Transcurrían finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX y en el Reino Unido se determinaban las denominadas “leyes de cercamiento” (Enclosure Acts) que, con el propósito de poner orden en el caos de las propiedades e inmuebles de la época, tanto en los campos fiscales como en los “open fields”, obligaban a realizar los cercamientos de los terrenos y propiedades a todo el mundo.
La idea era que se establecieran con precisión los derechos de propiedad, lo cual traería más inversiones y crecimiento, y que dicho proceso fuera realizado por los propios propietarios, es decir, fuera todo privado. Más de 4.000 leyes que se consolidaron en las “Inclosure Consolidation Acts” de 1801.
Los objetivos estaban bien planteados y de hecho sirvieron para ello, pero como siempre ocurre cuando el Estado se mete, avanzan los privilegios y se generaron efectos colaterales negativos que perjudicaron a mucha gente y provocaron que Marx y Engels, hicieran una descripción de la situación que resultó luego en los centros urbanos como Londres, donde la pobreza creció, la indigencia se multiplicó, pero no como colofón del capitalismo como describieron en sus libros, sobre todo en La situación de la clase obrera en Inglaterra, hacia 1845; todo lo que luego derivó en la famosa revuelta de 1948, fogoneada por ambos, y que implicó muchas muertes.
Qué es la “pausa de Engels”
A partir de la revolución industrial y la llegada de las máquinas a vapor, la modernización técnica y lo que hoy denominaríamos “agroindustria”, se produjo un fuerte aumento de productividad y eficiencia en los campos y en esa agroindustria. Pero al no estar definidos de manera efectiva los derechos de propiedad, las inversiones eran lentas.
Las leyes de cercamiento provocaron un aceleramiento de esas inversiones, dado que trajo seguridad jurídica promoviendo que más inversores decidieran dedicar recursos a la inversión en campos, maquinarias, etcétera. El punto es que entre 1780 y 1840, existió un fuerte crecimiento de la productividad y eficiencia pero eso no se tradujo en incrementos salariales y de condiciones de trabajo de forma inmediata.
Recién para 1845/1855 la economía comenzó a tener salarios cada vez más altos, y esa situación descripta por Marx y Engels no sólo dejó de suceder sino que comenzó un período de notable crecimiento económico en todos los estratos sociales que duró hasta que comienza la Primera Guerra Mundial.
A ese período entre 1780/90 hasta 1840/45 se le llama la “pausa de Engels”, dado que lo describió y explicó en sus escritos. La idea de ambos es que era el libre mercado y el capitalismo, lo que estaba generando la situación, producto de lo que luego sería el concepto central de Marx en su libro El Capital, la plusvalía.
En efecto. Ambos creían que, la existencia de libre mercado, hacía que los empresarios se quedaran con una parte de la riqueza creada, la cual, les pertenecía a los trabajadores. La existencia de los derechos de propiedad, según ellos, había provocado que los empresarios y terratenientes fueran los únicos beneficiados del capitalismo y la existencia de esos derechos de propiedad.
De ahí que proponen, en lo que luego fue el tan famoso como nefasto Manifiesto Comunista, la abolición del derecho de propiedad.
Lo que no vieron, es que la propiedad privada nada tenía que ver con el problema. Fue el establecimiento de privilegios a partir de esas leyes lo que generó el problema. La obligatoriedad de cercar e inscribir las propiedades tanto de campos comunes, como los “open fields”, sobre todo a los campesinos más chicos, hizo que tuvieran que desprenderse de esos terrenos, debido a que no podían pagar el costo de cercar y de inscripción.
Al obligar a cercar, el costo de hacerlo subió de golpe mucho, a lo que se debe agregar que muchos “Lores” (recordemos que esto fue establecido a partir de leyes que salían de la Cámara de los Lores en Inglaterra), tenían las empresas que cercaban o por medio de testaferros o de forma directa como dueños, lo que generó el incentivo justo para que las leyes se “aprobaran” de esa forma (les suena parecido a lo que sucede hoy, verdad).
Además, al obligar a los campesinos a cercar y éstos no poder hacerlo, de alguna forma los obligaban a tener que vender sus terrenos. El aumento de la oferta de terrenos, hizo que sus precios bajaran, y ¿quiénes creen que compraban esos terrenos?
