Análisis y opinión

Mostrar la hilacha

Mostrar la hilacha se ha vuelto una insana costumbre entre buena parte de la dirigencia argentina, especialmente cuando pierde elecciones y debe entregar el poder. En Mendoza no nos quedamos atrás

Si ganan, se ponen las mejores galas y disfrutan de ser el centro de la escena. Entonces, ahí sí, juran por Dios y la Patria y aceptan que de no hacer las cosas bien serán demandados. Pero si pierden, ahí es otro cantar.

Es que si pierden y/o se la ven venir fulera, entonces no van. Caprichos al por mayor.

O van con caras y gestos que rozan el desparpajo, la grosería y la falta de respeto, esencialmente para el votante, ese cliente al que acuden cada cuatro años -o dos, según toque el calendario electoral- mostrándole la mejor para seducirlo hasta que clink caja, buena suerte y hasta luego.

El fin de semana de recambios institucionales nos dejó varios ejemplos.

Cristina, en la asunción de Javier Milei, hizo, como siempre, una vez más, la suya: manitos en los bolsillos, observaciones por doquier para el sucesor de Alberto Fernández, ninguneo total hacia la vicepresidenta Victoria Villarruel y el índice mayor en alto antes de perderse en la más absoluta ciudadanía, léase ex mandataria que se quedó sin fueros.

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Cristina se va de la asunción de Javier Milei y Victoria Villarruel con el gesto de Fuck You.

Cristina se va de la asunción de Javier Milei y Victoria Villarruel con el gesto de Fuck You.

El besito de compromiso con el Alberto ya ex presidente y en retirada fue una muestra más de desprecio hacia él.

¿Y las investiduras? ¿Y esos roles que les fueron conferidos por la ciudadanía y que les permitieron llegar hasta ahí? ¿No ameritan ni un ápice de respeto o buena convivencia hasta digerir el sapo en otro lado y momento?

En Mendoza, lamentablemente, algunos también mostraron la hilacha.

Vamos por orden cronológico. El sábado, durante la Asamblea Legislativa y jura de Alfredo Cornejo como gobernador de Mendoza, la que dio la nota fue Janina Ortiz, diputada provincial por el demarchismo.

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La Asamblea Legislativa, con diputados y senadores e invitados, durante la asunción de Alfredo Cornejo como gobernador de Mendoza.

La Asamblea Legislativa, con diputados y senadores e invitados, durante la asunción de Alfredo Cornejo como gobernador de Mendoza.

Que la relación política y personal entre la lasherina y su esposo, Daniel Orozco, se fue al infierno tras el portazo de éste al Frente Cambia Mendoza es real y comprensible. ¿Pero qué culpa tienen quienes votaron por Janina Ortiz en las legislativas a pesar de que ella gambeteaba -exitosamente- todas las citaciones ante la Justicia?

Ser legislador también implica ir a trabajar, especialmente en una Asamblea Legislativa, no solamente bañarse en fueros parlamentarios que signifiquen protección y hacer lo que se les da la gana.

Parece que Janina se contentó con la foto del diploma de legisladora electa, para la que sonrió -mirando a cámara- como diciendo ¿Vieron que ya tengo fueros? Porque a la primera cita laboral ineludible, digan lo que digan, faltó.

Luego, en Rivadavia, fue el turno de Miguel Ronco, que directamente no fue a la asunción de Ricardo Mansur, quien lo sucedió en la intendencia.

El desplante llegó precedido de fuertes cruces por la caja y las cuentas del departamento y la imposibilidad, según Mansur, y la posibilidad, según Ronco, de que el festival Rivadavia canta al País 2024 se hiciera o no.

Le gustó ir a Ronco cuando asumió hace varios años. Claro... había ganado y las mieles del triunfo desbordaban. ¿Y en la derrota? A las pruebas me remito.

El capítulo mendocino de desplantes culminó el lunes a la tarde en Las Heras con Orozco como protagonista directísimo aunque por ausencia flagrante.

Al cierre de 8 años de gestión, el médico -que en 2015 le dio un triunfo resonante a Cambia Mendoza- ni asomó por el acto de asunción de su ex secretario de Obras, Francisco Lo Presti, que se apegó al cornejismo.

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Francisco Lo Presti y Alfredo Cornejo en Las Heras el lunes a la tarde.

Francisco Lo Presti y Alfredo Cornejo en Las Heras el lunes a la tarde.

¿Y toda esa gente que defendió a Orozco con cartelería y coreo vistosa y precisa en las puertas de la comuna en épocas de ebullición política?

Mostrar la hilacha se ha vuelto una insana costumbre entre buena parte de la dirigencia argentina, especialmente cuando pierde.

Como cuando éramos chicos y el dueño de la pelota daba por terminado el partido cuando se la veía fulera. Caprichos. Faltas de respeto.

Como si el traje, es decir el cargo a instancias del voto popular, les hubieran quedado grandes. Demasiado.

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