos legales que impidan a futuros gobiernos, poder emitir dinero para financiar gasto público.
Más allá de que veremos lo que finalmente sale (esperemos que sea el mejor second best), lo que ha trascendido es que los límites serían muy fuertes y amplios, en cuanto a sus funciones y su intromisión en cuestiones monetarias, financieras y bancarias, amén de la referida prohibición de emitir para financiar al gobierno.
Veamos algunas de las cosas que han trascendido:
- Terminar con la “dominancia fiscal”: esto implica que el Banco Central no pueda hacer más adelantos transitorios ni transferencias de utilidades contables hacia el gobierno. Así se corta la posibilidad de financiar déficit fiscal o gasto público.
- Volver al viejo artículo 3 de la carta orgánica anterior: aquel artículo decía que la única función del Banco Central era cuidar el valor de la moneda. Con la reforma realizada en 2012, se le agregaron más “objetivos” de política económica como hacer crecer la economía, el empleo, el crédito, etcétera, como si con la política monetaria se pudiera mejorar la vida de las personas.
- Darle total autonomía respecto de futuros gobiernos: la idea es que por ley, tenga independencia total de funcionamiento y de autoridades, para que los gobiernos futuros no puedan inmiscuirse, y de paso que esa ley no pueda ser cambiada fácilmente por un futuro Congreso.
- Restringir al mínimo la compra de títulos del Estado: esto implica evitar que se utilice este mecanismo para asistencia directa al Estado para financiar gasto público y déficit fiscal, camuflado de operaciones con bonos. En todo caso, sólo permitir operaciones de mercado abierto, como hace la FED en USA. Esta es la única parte que en lo personal no me cierra, porque en USA este mecanismo se usa como forma de financiamiento indirecto al Estado.
Quizás harían falta otras cuestiones como por ejemplo quitarle la posibilidad de influir en la tasa de interés, dejando que sea el mercado quien la fije en cada momento; limitar su función a ser más un informador de la situación del sistema financiero y bancario, para que los agentes económicos tengan información de primera mano para la toma de decisiones; establecer una verdadera competencia de monedas sin curso forzoso del peso; caminar hacia un sistema de reserva 100% en las cuentas a la vista y todo depósito de 90 días para abajo (así terminar con la emisión secundaria del sistema financiero) y otros aspectos más técnicos que no desarrollaremos aquí.
Lo importante es que, lo que salga con este norte, tenga carácter de permanente para el mercado, es decir, que no pueda ser fácilmente cambiado en el futuro por otros gobiernos.
Esta será la clave, más que lo que el Congreso termine aprobando, ya que de la actual composición no se puede esperar mucho.
Si empieza un camino para quitarle al Estado el monopolio de la moneda, será un gran paso. Se habrá comenzado el camino que indicaba el gran economista Hans Sennholz, discípulo de Ludwig von Mises que decía: “Darle el cuidado de la moneda al Estado, es como darle el cuidado de un pájaro a un gato hambriento”.