Es normal, y es casi inevitable para el género humano, vivir de contrastes. Prácticamente sin buscarlo, establecemos comparaciones automáticas, que simplemente surgen. Y a veces, también hacemos eso -que quizás no deberíamos-, que es mirar hacia atrás; buscar en el pasado.

¿Y qué nos ofrece ese lugar? Entre otras cosas, la certeza de que muchos elementos en los que pusimos expectativas envejecieron demasiado rápido. Tal vez se pudrieron de golpe, mucho más de lo que esperábamos. O, tal vez, nunca fueron verdaderamente ese progreso que imaginamos.

Asistimos a un proceso tan veloz en la decrepitud de las ilusiones; que como mendocinos y argentinos no tenemos más que asentir ante una segunda certeza -que nos viene de la anterior-. Una especie de verdad accesoria: cómo no vamos a estar como estamos, si nada avanzó como tendría que haberlo hecho. Si las cosas no encarnan lo que habían prometido. Si casi nada es lo que supuestamente iba a ser. Tiene sentido.

Ejemplos: el gobernador Suarez viajó a Canadá para promocionar Potasio Río Colorado, el yacimiento de sales que sirven como fertilizantes para producir alimentos. Cuando ese proyecto surgió, se hablaba de una inversión cercana a los 6.500 millones de dólares. Toda esa suma iba a quedar en la provincia. ¿Qué terminó pasando? Lo que fueron a ofrecer en esta oportunidad arrancó con un piso de apenas 250 millones.

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Entre las reuniones que mantuvo la comitiva mendocina, estuvo el encuentro con Clean Earth Technologies, empresa australiana que se dedica a extraer oro sin utilizar cianuro.

Entre las reuniones que mantuvo la comitiva mendocina, estuvo el encuentro con Clean Earth Technologies, empresa australiana que se dedica a extraer oro sin utilizar cianuro.

Es decir, no únicamente la propuesta jamás avanzó (está bien: por contextos internacionales que se tornaron adversos; un argumento válido, pero) no sólo el proyecto se momificó por completo en menos de una década -y se fue nuestro principal inversor-, sino que además, nueve años después, fuimos a ofrecerlo por el 3,8% del dinero que iba a venir originalmente.

El tres coma ocho por ciento.

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Expectativas prematuras

Hace exactamente un año, celebrábamos la capitalización de Impsa con dinero de arcas nacionales y provinciales. Y en verdad, es discutible hasta qué punto deberíamos festejar la estatización parcial de una empresa que, por su manejo, o por su contexto, o por una conjunción de ambos, no pudo huir de la bancarrota cuando otrora fue un imperio monumental. Pero no importa, festejábamos eso.

¿Cómo siguió? Con el ministro que más impulsó ese avance, Matías Kulfas, eyectado del Gobierno nacional por cruzar denuncias de actividades muy cercanas a la corrupción (direccionar los pliegos del gasoducto Néstor Kirchner) contra funcionarios de su mismo espacio. Denuncias que, además, más tarde se esfumaron ante las preguntas de la Justicia, y contribuyeron al apresurado cierre de una causa que fue abierta sólo nueve días antes.

Eso no es todo. La empresa mendocina quedó afectada y sofrenada por internas partidarias -bastante básicas, para muchos- que el propio Kulfas confesaría en su carta de renuncia. Y como si todo lo anterior fuera poco, hace días denunciaron que hay lobby contra Impsa por parte de la Secretaría de Energía de la Nación, para favorecer a una compañía alemana que se llama Voith, y que está sancionada por el Banco Mundial por prácticas corruptas en dos de sus proyectos: uno en Pakistán y otro en el Congo.

De vuelta. Si hubiera sabido, festejaba menos por Impsa.

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Kulfas (es el que tiene la mano cerca del corazón) durante el primer recorrido oficial en la Impsa capitalizada. 366 días después, lo echaron.

Kulfas (es el que tiene la mano cerca del corazón) durante el primer recorrido oficial en la Impsa capitalizada. 366 días después, lo echaron.

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El clima calmo en la Legislatura

Y hace casi nada de tiempo, apenas un puñado de días, nos entusiasmaba que en la Legislatura, oficialismo y oposición habían encontrado un momento de paz. No porque nos interese particularmente que se lleven bien; se pueden pelear. Pero cada minuto en que lo hacen ahí dentro es un minuto que nos roban a nosotros; a quienes no nos interesan sus diatribas de comité, sino que saquen a Mendoza adelante.

Básicamente, para eso los seleccionamos.

Pero se había generado un buen ambiente entre ambas facciones. El PJ, que desde febrero no participaba en sesiones de acuerdo (las que designan magistrados), acusando un mal manejo judicial de Cambia Mendoza, había decidido volver a ellas porque -cito casi textualmente al jefe de la bancada opositora- había intenciones mutuas de "reencauzar los caminos institucionales". Bien.

A eso se sumaron más señales de optimismo. La Cámara de Senadores debutó con una votación unánime para bajar impuestos en la construcción de viviendas sociales; y más tarde se agregó otra votación, también por unanimidad -salvo por dos negativas-, cuando se trató la Ley de Emergencia en Anestesiología.

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El poder de la oración. Con sólo una, Bonarrico desató un conflicto gigantesco.

El poder de la oración. Con sólo una, Bonarrico desató un conflicto gigantesco. "Se trató de un acuerdo entre mi partido y Cambia Mendoza", fue esa sentencia.

