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Pepiol Martí: "Freud demostró que la razón opera poco en nuestra existencia"

Marc Pepiol Martí habló desde España con Radio Nihuil para referirse a Freud: un viaje a las profundidades del yo, un libro imperdible sobre el padre del psicoanálisis

Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, es una de las mentes insoslayables de todo el siglo XX.

Su obra terapéutica y teórica resultó tan influyente que se lo ubica, trascendiendo el campo psicológico, entre los principales pensadores de su tiempo.

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Justamente desde ese escorzo, mirándolo con ojos de filosófico, lo aborda Marc Pepiol Martí en Freud: un viaje a las profundidades del yo, un libro que resume con claridad, amenidad y justeza la obra y los rasgos esenciales de la existencia de este intelectual vanguardista, polémico, pero, sobre todo, dotado de gran valentía para defender sus ideas.

Premio Extraordinario de Doctorado por la Universidad Ramon Llull en 2011 y profesor en la Institució Cultural del CIC y en la Escola d’Humanitats Artkhé de Barcelona, Pepiol Martí dialogó con el programa La Conversación de Radio Nihuil desde la capital catalana.

-Este año de pandemia parece haber abonado un terreno propicio para la filosofía y la psicología, pese a la virtualidad de los contactos. ¿Cuál es su evaluación?

-Sí, la pandemia nos ha puesto delante un verdadero laboratorio filosófico y psicológico. Vemos diariamente situaciones que se prestan a una reflexión política sobre los derechos, la ciudadanía, el poder político; sobre el poder que tiene la medicina en nuestras vidas. El concepto, por ejemplo, de biopoder o biopolítica resuena mucho en los debates, es un concepto filosófico de primer nivel y nos ha quedado servido en bandeja. Esto aparte de los problemas que se están generando, como el confinamiento. Son situaciones muy duras.

-¿Por qué usted, que es catedrático de Filosofía, se interesó por Freud?

-Este libro tiene una historia curiosa. Nació de una colección dedicada a la historia de la filosofía del conglomerado editorial EMSE Publishing, en 2014. La intención era tratar, de un modo muy accesible y con una visión muy amplia, a grandes autores. Me propusieron algunos y yo escogí a Freud porque me daba la posibilidad de encauzar mi pasión por él. El libro tuvo mucho éxito. Salió en todos los países de habla hispana, se tradujo a varias lenguas. Hasta que Shackletoon Books me propuso reeditarlo. Revisé algunas partes, ampliamos algunos capítulos y aquí está.

-¿Pero por qué Freud en una historia de la filosofía?

-La colección, como decía, apuntó a grandes autores de la historia del pensamiento para el público en general. La peculiaridad de mi trabajo fue que estaba dedicado a Sigmund Freud, que era médico, fundamentalmente. Pero es indiscutible que su teoría abarca tesis filosóficas y mi objetivo era ponerlas en evidencia, un poquito a la vista de todos. Se trata de ver cómo en el fondo de toda ciencia, de toda propuesta científica, hay cuestiones filosóficas de base.

-En la parte final de su trabajo queda muy claro cómo uno de los principales discípulos de Freud, Wilhelm Reich, que unió psicoanálisis y marxismo, directamente lo ubica en el campo filosófico.

-El objetivo final del libro era hacer una panorámica general sobre la herencia de las ideas de Freud, que en algunos aspectos es crítica y en otros es recibida muy positivamente. Ese legado dio luz a polémicas y modelos ricos que nos permiten pensar nuestro presente de una manera más interesante. Es el caso, justamente, del modelo freudiano con el marxismo, que nos ayuda a reflexionar desde esta doble instancia la sociedad.

-Hoy hay cierta tendencia a emitir, desde la psicología, teorías optimistas, positivas, sobre la realidad, instándonos a mirar, siempre, el vaso medio lleno. En El malestar de la cultura, que sigue teniendo una gran vigencia, Freud tiene otro punto de vista. ¿Cómo se conjuga hoy?

