Análisis y opinión

¡Niiiiiiiño, qué batacazo se mandaron el domingo!

Con los sanjuaninos somos parecidos, pero diferentes. Cada uno con sus valores y sus piojos. Nos estimamos y a la vez nos recelamos, como pasa entre hermanos

Quienes tengan añosos lazos familiares o de amistad con San Juan, seguramente guardarán recuerdos de las vacaciones o viajes a esa provincia durante la niñez. Eran épocas en las que se challaba tupido en las calles; o se iba al cine Jardín que funcionaba al aire libre (donde este columnista vio "Gerónimo, sangre de apache", con Chuck Connors), o de la consabida visita a la quebrada de Zonda, donde Sarmiento escribió en una roca: "las ideas no se matan", pero en francés.

También guardamos memoria de las jornadas de pileta en el club Ausonia, o de las escapadas al dique Ignacio de la Roza, de las visitas al campanario de la nueva Catedral o al auditorio Juan Victoria que se estaba terminando. Algunos sanjuaninos afirmaban por entonces que su ciudad era como la Brasilia argentina, levantada casi desde cero tras el terremoto del 15 de enero de 1944.

La tonada con la que hablan nuestros vecinos es única. Sus interjecciones, tipo ¡Niiiiiño!, son inolvidables, tanto como el chuncano ¡caiaaaaate! mendocino. En aquellas visitas nuestros primos sanjuaninos nos decían ¿"nos tiremos"? para invitarnos a zambullirnos en la pileta. En San Juan comíamos semitas (tortitas) y a las zapatillas les decían "championes". ¿Le dirán ahora championes a las Vans?

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Nuevo gobernador electo de San Juan, Marcelo Orrego.

Nuevo gobernador electo de San Juan, Marcelo Orrego.

Es notable cómo el terruño nos marca a fuego y nos condiciona con sus maneras, con su idiosincrasia. Con los sanjuaninos somos parecidos y a la vez distintos. Los sanjuaninos vienen con su sello de agua. Tienen, como nosotros, la impronta de las gentes del desierto, con un indisimulable costado conservador. Fíjese lector/a, que cuando se tiene poco, cuando la naturaleza no ha sido tan pródiga y el agua no sobra, uno tiende a ser cuidadoso.

Pero no es lo mismo lo sanjuanino que lo mendocino. Cada uno con sus valores y sus piojos. Nos estimamos pero a la vez nos recelamos, como pasa entre hermanos.

Dentro de esas particularidades, podría decirse que el mendocino suele mostrarse un poco más expansivo. Tal vez influya el hecho de tener más territorio, más habitantes, más conexiones con el resto de la Argentina y con Chile, o más peso político ante el país.

Los sanjuaninos imponen su carácter. Eso los ha llevado a tener en su historia movimientos políticos de fuerte arraigo local, rubro en el que se ha destacado el bloquismo creado por Federico Cantoni a comienzos del Siglo XX, como un desprendimiento del radicalismo y que tuvo peso durante toda esa centuria. El cantonismo aún anda diluído en los frentes que va recreando el peronismo.

La conexión

Pues bien, en esa provincia a la que nos unen tantas cosas hubo el fin de semana pasado elecciones a gobernador y el resultado fue un batacazo político. Una mayoría de sus ciudadanos decidió que había que terminar con 20 años de peronismo (tres gobernaciones del incombustible José Luis Gioja y dos de Sergio Uñac) y eligió como nuevo gobernador al candidato de Juntos por el Cambio (JxC), Marcelo Orrego, quien es actualmente diputado nacional por esa fuerza.

Orrego, abogado, 48 años, creció políticamente bajo el ala del dirigente justicialista Roberto Basualdo pero en 2005 ambos formaron un partido provincial, "Producción y Trabajo", con el que Orrego fue dos veces intendente de Santa Lucía. Con la llegada de Cambiemos a la Casa Rosada estos sanjuaninos se asociaron a la entente de macristas, radicales y lilitos y fueron legisladores nacionales. Ese derrotero los ha llevado hasta el bombazo dominguero del que ha hablado el país.

Por apariencia, Orrego parece primo del actual mandatario, el peronista Sergio Uñac. Similar forma de vestir y de cortarse el pelo. El electo sonríe con un poco más de facilidad gardeliana. Orrego está hoy en Juntos por el Cambio, pero sus comienzos fueron peronistas, porque como decía Perón de manera cuasi canallesca: "En realidad, en la Argentina, peronistas somos todos".

Si San Luis ha decidido desprenderse de los Rodríguez Saá después de casi 40 años de unicato, y si la tradicionalista San Juan les ha pedido a los peronistas que se corran de escena para probar otra cosa, son señales demasiado poderosas como para no tenerlas en cuenta.

Cuando este columnista se puso a escribir sobre las elecciones de San Juan, tenía en mente un artículo normal, clásico, de opinión. Pero pronto se dio se dio cuenta de que todo lo que se le venía a la mente se relacionaba con sus experiencias de niñez en esa provincia donde nació y se crió Sarmiento, uno de los hombres más geniales y jodidos de la historia argentina

El escriba se percató entonces de que tenía con San Juan muchas más conexiones de las que él creía. Y se dio cuenta de que lo ocurrido con la elección sanjuanina lo había movilizado, como cuando por alguna razón le ha tocado hablar de Palmira, su pueblo natal.

Queda para otra columna un análisis más profesional, si usted quiere, de este fenómeno político que se ha dado en San Juan. Permítaseme este recreo emocional.