Hace varios años comenzó a extenderse en el país el uso del adjetivo "importante" para acompañar términos coloquiales como "pelotudo", "boludo" o "choto. Por ejemplo," un pelotudo importante" fue una frase que pegó sobre todo en sectores medios.
Patricia Bullrich alborotó la semana con la "emocionalidad importante" del presidente
Un sustantivo ("emocionalidad") usado por Patricia Bullrich al hablar del carácter de Javier Milei se complicó cuando lo juntó con un adjetivo ("importante"). Ahí sobrevino otra lectura política

Patricia Bullrich, jefa de los senadores nacionales de La Libertad Avanza, se ha convertido en la oficialista más frontal ante el presidente. Cree que Manuel Adorni ha minado la confiabilidad en el gobierno.
Definición nacida seguramente en algún ámbito cool, pasó de boca en boca y se transformó en un latiguillo dispuesto a mofarse de algunas personas consideradas poco avispadas. Parte de la aceptación que tuvo esa frase radicó en un artero uso de la contradicción, un juego entre lo insignificante y lo relevante.
"Un boludo importante" contenía sorna y acidez, portaba contundencia y -supuestamente- le otorgaba a quien la profería una supuesta habilidad al hablar de forma despectiva y punzante de otros.
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Entre los sectores medios que comenzaron a usar este recurso estuvo el de la política partidaria. En las conversaciones internas y maliciosas de las cofradías partidarias, los senadores y diputados pasaron -por caso- a definir a algunos de sus pares como "chotos importantes". También fueron incluidas no pocas damas, a quienes -aseguraban- les calzaba el mote de "boludas importantes".
Aquel que lanzaba esos comentarios se consideraba a sí mismo como ocurrente, ingenioso e incluso audaz. No sería extraño que la idea hubiese nacido en el ámbito de la publicidad ya que parece construida para llamar la atención.
Personalidad
La primera parte de la columna nos lleva a introducirnos en el mundo de la ínclita senadora nacional Patricia Bullrich, jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Congreso Nacional y, día a día, la oficialista más frontal contra Javier Milei en busca de que el presidente se saque de encima al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, investigado en la Justicia por presuntos casos de corrupción.
Bullrich ha contado que habló personalmente con Milei sobre el lastre que significa Adorni. Y que también intentó hacerlo en la famosa reunión de Gabinete donde el presidente la habría hecho callar. Cuando trascendieron los pormenores de este último encuentro, la susodicha tuvo que salir a dar la cara.
Ahí fue donde pronunció una frase que ha estado rondando durante toda la semana política. Bullrich resumió todo ese ir y venir tirante con el presidente en un concepto que generó intriga política: "El presidente tiene una emocionalidad importante".
¿Qué quiso decir? ¿Qué el carácter explosivo del mandatario no tiene que alarmar porque es parte constitutiva del Milei por todos conocido? ¿O por el contrario dejó entrever que en esa "emocionalidad importante"hay algo más inquietante?
En el video con sus declaraciones, que se viralizó, Bullrich dice esas dos palabras y se da cuenta al mismo tiempo de que pueden generar dudas. Entonces aclara que "no fueron gritos" lo que vertió el presidente en la ardiente reunión de Gabinete donde ella fue invitada a callarse por el jefe del Estado.
Lo cierto es que un sustantivo abstracto ("emocionalidad") expresado por Bullrich con referencia al carácter profundo de Milei se vio complicado por un pícaro adjetivo ("importante"). Una yunta similar ("pelotudo importante") es la que el conventillo político suele usar para, elípticamente, defenestrar a otros pares.
El asunto hizo un ruido fenomenal ya que no faltaron quienes leyeron que había una estudiada contradicción en las palabras de la senadora. ¿Puede una "emocionalidad" explosiva como la del presidente de la Nación ser un dato político "importante" en el sentido positivo del término?
El ropero
Hubo entonces que apelar al ropero de eufemismos de atenuación, ese que todo gobierno tiene debidamente stockeado, para no generar "un mundo". Sin embargo, ese mundo emergió como una mínima Atlántida de Platón.
En efecto, algo ha quedado rondando. La forma de gestionar las emociones por parte del presidente ha empezado a ser indagada con más atención por parte de la ciudadanía. Es como que nos obligó a ponernos en guardia.
El asunto ha hecho su aporte para que la crisis política generada por la insistencia presidencial en mantener a Adorni sume nuevos capítulos. E incluso temporadas.
La "emocionalidad importante" del primer mandatario de la Nación ha quedado fijada como tema del conversatorio ciudadano. Y otra vez un problema es traído a primer plano por una de las figuras más conocidas del propio oficialismo.
Lo dicho: el calificativo "importante" ha sido durante mucho tiempo usado por algunos sectores en sentido antagónico al que realmente posee. El habla popular se puso a jugar con palabras y marcó que la expresión coloquial "pelotudo" podía ser más hiriente si le adosaban un calificativo bien formal como "importante".
Entonces cuando Bullrich habló de la "emocionalidad importante" del jefe de Estado abrió una caja de Pandora, es decir generó problemas en apariencia no buscados. Y muchos pararon la oreja porque entendieron que, efectivamente, podía haber allí un mensaje para descifrar.