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Ni amor ni espanto, se unieron por el interés común

El caso del salvataje de IMPSA es un ejemplo de que cuando se quiere, se puede consensuar

La necesidad de sostener a IMPSA, la emblemática empresa de tradición mendocina con proyección internacional, logró orientar hacia un mismo objetivo a oficialismo y oposición.

Las autoridades locales y nacionales coinciden en que se trata de una compañía estratégica para el desarrollo del país, que aporta gran valor agregado, aplica conocimiento, tecnología, motoriza otras empresas concatenadas, genera puestos de calidad y promueve exportaciones.

En eso fueron claros tanto el gobernador Rodolfo Suarez como el ministro Matías Kulfas, sobre una iniciativa que tuvo mayoría abrumadora en la Legislatura.

"IMPSA vuelve a ser un referente internacional en materia de energía para la exportación de productos industriales de alto valor agregado. Su alto nivel de especialización y calificación es reconocido a nivel mundial. El apoyo de los estados nacional y provincial permitirá producir y exportar talento, promover empleo, y potenciar una cadena productiva de más de 100 pymes", destaca el CEO de IMPSA, Juan Carlos Fernández.

Las características únicas de la empresa y el modelo de capitalización explican la distancia que hay con otros casos, como el frustrado proyecto de estatización de Vicentín. En consecuencia, por esta vez, el interés común quedó por encima de las pujas partidarias y se tendió un puente sobre la grieta. Valoremos el consenso y la voluntad de acordar que no abundan por estos tiempos.

Regreso a la escuela

La vuelta a la fase anterior a partir del lunes traerá nuevamente las indeseables disputas en torno a la presencialidad escolar.

Aclara el titular de la DGE, José Thomas, que en verdad implica la asistencia diaria de apenas poco más del 30 por ciento de estudiantes por los protocolos y las "burbujas" que se ponen en práctica.

No obstante, se sigue evaluando si será necesario adelantar las vacaciones, lo que permitiría ganar tiempo para la campaña de vacunación. Igualmente, en el Gobierno están convencidos de que no es la escuela el vector de los contagios, al menos la primaria y los primeros años del nivel medio. Además, si adelantan las vacaciones escolares después habría que tomar clases en pleno invierno.

Al mismo tiempo, el gobierno escolar está poniendo foco en la franja etaria que va de 15 a 18 años, a la que consideran más expuesta por la actividad social que desarrolla fuera de la escuela. En esos casos podría adoptarse la modalidad virtual hasta que pase el pico de contagios.

Dada la situación de la pandemia, no hay formato que deje conformes a todos, lo que se pone de manifiesto a través de las opiniones enfrentadas que circulan por diversas vías. Lo mismo sucede en el ámbito de los colegios que dependen de la Universidad, que han optado directamente por la virtualidad.

Gobernar es disputar

En el plano político, cuando no, otra vez volveremos a ver cómo se dividen las aguas en el país entre el oficialismo, que quiere mayores restricciones, y la oposición, que pugna por la apertura. La presencialidad educativa será nuevamente un tema de disputa entre Fernández-Kicillof y Rodríguez Larreta, cuyas esquirlas llegarán hasta Mendoza.

La batería de medidas armonizadas entre todos los actores es parte de lo que ha brillado por su ausencia en esta pandemia. Más bien, todo el tiempo, las disposiciones han servido para chicanear al adversario sobre cuál es mejor o peor en la gestión de la crisis.

Las controversias no son privativas de nuestro país, pero ya que aquí estamos encabezando los peores ránkings de la pandemia, la dirigencia política podría hacer un mayor esfuerzo por el diálogo y el consenso, algo que sólo ocurrió las primeras semanas del confinamiento del año pasado.

Vacas flacas

La administración y la distribución de los recursos tendrían que seguir indicadores objetivos para participar a las provincias con finanzas detonadas por caída de la actividad económica. La pérdida de poder adquisitivo de los asalariados, más el daño al turismo, a la gastronomía, y otros rubros que están sufriendo por las restricciones, arrastran al mismo tiempo a las finanzas del Estado.

La asistencia guiada por criterios discrecionales del gobierno central impacta negativamente en provincias que no son afines políticamente y, además, no alineadas automáticamente a los DNU presidenciales, como es el caso de Mendoza.

Como están las cosas, la Provincia no está alcanzando la recaudación necesaria frente a sus compromisos financieros, por lo cual el gobierno de Suarez anunció el lanzamiento de bonos de "emergencia" por 3.000 millones de pesos, y la licitación de una letra por más de 6.000 millones. Son recursos que le da el oxígeno necesario para cumplir con los proveedores y vencimientos de deuda de este año, mientras se gana tiempo hasta que la economía pueda sobreponerse.

Con una inflación cercana al 3,6 por ciento para mayo, según las consultoras, la curva del costo de vida está lejos de aplanarse, y el consumo sufre sus consecuencias. El alivio en el Impuesto a las Ganancias se espera que sea un pequeño aliciente para el mercado, lo mismo que el bombeo de recursos que se espera que el gobierno de Fernández vuelque antes de las elecciones, pero todo es demasiado módico para que se aguarde una reactivación significativa.

Destacados analistas económicos vaticinan que además de un plan que genere previsibilidad, es prioritario salir cuanto antes de la parálisis de la pandemia que hoy golpea al país de la manera más dramática. Más vacunas y cuanto antes, es la fórmula sobre lo que hoy se asienta lo demás.

Es evidente cúanto distancia al oficialismo de la oposición en todos los planos, en particular en la gestión de la pandemia, pese a la excepcional uniformidad que adoptaron todos los gobiernos en las restricciones que finalizan ahora.

Mientras tanto, Alberto Fernández está a un puñado de votos en Diputados para conseguir los superpoderes que le otorgarían facultades extraordinarias por encima del Congreso y de los gobiernos provinciales. De lograrse, más que un paso en la gestión de la pandemia, se impondría definitivamente la discrecionalidad sobre la búsqueda del consenso.

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