Esto provocó que una enorme cantidad de familias y personas, se fueran a vivir a las urbes, en este caso Londres y sus alrededores. Pero lo mismo pasó con Glasgow, Belfast y otras ciudades urbanas. Esto se debía a que el fuerte crecimiento de la productividad y la eficiencia, hizo que los salarios y el nivel de vida fuera muy bueno en esas ciudades.
Pero al llegar tanta cantidad de gente de golpe, no hay productividad ni eficiencia que pueda absorber tamaña llegada de personas a trabajar, vivir, comer, etcétera. Resultado; salarios para abajo, alquileres para arriba, al igual que los precios de la comida, vivienda, salud, etcétera. Ergo, apareció la extrema pobreza e indigencia.
La descripción realizada por Marx y Engels estaba bien, pero no así las causas. De ahí que sus soluciones estuvieran equivocadas además de generar muertes por muchos años; pensemos las que han generado casos como la revolución bolchevique en Rusia, la revolución en China con Mao y tantas otras.
Como siempre ocurre y la ciencia económica buena nos enseña (escuela austríaca), es la intervención del Estado la que SIEMPRE genera pobreza, miseria y encima privilegios para unos pocos.
Veamos el caso de Argentina
Hoy en Argentina se habla de la posibilidad que se esté dando la “pausa de Engels”. Esto es, que las mejoras en productividad y eficiencia tardan mucho tiempo antes de derramar hacia los trabajadores y reductos sociales más bajos, y que además, aún cuando esto suceda, existe un problema de justicia distributiva, ya que los empresarios se quedan con la mayor parte de la generación de riqueza generada.
Como ya explicamos en otras oportunidades no existe tal cosa como plusvalía en el proceso económico, debido a que esto implicaría la idea de que el capital es algo que está dado, que no requiere hacer nada, y que simplemente la existencia de la propiedad privada sobre ese capital, provoca esa injusticia distributiva.
El capital implica un proceso de generación, de acumulación para que pueda dar riqueza, en donde el tiempo es algo clave.
Si bien en Argentina no se está dando lo sucedido en el Reino Unido explicado más arriba, conceptualmente sí está ocurriendo algo similar y no es precisamente la “pausa de Engels”, esto es, que debe pasar tiempo antes de que la mayor productividad y eficiencia producto de las mayores inversiones, tarde en llegar y derramar hacia otros sectores.
Para los inversores Argentina todavía es un país donde el riesgo de que mañana no sea dueño de lo que he generado hoy, sigue siendo alto, debido a que los potenciales candidatos a suceder a Milei en el futuro, no aseguran el respeto por la propiedad privada; a lo que hay que agregar el “prontuario” de violaciones a esos derechos que tiene Argentina desde hace 100 años.
Esto se manifiesta en el diferencial de tasa de rendimientos que tienen los bonos soberanos que vencen luego de terminado el actual mandato con relación a los que vencen dentro de dicho mandato. Esa diferencia es de alrededor de 3,5%. Un bono con vencimiento antes del final del mandato de Milei tiene un rendimiento de 5% mientras que uno que vence luego del mandato tiene un rendimiento de 8,5%. Es decir, el mercado le exige más tasa para esperar. En términos técnicos, la preferencia temporal es alta.
Si agregamos lo que sucede en las provincias y municipios, la incertidumbre por lo que pueda suceder con los derechos de propiedad luego de 2027 es muy alta.
No hay tal cosa como “derrame lento”, el problema es como siempre el Estado y su intervención en la economía, en las finanzas y en cuestiones entre privados, lo que genera que el proceso sea lento.
Sin ir más lejos, la Ley Bases original tenía alrededor de 680 artículos y la que luego salió fue de 280. Es decir, se eliminaron infinidad de cosas que podrían haber ayudado a que el proceso sea mucho más rápido.
Al igual que en el Reino Unido, es el Estado el problema. En Argentina no es como en aquel caso la instauración de privilegios el problema, sino el mantenerlos, el no dejar que se terminen vía leyes que no salen, o si salen del Congreso salen por la mitad, vía cautelares judiciales que obstruyen y ralentizan el camino hacia el derrame mencionado.
En Argentina hay que terminar y evitar la “pausa del populismo”, en la cual, están neoclásicos y keynesianos que habitan la mayor parte de las expresiones políticas, amén del socialismo en el resto.
La pausa es estatal.
Más capitalismo y menos estatolatría es la clave.