-Es una pregunta muy interesante. Efectivamente creo que estamos inmersos en el mundo de la positividad, incluso de la positividad ingenua. Es la idea de que el sujeto, la persona, aspira positivamente a la felicidad y que esta felicidad es accesible y permanente. Vivimos en esta burbuja. Nuestra sociedad infla este aspecto.

-¿Qué nos advierte Freud, entonces?

-El malestar en la cultura es un intento de situarnos de una manera más realista en la existencia. De ver cómo la naturaleza es hostil a nuestras pretensiones. Nuestra corporalidad, nuestro cuerpo, muchas veces nos pasa factura. La relación con los otros, dentro del contexto de la cultura, es dificultosa. Por lo tanto, Freud hace un análisis muy realista de la vida en sociedad, de la condición existencial del ser humano y nos dice que esta expectativa, que tantas veces tenemos y que nuestra cultura hincha sobremanera, es verdaderamente difícil de conseguir. Es un texto de una grandísima actualidad, precisamente porque nos hace respirar realismo, aunque algunos lo llamarían pesimismo.

-Por lo mismo, ¿no generan una cierta infelicidad o malestar muchas de las imposiciones u ofertas de la sociedad actual, justamente porque no se alcanzan a cumplir las expectativas?

-La tesis de Freud es que nuestra persona está alimentada por dos pulsiones fundamentales: la pulsión erótica y la pulsión tanática. La primera es una pulsión de vida, de carácter sexual, para decirlo en sentido amplio; la otra es una pulsión agresiva. Esto alimenta nuestra naturaleza, la base de nuestro ser. Y ambas pulsiones tienen una difícil cabida dentro de un marco social. Por eso deben ser reprimidas, revertidas, si queremos construir este modelo cultural del cual, obviamente, también sacamos beneficios. Entonces, la presión que la cultura ejerce sobre nuestras pulsiones, lo que nos genera es una sensación de infelicidad, de insatisfacción permanente.

-Pero tampoco podemos evitar ese control…

-Es verdad que si desatamos estos lazos que mantienen las pulsiones en su sitio, la sociedad deriva hasta una situación de violencia creciente. Por eso la alternativa de Freud es un poco pesimista, ¿no? O nos enfrentamos a una situación de más violencia o de más insatisfacción. Esa es la tensión que existe en el fondo de El malestar en la cultura.

-De aquí podríamos derivar a la crítica que le hacía Frankl a Freud, en cuanto a la necesidad de no mirar tanto hacia atrás, hacia la infancia, sino hacia adelante, hacia los proyectos que sostienen y justifican la vida.

-Una de las críticas que hacía Viktor Frankl al modelo psicoanalítico era justamente este peso tan indiscutible que Freud le daba a todo el pasado. Dicho modelo ahonda en esta situación de las vivencias primigenias, de cuando somos pequeños. La idea de Frankl era que, para seguir adelante, no teníamos que ahondar tanto en el pasado sino proyectarnos hacia el futuro; intentar desvelar, descubrir, un valor o una idea que permitiera circular hacia adelante.

-Ahí está también la cuestión judía, porque Freud no debió soportar el campo de concentración nazi como Frankl.

-La experiencia de Frankl en el campo de concentración indudablemente lo marcó. Y la observación que hizo ahí es que no resistían los más fuertes físicamente sino los que tenían un proyecto, una idea, una expectativa que cumplir. Esa fuerza, ese impulso del futuro, les hacía resistir situaciones verdaderamente inclementes.

-¿Y cómo padeció Freud ese proceso?

-Freud tuvo que escapar fruto de la persecución de los nazis. Físicamente no fue internado en un campo de concentración, con toda la dureza que eso implica, pero su realidad en Viena y después en Londres tampoco fue fácil en ningún aspecto. Además, en esas circunstancias, ya era una persona grande y estaba francamente enfermo, con un cáncer que avanzaba de manera exponencial y que generaba mucha incomodidad.

-Los sueños y su interpretación es uno de los aspectos que suele motivar más curiosidad dentro de la producción de Freud, ¿no?

