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Piñera y Bachelet empiezan a jubilarse. Boric y Sichel les copan la parada en Chile

Inesperados resultados en las elecciones primarias de Chile. Los que irán para presidente tanto en la izquierda como en la derecha no son "pollos" de Bachelet ni de Piñera

Chile tuvo sus PASO y definió candidatos presidenciales para la elección de noviembre. Esas primarias sirvieron para demostrar varias cosas, por ejemplo que las encuestas se siguen equivocando, pero además para ratificar que Chile quiere cambios, pero sin bandearse a los extremos.

Los sondeos previos indicaban que los precandidatos más votados iban a ser Joaquín Lavín en la derecha y el comunista Daniel Jadue en la izquierda, ambos actuales alcaldes en comunas de Santiago. Ni ahí. Otra vez, error.

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Los que se alzaron con el triunfo fueron dos hombres jóvenes, Gabriel Boric y Sebastián Sichel, de izquierda y derecha, respectivamente, quienes vienen a plantear un barajar y dar de nuevo luego del remezón social de octubre de 2019 cuando Chile llenó sus calles de "alienígenas" (la definición es de la esposa de Piñera, Cecilia Morel) que nadie esperaba y que venían a pedir cambios urgentes.

Siniestra y diestra

El de la izquierda se llama Gabriel Boric y tiene 35 años. Logró el 60% de los votos que fueron a parar a opciones de ese sector. Lo suyo es un izquierdismo más del tipo ecológico y de expansión de derechos. Se define como socialista. Fue uno de los más activos militantes para lograr la reforma de la Constitución que regía desde la época de Pinochet. Posee un cierto parecido físico con el dirigente social argentino Juan Grabois, el regalón del papa Francisco.

Boric se hizo conocido como activista estudiantil y luego como parlamentario joven. En 2018 sorprendió al retirarse un tiempo de la política para tratar un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), que incluyó una corta internación en un hospital de salud mental. Y en 2019 fue uno de los personajes salientes de las manifestaciones que desde entonces pusieron a Chile patas para arriba y que obligaron a llamar a una asamblea constituyente para modificar la Constitución, tarea que ya se está realizando

El ganador en la derecha es Sebastián Sichel, de 43 años, ex ministro de Desarrollo Social de Piñera. Lo votó el 49% de quienes eligieron un candidato de derecha. Comenzó a actuar en política dentro de la Democracia Cristiana de la que se separó para explorar opciones más liberales. Ahora dice que quiere salir de la sombra de Piñera para acercar su discurso más hacia el centro político.

Sichel cree que la política chilena se quedó en la confrontación entre Piñera y Bachelet, pero que "ahora la conversación es distinta". Adelanta que presentará una coalición que arrancará en la derecha, hará foco en el centro, y que incluso podría recibir a sectores reformistas de la centro izquierda.

¿Hasta dónde estiramos?

Desde que Chile volvió a la democracia en 1990 hubo dos momentos claves y ahora viene otro distinto. Por un lado, tenemos a los primeros 15 años en los que gobernó la Concertación, una entente de partidos de centro y de centro izquierda. Fue la etapa de la consolidación democrática. Conseguida esa base, vino luego la prueba de la alternancia en el poder de la izquierda con Bachelet, y de la derecha con Piñera, con dos períodos cada uno, pero no seguidos.

Colocados esos cimientos, y visto que el sistema estaba seguro, cayeron los alienígenas para decir que el sistema había estado 30 años poco atento al derrame de los beneficios de una economía que Chile había logrado abrir al mundo, y que era promocionado como un paraíso liberal. Había una parte de verdad, pero había otra de fuerte injusticia. La educación era excluyente. El acceso a la universidad, sólo para pudientes. Las pensiones, ínfimas. La salud pública, muy acotada, y la salud privada, carísima

Sobrevino lo que pocos sospechaban: tronó la voz de la clase media. Un sociólogo dijo con acierto que el reclamo popular estaba diciendo algo así como "nos llevaron a las puertas del cielo y después no nos dejaron entrar". La clase media se había ampliado pero sin mayor campo de acción para ejercitar ese ascenso social.

Narices paradas

Otro aspecto que la democracia chilena no había logrado emparejar era el de los prejuicios de las clases más acomodadas que no supieron comprender la irrupción de la clase media ni ver a ese fenómeno como algo muy beneficioso para el tejido social y para el país.

No deja de ser sintomático que todos estos cambios que está viviendo la sociedad chilena se produzcan en el marco de un gobierno de derecha (que no los propició, pero los está encaminando). Es lógico entonces preguntarse por qué el reformismo de la centroizquierda no los puso en práctica en alguno de sus mandatos.

Sea por derecha o por izquierda, lo bueno es que Chile tiene candidatos presidenciales que dicen sentir poca atracción por los extremos. Y, como todo concluye al fin, Bachelet y Piñera ya deben estar presentando sus papeles de jubilación en la Anses chilena.