Más allá de discutir si esa herramienta es buena o mala; frente al gravísimo problema que afronta la provincia en salud, decidieron actuar en conjunto. Nuevamente: bien. Pero, ¿cómo siguió?

Hace tres sesiones que la oposición se levanta y se va del recinto.

Y eso ni siquiera es lo grave. Lo verdaderamente grave es la causa de fondo para ese desencuentro: que hay un exaliado del oficialismo ¡y líder religioso! -Héctor Hugo Bonarrico- acusado de intentar hacerle fraude al Estado aprovechándose de su posición política.

El clima calmo duró apenas cinco días.

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Ni dólares ni pesos: otro alivio que no fue

Hace cinco meses ponderábamos que por fin se acordara con el Fondo Monetario Internacional. Por supuesto, puede discutirse la idoneidad de esa medida en términos de soberanía económica y de un tendal de aspectos más. Pero es muy probable que fuese el mejor de los escenarios, dada la terrible condición de deuda que ostenta el país.

¿Y cómo evolucionaron esas expectativas? Bueno, no sólo despedazó al Frente de Todos en materia política; sino que pronto descubrimos que no había nada que festejar; porque las metas prometidas están a centímetros de incumplirse, sobre todo en lo respectivo a emisión monetaria (se echó mano a dólares del propio Fondo para no fallar al objetivo del segundo trimestre).

Eso, sin hablar de nuestra perspectiva inflacionaria; que seguramente era mucho menor al 60% o 70% que cerrará el año.

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Máximo Kirchner abandonó su cargo como presidente de la bancada del FdT el 28 de enero. Fue la primera consecuencia visible del acuerdo con el Fondo Monetario.

Máximo Kirchner abandonó su cargo como presidente de la bancada del FdT el 28 de enero. Fue la primera consecuencia visible del acuerdo con el Fondo Monetario.

Como si fuera poco, ya tenemos otro volcán de deuda en erupción: los bonos en pesos. Aquellos que Guzmán, prácticamente, dijo que no iban a generarnos problemas. Hoy enfrentan a decenas de fondos de inversión que se los sacan de encima y le dicen al Estado: "No, gracias, no te financio más. No me interesa que tomes deuda conmigo; prefiero los billetes".

No hay un diagnóstico claro de por qué se está dando ese fenómeno, pero sería muy complejo que persista, porque en diez días vencerán 500 mil millones de pesos en esas acreencias. Si los tenedores los piden, habrá un remezón fuerte.

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Fiscales, combustible y alimentos: todo escasea

Hace 45 días, un exgobernador muy poderoso, Sergio Uribarri, de Entre Ríos, fue sentenciado a ocho años de prisión por corrupto. La causa estudió negocios incompatibles con la función pública, e indagó, entre otras cosas, cómo habían desaparecido 53 millones de pesos a través de su Poder Legislativo. Todo un avance, parecía.

¿Cómo sigue?

Destituyeron a la procuradora que lo investigó.

Otra. Hace diez años festejamos la estatización de YPF. Y muchos, incluso, volvieron a hacerlo pocos días atrás. Hoy le rogamos a Bolivia que nos permita importar más gas, y seguimos deshojando la margarita, tachando los días en el calendario, a ver si es cierto que vienen más barcos de gasoil para pasar el invierno.

Para, literalmente, pasar el invierno.

Última. Algunos valoraron aspectos positivos en medio de algo tan terrible como una guerra. Se entiende: la invasión a Ucrania disparó los precios de ciertas commodities que tenemos. Y la verdad es que Argentina necesita imperiosamente de ese dinero.

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Penúltima tapa del semanario inglés The Economist. Varios países productores de alimentos entendieron la necesidad de tomar medidas por el nuevo escenario global. En Argentina, factores internos y externos del Gobierno -como jueces o sectores rurales- impidieron avanzar concretamente.

Penúltima tapa del semanario inglés The Economist. Varios países productores de alimentos entendieron la necesidad de tomar medidas por el nuevo escenario global. En Argentina, factores internos y externos del Gobierno -como jueces o sectores rurales- impidieron avanzar concretamente.

Algo había que hacer, algo había que accionar, como hicieron casi todos los países (particularmente los productores de alimentos) ante un cimbronazo como el que se vive.

¿Y qué hicimos nosotros, tras 120 jornadas de guerra?

No mucho: una retención, que va a parar a un fideicomiso, que 45 días después de ser anunciado por el Presidente -no por un secretario de segunda línea, por el Presidente- todavía no podía ponerse en marcha. Y al que más tarde sólo adhirieron tres molinos harineros (de los cuales, encima, dos pertenecen al mismo dueño) entre las decenas o cientos que hay en el país.

No le inclinó la balanza a casi nadie.

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Son pocos los elementos tomados, y cualquiera sabe que podríamos ir a buscar muchos más. Se abrieron caminos que nos generaron perspectivas muy positivas cuando arrancaron, y terminaron siendo profundas decepciones.

¿Es válido seguir ilusionándonos con ciertas cosas en nuestra provincia y en la Argentina? ¿O falta músculo para hacerse cargo de un caballo tan desbocado?

¿Cuál es el punto de fondo? ¿Somos terriblemente ingenuos, o es que son maliciosos/incapaces quienes deberían encauzar ese tren de expectativas?

Quizás es mejor no analizarlo.

Podríamos terminar dándonos cuenta de que todo avanza, casi inexorablemente, hacia un escenario cada vez peor.