-Freud decía que el sueño es la vía regia, la calle más importante para llegar al fondo de nuestro inconsciente, de nuestro It. Es, en verdad, un espacio privilegiado para descubrirnos. Su recomendación es que el psicoanálisis siempre sea llevado a cabo por una persona externa que nos ayude a superar nuestros bloqueos y nuestros propios mecanismos de defensa. Lo que pasa es que Freud hizo grandes contribuciones a la teoría psicoanalítica precisamente autoanalinzándose y analizando los propios sueños. Claro, para ello se requiere de una técnica, de una maestría, que pocos tenemos a mano.

-Por eso mismo hay que recurrir a un profesional.

-La recomendación es recurrir a un psicoanalista, para que tenga una mirada experta que nos permita descubrirnos a través de los sueños. Una de las cosas que nos dice Freud es que muchas veces tendemos a autoengañarnos, a mentirnos a nosotros mismos. No queremos reconocer ciertas tendencias en nuestro ser. Por lo tanto, suele resultarnos muy difícil interpretar nuestros propios sueños. Tendemos a falsearlos, a dulcificarlos; a desviar la mirada, incluso.

-Como doctor en Filosofía, ¿usted se analiza? ¿O se ha analizado alguna vez?

-Nunca me he psicoanalizado. Mi pasión por Freud viene más bien de la línea filosófica: descubrir la concepción antropológica que hay detrás de él, su concepción sobre la sociedad, el arte, la religión. Me interesa más esta dimensión metapsicológica, filosófica, que su principio de curación o terapéutico. No lo discuto, tiene un valor indiscutible. Lo que pasa es que mi profesión me ha llevado más hacia otro rumbo.

-De todos los discípulos o derivados de Freud, que son muchos y muy potentes, ¿quién sería hoy, a esta altura del siglo XXI, el representante con mayor relevancia dentro de las teorías psicoanalíticas?

-Hablar del psicoanálisis como una doctrina unificada es un engaño. El psicoanálisis ya en tiempos de Freud se diversificó en lecturas muy diferentes. La primera gran disensión del movimiento fue la de (Carl) Jung, en 1912. El conglomerado es muy amplio. Resulta difícil decir un autor. Indiscutiblemente la escuela lacaniana es de las más potentes que existen. Además, es interesante por su diálogo con las tendencias filosóficas de primer nivel, como el estructuralismo, muy en boga en tiempos de (Jacques) Lacan. Esa línea es particularmente interesante y fecunda.

-Freud figura en un pedestal entre los intelectuales. Se lo ubica, incluso, entre los maestros de la sospecha, junto a Nietzsche y Marx. ¿Por qué deberíamos considerarlo, pues, como uno de las mentes relevantes del siglo pasado?

-Efectivamente, está en diálogo con los grandes pensadores del siglo XIX e, incluso, del siglo XX. Freud es importante desde el punto de vista de la corrección de una tendencia histórica y en la línea de la duda que proyectan sobre nuestra cultura Nietzsche y Marx. Lo que hace él, de manera muy significativa, es demostrarnos, de una manera muy clara, incluso, desde un punto de vista científico, con base clínica, que nuestra razón, esa facultad que Occidente había puesto en un pedestal, verdaderamente opera poco en nuestra existencia; y que son otros aspectos de nuestra psiquis los que nos mueven, los que nos determinan, los que nos construyen de una manera determinada. O sea, lo significativo desde un punto de vista filosófico es la crítica que ejerce Freud sobre nuestra facultad racional porque sitúa al hombre en su verdadero ser y no en una ilusión. Es pensar al hombre en su carne y hueso.

-¿Por qué Freud, cuando salió a mostrar su pensamiento y sus teorías, no fue tan reconocido?

-La situación de Freud en Viena, es verdad, no era plenamente reconocida. Eso tiene una explicación muy clara. La forma de vida vienesa era básicamente burguesa, con una moral extraordinariamente puritana y las tesis de Freud atacaban sus bases. La importancia de la sexualidad que él ponía sobre la mesa despertaba muchas incomodidades.

