Análisis y opinión

¿Por qué en Mendoza el turismo y la montaña no terminan de congeniar?

Ni la Provincia ni la actividad privada han sido certeros a la hora de generar hospitalidad en toda la zona de alta montaña

Cayó nieve más de lo habitual y en Mendoza salieron a la superficie los remanidos problemas que tiene el turismo de alta montaña, Se trata de cuestiones que la política ha venido ignorando o escondiendo debajo de la alfombra. Nos vanagloriamos de tener algunos de los mejores paisajes de los Andes, pero en la práctica no logramos hacerles justicia debidamente.

Ni la Provincia ni la actividad privada han sido certeros a la hora de generar hospitalidad en toda la zona de alta montaña. Turismo y montaña no terminan de congeniar. En ese rubro hay, por ejemplo, atrasos en la inversión, descoordinación entre organismos nacionales y provinciales, y falta de visión para entender las nuevas realidades del turismo a la luz del cambio climático.

Con ese telón de fondo es que la Provincia debe leer con atención el enojo de muchos turistas que llegaron a Mendoza para ver nieve y debieron irse "con las mismas brevas" como afirma un dicho popular. La advertencia de "no vuelvo más" de no pocos visitantes en las redes sociales sonó como un cachetazo.

Incógnitas

El ambiente se llenó entonces de preguntas que seguramente olvidaremos. ¿Por qué no hay un comité de funcionarios y referentes del sector turístico privado que se active con la debida anticipación para prever acciones? Por ejemplo, para que las rutas de montaña queden liberadas de nieve con más rapidez o para que se "aceite" la coordinación entre organismos nacionales y los entes de la provincia. De ambos lados hay una inexplicable pachorra

Ha quedado demostrado, además, que al Ministerio de Turismo de Mendoza le faltan algunas luces, particularmente capacidad de reacción. Los turistas suelen quejarse en las redes de que la atención en la sede central no siempre es la mejor. Y desde varias provincias llegan reclamos de que les cuesta comunicarse con los teléfonos de la repartición.

Debe admitirse que las campañas promocionales de Mendoza son bastantes buenas. Bien filmadas, bien editadas, llamativas y tentadoras. En la semana que cortaron la ruta desde Uspallata hacia la cumbre, con lo cual no se pudo llegar ni a Los Puquios ni a Penitentes ni a Puente de Inca, los canales de Buenos Aires mostraban el video que asocia a Mendoza con la nieve. En Las Leñas no había problemas; en el Norte de Mendoza, en cambio, a los turistas no se les permitía acercarse a lo que habían "comprado".

En uno de esos días en que los turistas se agolpaban en la ruta internacional para llegar a los sitios con nieve, cientos de ellos estuvieron 9 horas parados en un control de Gendarmería. No los dejaban pasar, pero tampoco les permitían volver a la ciudad de Mendoza. Imagínense si esto se lo hicieran a los turistas que van llegando a Mar del Plata por la Ruta 2, o a los que suben al cerro Catedral en Bariloche.

El elefante

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El complejo Penitentes.

El complejo Penitentes.

En los años '80 Penitentes se pergeñó desde el Estado para que fuera el gran centro invernal de montaña en la ruta a Chile. Desde hace cinco años está cerrado y amenaza con transformarse en un elefante blanco. Fue expropiado a los antiguos propietarios durante el gobierno de Alfredo Cornejo con la promesa de convocar a una nueva licitación. Desde entonces estamos en veremos.

El gobierno de Rodolfo Suarez llamó este año a una concesión precaria de Penitentes por dos años a la espera de una nueva concesión definitiva, pensada para que dure 50 años, pero la convocatoria temporaria terminó en fracaso. Penitentes es uno de los sitios turísticos cuyo futuro debe ser replanteado a la luz del cambio climático que afecta al mundo. Cada vez hay menos nieve. Este año fue una excepción.

Muchos mendocinos inquieren si ya no se debería haber transformado ese paraje en una villa de montaña para ser usada durante todo el año y no sólo en un centro de esquí para utilizar en invierno. Las manos del Estado muchas veces sirven para entorpecer, pero también a veces la actividad privada no suele estar a la altura de lo que se espera de ella como emprendedora.

Digo yo...

A la luz de todo esto son innumerables las preguntas que se hacen los contribuyentes mendocinos. Veamos sólo algunas: ¿Por qué llevamos más de 20 años sin poder arrancar con la zonificación del perilago de Potrerillos? ¿Por qué sigue siendo tan desordenado el crecimiento de los parajes con cabañas de Potrerillos y tan morosa la creación de servicios en esa zona? ¿Por qué no hemos vuelto a poner en valor el Cristo Redentor o la villa de Las Cuevas?

Cuando se transformó a Turismo en un ministerio se dio como argumento que eso le iba a permitir al Gobierno ser más expeditivo y solucionar con rapidez problemas relativos al boom turístico que se consolidó en la Provincia desde que fue designada como una de las grandes capitales del vino.

El vino, a diferencia de la montaña, no ha tenido tantos problemas para asociarse con el turismo.

Veamos: pocas provincias tienen el número de hoteles cinco estrellas con que cuenta Mendoza. Pocas actividades han tenido tanto éxito como el enoturismo. Varias de las principales bodegas premium poseen hoy restoranes propios, museos y resorts de categoría en medio de los viñedos, sobre todo en el Valle de Uco, que ha pasado a ser una de las zonas vitivinícolas más renombradas por el nivel de sus vinos. Hoy en cualquier película internacional con tema vitivinícola hablan del Valle de Uco como quien habla de Napa Valley.

¿Se da cuenta lector la diferencia entre esas menciones alabadoras al Valle de Uco y el "No vengo más" de los turistas que se enojaron con Mendoza porque les vendieron una nieve que no pudieron ver?

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