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Periodistas y cronistas famosos, o el empeño de esa gente molesta

Manuel Jabois, Juan Villoro y Martín Caparrós tienen el vicio de contar historias que nos hagan pensar. Se basan en su conocida costumbre de indagar, consultar, preguntar 

Manuel Jabois, del diario español de El País, explica por qué son muy distintos un periodista y un aficionado que sube fotos a las redes sociales. Para ello apela al ejemplo de un accidente de tránsito.

Lo voy a contar, pero no de manera textual, sino tratando de respetar la idea de Jabois. Puestos ante esa realidad del accidente callejero, el aficionado se limita a obtener buenas fotos (o videos) del suceso y a subirlas rápido a las redes. Puede que demuestre habilidad para poner la cámara y apretar. No mucho más. Lo suyo es contemplativo. El periodista, en cambio, no sólo elige los más variados ángulos del accidente sino que esas imágenes son sólo, para él, el principio de una búsqueda.

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El periodista debe "indagar, interrogar", consultar con los testigos, con la policía. En el caso del aficionado, explica Jabois, hay "una imagen sin fondo". El cultor de las redes aporta un momento sin carnadura, sin historia. El periodista, en cambio, tiene que "darle un contexto" al suceso. Por eso hace diversas llamadas, va a la comisaría, vuelve a hacer llamadas, consulta con allegados de las víctimas hasta que halla la punta del ovillo.

Para el aficionado fue un accidente de tránsito del que resultó muerta una persona que cruzaba la calle. El periodista, obligado profesionalmente a contar no sólo un suceso sino a investigar por qué ocurrió, logra saber que la persona fallecida es la ex mujer del hombre que la atropelló. La historia es mucho más que un accidente de tránsito. "Es un crimen machista", remata Jabois.

Efecto Villoro

El escritor mexicano Juan Villoro, novelista y referente de la crónica y la no ficción, cree que el periodismo es muchas veces "el arte de dar bien las malas noticias". Es que estamos ante un intelectual que es un especialista en desastres, violencias, y en el ítem "basado en hechos reales". Defensor de las reformas antes que de las revoluciones radicales, se niega a asumir las polarizaciones. Entiende que "no se trata de quemar las instituciones y huir al monte".

Villoro nos dice, como buen "cronista de las ideas", que siempre habrá a quien contarle que pasó, máxime en una pandemia, porque "nadie sobrevive en silencio". Y añade: "sobrevivir es una operación narrativa".

Es muy interesante cuando Villoro relata cómo la crónica periodística de su país, la no ficción, hecha en buena parte por mujeres, ayudó a que muchos mexicanos comprendieran de otra manera la lucha contra los narcos. Que aceptaran que México estaba ante un fenómeno social que no se iba a terminar solo metiendo balas por parte del Ejército.

Ocurre que esa realidad narco era vista por muchos mexicanos como la mejor posibilidad de vida en un país que no se las ofrecía. La mejor crónica mexicana entendió entonces -remarca Villoro- que los protagonistas de esa tragedia no eran los capos de la droga sino las víctimas que arrojaba, es decir la gente común, y que había que reescribir la historia de la narcocriminalidad de otra manera.

El infiel Caparrós

El nombre de Martín Caparrós (como el de Leila Guerriero o Mariana Enriquez) aparece indefectiblemente cuando se habla de cronistas destacados de la Argentina. Este periodista y escritor, al que muchos conocen por sus bigotes, es uno de los pocos que ha escrito sobre Maradona post mortem sin caer rendido a sus pies. Es que la muerte no hace mejor a nadie.

Por ejemplo, Caparrós se animó a decir que "era muy difícil sentirse cercano al personaje en que se había convertido el ex jugador". Al escritor le pareció incomprensible que a Maradona lo idolatraran por sostener dichos como "la tenés adentro" o "que la sigan chupando",

Pero lo más duro de todo es que Caparrós no cree que Maradona haya sido alguna vez defensor de los humildes, por el contrario sostiene que siempre se acopló en yunta con lo peor. Se fue a Dubai a trabajar de DT, un país donde los maridos tienen derecho a pegarle a sus mujeres. Luego fue director técnico en Bielorrusia donde gobierna un dictador desde hace 25 años. Y de allí directo a Sinaloa, en México, el territorio más narco de ese país.

¿Por qué tuvo que hacer ese periplo político devastador? "Es como si lo estuviera haciendo a propósito para socavar su propio monumento", remarca Caparrós. El autor del famoso ensayo El hambre, traducido a varios idiomas, lamenta que en lugar de haber hecho brillar sus momentos maravillosos de fútbol los haya dinamitado rindiéndole pleitesía a dictadores de la peor calaña.

Lo dicho: gente molesta, jodida. Bienvenidos sean.