-Uno entiende que la sociedad de la época, que la gente, pueda ser conservadora y hasta prejuiciosa. ¿Pero, por que los científicos también lo eran? Fueron, muchos de ellos, contra Freud como pasaría, años después, con Masters y Johnson. ¿Por qué el ámbito académico, incluso, reacciona de manera pacata?

-Nosotros tendemos a pensar generalmente que la ciencia es un análisis objetivo, neutro, sobre los hechos. El caso de Freud nos demuestra que la ciencia, en su contexto, estaba también muy mediada por una determinada consideración moral, de carácter puritano, burgués. Esto nos da que pensar porque nos pone sobre la mesa el factor, la influencia que puede tener la mirada científica. Incluso podemos pensar si nuestra ciencia peca de una cierta visión parcial. Indiscutiblemente la psiquiatría, la ciencia del contexto de Freud, estaba muy influencia por un prejuicio moral en relación a la sexualidad, al deseo, al cuerpo.

-Está claro que a los disruptivos nunca les resulta fácil desempeñarse en el mundo científico o en cualquier otro contexto.

-Sí, es cierto. Construimos ciencia en base a determinados paradigmas que son difíciles de poner en cuestión, de romper. Hay una inercia, incluso, en el pensar científico, en el pensar filosófico. Y estas mentes tan lúcidas que tienen la capacidad de poner en duda el marco general, a veces son repudiadas, vilipendiadas, menospreciadas, por la ciencia ortodoxa. El libre pensador, como lo fue Freud, que se atrevió a cuestionar aquello que parecía incuestionable, enfrenta una oposición generalizada, sí, claro.

-¡Había que atreverse!

-Era muy valiente. Siempre he dicho que una de las cosas que más me fascina de Freud era su valentía, esa lucha sin descanso para combatir unas ideas que se le manifestaban como completamente falsas.

-Pregunta didáctica al profesor: pensando en alguien que quiere iniciarse en la lectura de Freud, ¿cuál de sus textos sería la puerta de entrada más aconsejable?

-Su literatura es apasionante, pero es verdad que a veces resulta difícil en algunos puntos. Por momentos es muy técnica, muy médica. Ese libro tan célebre, La interpretación de los sueños, es el que mucha gente coge en primer término. Yo diría que no es el libro de entrada al pensamiento de Freud. Recomiendo otro que publicó un año después, Psicopatología de la vida cotidiana. Es muy ameno, muy fácil de leer porque está analizando constantemente casos. Y lo que hace Freud allí es poner en evidencia que en los lapsus, los errores, las equivocaciones, puede haber una verdad sobre nosotros, nos permiten descubrir deseos ocultos en nuestros ser.

-Pues bien, pasada la etapa de iniciación, si tuviera que quedarme con un solo título de Freud, el central, según usted, de toda su importante producción, ¿cuál sería?

-Para mí, indiscutiblemente, el libro magistral es El malestar en la cultura, que Freud publicó en 1930. Es su gran contribución. De primerísimo nivel. Pero, tengamos en cuenta que pongo sobre la mesa el hecho de que yo siempre miro a Freud desde una perspectiva filosófica.

-Por último, y saliéndonos de Freud, ¿quién es hoy su pensador contemporáneo preferido, el que más lee en estos días?

-No sé si considerarlo el pensador más importante, pero últimamente estoy leyendo bastante a Byung-Chul Han. Estoy entrando en su filosofía. Es uno de los pensadores que estoy trabajando más. Lo encuentro interesante, incluso, para el gran público.

-¿Qué destaca en él?

-Que es un filósofo de lectura amena y accesible. Nos permite pensar el presente de una manera crítica y lúcida.

-¿Junto a ese pensador oriundo de Corea podríamos colocar al israelí Yuval Noah Harari?

-Exactamente. A veces las perspectivas fuera de la estricta cultura occidental nos permiten proyectar una mirada interesante sobre nosotros. Pero la verdad es que Byun-Chul Han tiene también una formación muy europea, muy germánica, incluso, muy heideggeriana.