Escribo estas líneas desde mis ideales, desde la esperanza, desde mi compromiso, desde mis orígenes, desde mi formación familiar. Soy profesional de la salud, pero no alcanza. Sé que no alcanza. He visto el sufrimiento de la gente de cerca porque estuve al frente de un hospital público varios años. He convivido con las enfermedades y con las situaciones más crueles y penosas que pueden tener los seres humanos. Si el Covid 19 puso al mundo de rodillas, a quienes éramos trabajadores esenciales de la salud nos puso a hablar de frente con la muerte, sabiendo, por ejemplo, que al volver a casa, podíamos contagiar a los seres que más queríamos.
No soy de ninguna casta, me llamo Fernanda
Los sabios aprenden sin necesitar la experiencia y los que somos menos sabios, necesitamos que la vida nos acerque una lección para aprender. Esa lección me llegó y fue, antes de la pandemia, de la mano de una cruel enfermedad que me enfrentó a mí misma para saber qué haría yo para encontrar mi destino. Hubiera querido encontrar ese destino sin necesitar del hecho que provocó mi aprendizaje, pero eso no lo puedo cambiar, aunque sí pude saber qué era lo que yo podía hacer con aquello que las circunstancias habían hecho de mí.
Así fue que, después de dieciocho años de ejercer mi profesión con orgullo y dedicación, decidí comenzar a estudiar Gestión y Administración en Salud, porque necesitaba capacitarme lo suficiente como para tener la posibilidad de ayudar desde el lugar que me tocara hacerlo. Entonces me incorporé a la política. Sentí mi vocación. Jamás quise pertenecer a una casta o elite con el objeto de conseguir privilegios personales. Reconozco que la política a menudo ha sido asociada a los intereses mezquinos y a la desconexión que algunos políticos tienen con la realidad de la gente. Yo quise y quiero desafiar esa percepción enfocándome en la transparencia, la empatía y la autenticidad con la que hago mi trabajo de legisladora. No pertenezco a ninguna casta, ya lo dije, pero conviene que lo repita.
Cuando alguien habla demasiado de moral, yo desconfío, quizás porque he visto a muchos que hablan de un modo pero piensan y viven de otro modo. Lo mismo me pasa cuando escucho a los que hablan de casta, me da la impresión que en el fondo lo que quieren, es imponer su propia casta para dejar al pueblo sin nada, ni siquiera con esperanza. Sé que hay una crítica que hacerle a la política: la inacción, la desidia, la falta de convicción y el oportunismo de algunos políticos, han dañado la tarea representativa y han socavado dolorosamente las simientes de nuestra democracia.
Desde mi lugar como legisladora, quiero llegar a ser una voz que sea el eco de las preguntas, de las preocupaciones, de las carencias y de los sueños que tienen las personas de a pie que viven en la invisibilidad. Quiero llegar a ser el eco de las quejas y también el de las soluciones. La inflación -responsabilidad del actual ministro de economía y candidato presidencial- está destruyendo a los argentinos y sobre todo, a los que menos tienen. La pobreza y la indigencia, que se expresan en porcentajes de una fría estadística, alcanzan valores tristemente históricos y se sientan todos los días a la mesa de nuestros hermanos.
Quiero soluciones prácticas. Quiero un cambio. Trabajar, tener seguridad y salud, ir a la escuela, programar un futuro o confiar en la Justicia no deberían ser solo aspiraciones legítimas de la gente sino hechos consumados, hechos ya realizados.
¡Pero no se ponen ladrillos con una motosierra! ¡No se construye la vida haciendo una apología de la muerte! ¡No se hace una democracia sin escuchar al otro!
Mendoza sigue siendo un ejemplo de institucionalidad que busca -y lo va logrando- consolidar su orden económico, social y público. Ejemplo de esto último es la boleta única para votar, con la que terminamos con el clientelismo político. ¿Esto también es un logro de la casta? El país entero mira este avance para imitarnos. Las nuevas tecnologías y la digitalización de procesos es un hecho que ha llegado a todo el sistema integrado de salud de la provincia y también a otros organismos de la administración pública. En Mendoza la modernidad ha llegado para quedarse.
En mis primeros pasos en política recibí el apoyo generoso de personas con las que compartí una misma mirada positiva del cambio. Tuve cerca a dirigentes que confiaron en mí, mendocinos y mendocinas que hacen de la política una herramienta de transformación, gente que cree en la posibilidad de conseguir un mundo más amable y mejor para todos. Soy mujer, con todo lo que eso significa: a veces tenemos que esforzarnos un poco más para conseguir lugares de conducción. De allí que la resiliencia en las mujeres sea una condición esencial para la permanencia. Y así, esforzándome, multiplicándome, descubrí que la pasión y el compromiso rompen barreras y abren nuevas oportunidades para concretar cambios en la sociedad.
Nadie logra un objetivo superior sin la ayuda de otros. Cuento con un equipo de hombres y de mujeres que me ayudan todos los días a ser un poco mejor. Ellos también me definen. Yo espero junto a ese equipo, desde la acción parlamentaria, poder contagiar a otros con este interés que tenemos en trabajar por nuestros vecinos, por nuestros comprovincianos, por nuestros compatriotas. Es justamente cuando el camino se pone pedregoso y cuesta arriba cuando hay que contagiar de esperanza al compañero de ruta.
No pertenezco a ninguna casta, me llamo Fernanda.
* María Fernanda Sabadin es senadora provincial.


