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Prepárese para seguir pagando un elefante sin dientes de marfil

El estadio cubierto Arena Aconcagua no nació de estudios que marcaran que fuese imprescindible su construcción. Tampoco se previó cómo mantenerlo. En Córdoba van a demoler uno similar, pero privado

El estadio cubierto Arena Aconcagua, ese paquidermo blanco que fue fruto de "un metejón" del ex gobernador Francisco Paco Pérez (2011-2015), realizado sin estudios serios de mercado ni la debida previsión sobre su mantenimiento, está inutilizado desde hace nueve meses y todo indica que seguirá así por uno o dos años. Es uno de los dolores de cabeza para el gobernador Suarez como antes lo fue para la gestión de Cornejo, quien debió terminarlo. El costo mensual de mantenimiento supera los $1.500.000.

Mientras ese estadio se encontraba en obras, y como Paco Pérez sabía que no lo iba a terminar dentro de su gestión, se apuró en colocar las placas que inmortalizarían (digamos) su nombre y el de algunos de sus ministros. Cornejo, a regañadientes, concluyó los trabajos en 2018 y lo habilitó hacia fines de ese año.

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En 2019 hubo escasa actividad de shows y eventos deportivos. Lo más convocante fue el Cirque du Soleil y Soy Luna. Pero unas pocas golondrinas no hacen verano. El gobierno nunca logró darlo en concesión. A los privados no les daban los números para hacerse cargo.

Implosión cordobesa

Ahora, una noticia llegada desde Córdoba volverá a sacar a flote, de refilón, el malestar sobre este oneroso legado de la gestión de Paco Pérez (2011-2015).

Euclides Bugliotti, dueño en la capital cordobesa del Orfeo Superdomo, un centro de espectáculos artísticos y deportivos para 15.000 personas, ha anunciado que lo hará demoler porque por efectos de la pandemia no puede sostener los onerosos gastos fijos ($1.700.000 al mes en impuestos y servicios) que le significa ese "monstruo" inutilizado desde marzo pasado. No hay posibilidad de que sea reabierto en el mediano plazo. En ese terreno se levantará un edificio de departamentos.

Como el Orfeo es un emprendimiento privado, no habría mayores problemas salvo, claro, la pérdida de un centro de espectáculos únicos en el interior del país. "Para que el Orfeo sea rentable sus shows tienen que estar en valores cercanos al 100% de su capacidad. Y eso, con la pandemia y sus rebrotes, no lo vamos a lograr ni en los próximos dos años", dijo Bugliotti al explicar la inminente desaparición del superdomo cordobés. "¿Quién puede tener detenida semejante inversión tanto tiempo?", inquirió.

Garganta con Arena

Distinto es el caso del Arena Aconcagua, que es un edificio estatal, pagado con dineros públicos, y sobre el cual es casi imposible tomar una decisión ejecutiva como ha dispuesto Bugliotti, cabeza del grupo inmobiliario y comercial Dinosaurio, quien tiene en Mendoza dos filiales del hipermercado Tadicor, un edificio de departamentos y terrenos para futuras obras.

Todo indica, por tanto, que durante mucho tiempo los mendocinos deberemos seguir sosteniendo con nuestros impuestos un paquidermo de cemento inutilizable, y eso será hasta mucho después de que haya una vacuna para el coronavirus y que se haya ratificado su efectividad.

Bugliotti puede ser práctico y no perder plata. Su plata. Por eso hace implosionar el Orfeo y a otra cosa mariposa. Los cordobeses, lógico, lo lamentarán. Pero el Grupo Dinosaurio podrá seguir dando trabajo en esa provincia con otros emprendimientos. Algunos que manejan el Estado, en cambio, están convencidos de que pueden darse el lujo de perder dineros que son de todos, y entonces se dan gustos personalísimos que poco tienen que ver con las necesidades imprescindibles. Ellos prefieren las grandes fachadas.

El Arena Aconcagua es un elefante blanco, vistoso, imponente, ideal para esa tontería de hacer comparaciones con otras provincias, pero no tiene costosos dientes de marfil, que nos permitan una reparación económica, lo cual, además, sería políticamente incorrecto.