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¿Por qué no hay un orgullo de ser bonaerense?

Buenos Aires exhibe un largo muestrario de gobernadores "foráneos". Llegan con hambre de gloria, la llenan de parches y no logran ningún cambio profundo

Encuentro una idea que me llama la atención dentro de todo ese merengue conceptual que es la crisis bonaerense. Pertenece a un periodista y docente que se llama Luciano Román quien fue varios años jefe de Redacción del diario El Día, de La Plata. Dice así: "No hay una intelectualidad que se identifique con lo bonaerense. Y cuesta encontrar rasgos que hablen de un orgullo de ser bonaerense".

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Me digo: podría ser un buen un buen comienzo para entender la complejidad del entramado político, económico y social de la provincia de Buenos Air es. Algo que nos explique por qué pasa lo que pasa en ese Estado argentino y por qué es tan difícil gobernarla. Por qué se gasta tan mal. Y por qué las soluciones son espasmódicas y no fruto de la inteligencia política y de la planificación. O, para ser más concretos, por qué no hay "un orgullo" de ser bonaerense", como asegura Román.

Contame tu condena

Comparemos: Tanto la política porteña, como la cordobesa, la santafecina o la mendocina, entre otras, tienen un relato, una línea de pensamiento y acción que es defendida, debatida y actualizada por sus pensadores. Mendoza, por caso, defiende el legado ético de San Martín, la mendocinidad, el esfuerzo y el mérito. Este último sustantivo acaba de ser públicamente cuestionado por Alberto Fernández. Córdoba defiende su singularidad política, que es contraria a postrarse ante la Casa Rosada.

En cambio la provincia de Buenos Aires lo que exhibe es un largo muestrario de gobernadores "foráneos" que han sido implantados a la fuerza en la gobernación de La Plata por las usinas políticas con sede en la Ciudad de Buenos Aires, muchas veces sin que tengan un conocimiento fino de la idiosincrasia bonaerense y de su núcleo más problemático: el conurbano.

¿Será ése uno de los motivos por los que nunca un gobernador bonaerense ha llegado a ser presidente de la Nación? ¿Ocurrirá porque les falta esa carnadura que otorga el orgullo de pertenecer a un lugar y porque no logran darse esa pátina de prestigio que le da a un gobernador el generar adhesiones en la intelectualidad? ¿Será que el hecho de estar rodeando al centro del poder del país les impide formatear una identidad?

Decime tu fracaso

Uno sabe que gran parte de la crisis bonaerense tiene raíces políticas y económicas de larga data que han determinado una forma caudillesca y clientelar de gobernar esos municipios, jurisdicciones súper pobladas cuyos sucesivos cordones tienen más habitantes que varias provincias argentinas juntas.

Sabemos que desde el primer peronismo el conurbano ha sido un territorio de pruebas. Primero, para recibir la fuerte migración de argentinos del interior que la poblaron al ritmo de la industrialización, pero en la década del ´70 esa generación de empleo se paró y después todo fue restar, empobrecer. Y usar a esa gente como voto cautivo para las aventuras populistas.

Una de las ideas "brillantes" que salió por entonces fue rebanar fondos al conurbano para dárselos a otras provincias peronistas y feudales que debían con esa plata generar atracción laboral. Fue un fracaso. Desde entonces todo ha sido parches para ir tirando, sin generar una solución de fondo para la situación del Gran Buenos Aires. La pandemia lo ha puesto al descubierto de manera brutal.

Desde el retorno a la democracia, la mitad de los gobernadores de la provincia de Buenos Aires han sido "de afuera", algunos de ellos de cierto renombre, que cayeron poco menos que en paracaídas en la Casa de Gobierno de La Plata a tratar de gobernar la provincia más poblada del país sin haberse embarrado nunca en La Matanza profunda.

Por estos días en el kirchnerismo no terminan de asimilar el motín que la Policía bonaerense le hizo a los dos políticos predilectos de Cristina Kirchner: uno de izquierda, el gobernador Axel Kicillof, y otro de derecha, el ministro de Seguridad Sergio Berni. Este último fue elegido por la actual vicepresidenta para tener a raya a los efectivos de la "maldita policía".

Cero empatía

El periodista Román dejó, en una columna que escribió para La Nación, un dato revelador: "Hoy mismo, una reunión de gabinete en la gobernación de La Plata se parece mucho a la de un consejo académico de la UBA". ¿Será por eso que los intendentes de esa provincia, sobre todo los del conurbano, se quejan tanto de la falta de empatía con el gobernador Kicillof?

Luego de que el presidente de la Nación anunciara que por decreto le sacaban al gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires unos 40.000 millones de pesos anuales de su coparticipación para enviársela a al gobierno bonaerense y frenar la asonada de la Policía, los intendentes bonaerenses salieron en malón a pedirle al gobernador que les coparticipara esos fondos. "Ese dinero es para la Provincia", les contestó el mandatario con su habitual sonrisa sobradora.

Nos hizo acordar a cuando Menem se negaba a rematar la Ferrari que le habían regalado y decía "Es mía, mía, mía". Para afirmarlo en términos de Moria Casán, para Kicillof, los intendentes "son decorado, y el decorado no habla". Esos jefes comunales se han quejado, además, de que el ministro Berni no los recibe y algunos de ellos han denunciado destratos por parte del militar.

El tema con "lo bonaerense" es, reiteramos, que a diferencia de Córdoba o Mendoza donde los hilos conductores de sus políticas esenciales son producto de una levadura básicamente local, en la provincia de Buenos Aires, la máxima dirigencia bonaerense" es, con mucha frecuencia, mutante e "importada". Es decir, gerentes golondrina que apenas entregan la banda y el bastón vuelven con rapidez a vivir a Palermo, Recoleta, o Puerto Madero sin haber sentado las bases de ningún cambio duradero en la provincia.