Análisis y Opinión

Mendoza y Portezuelo caen en las redes del perro del hortelano

Cuando el año que viene se vote, Mendoza ya habrá cobrado 700 millones dólares de la compensación por los 1.023 millones que debían ir a Portezuelo

Cuando en agosto del 2023 lleguemos a la batalla electoral de las PASO, Mendoza ya tendrá guardados alrededor de 700 millones de dólares de la compensación económica por los daños que nos generó aquella promoción industrial que en la década del '90 rigió en las provincias de San Juan, San Luis, La Rioja y Catamarca

Esos fondos, que la Nación le está depositando a Mendoza cada tres meses a razón de 50 millones por vuelta, y que deben llegar en 2025 a un total de 1.023 millones de dólares, tienen por finalidad (o tenían) la construcción de la obra hidroeléctrica Portezuelo del Viento sobre el río Grande, en Malargüe.

Es un proyecto que la Nación y las provincias del Comité del Río Colorado (Coirco), de filiación peronista, han logrado frenar aduciendo que le faltan estudios ambientales, los cuales ya fueron realizados y aprobados en su momento. Dos de los cinco estudios fueron concretados por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y otros dos por universidades argentinas.

El Presidente ya anunció en Santa Rosa (LP) que va a laudar en contra de Mendoza y a favor del reclamo de La Pampa, Río Negro, Neuquén y provincia de Buenos Aires que reclaman una nueva auditoría ambiental para Portezuelo. Acceder a eso demandaría por lo menos dos años más de estudios y no resolverá la pelea, por lo cual se da al proyecto poco menos que caído, al tiempo que se han activado otros proyectos hídricos que permitan poner a Mendoza a la avanzada en el uso del agua y del riego en la Argentina, algo que ya preveía el acuerdo compensatorio cuando se actualizó en la presidencia de Mauricio Macri y la gobernación de Alfredo Cornejo.

Nos metieron el perro

Que Mendoza, gobernada por radicales, tenga esos ahorros genera una fuerte inquietud en el peronismo tradicional y en el kirchnerismo bajo los argumentos de que ésta provincia pudiese, por un lado, usarlos en algún sucedáneo de los "planes Platita" a los que el oficialismo nacional es afecto en épocas de campaña. Y por el otro lado, porque sospechan que si las obras de Portezuelo se pusieran en marcha en 2023 serían un argumento poderoso para Cambia Mendoza en la campaña electoral.

Es decir, que tenemos a la Nación y al Coirco como versiones actualizadas del perro del hortelano, ése que no come ni deja comer.

Hay que admitir también que los avatares de la presa de Portezuelo han sido alcanzados por fuego local ya que se han conocido opiniones adversas de políticos y especialistas muy conocidos (Rodolfo Gabrielli, Arturo Lafalla, Miguel Mathus Escorihuela, Alejandro Pérez Hualde, Aldo Guarino Arias). Para algunos de estos, Portezuelo es una obra que quedó desactualizada por el cambio climático, para otros debería ser revisada la forma de encarar esa inversión para no quedar presa de los humores políticos de la Casa Rosada.

Esa sociedad

La compensación económica que está percibiendo Mendoza tiene una larga historia. En 2006 la Provincia estaba a punto de ganarle un juicio millonario a la Nación en la Corte Suprema. Néstor Kirchner, como presidente, y Julio Cobos como gobernador, arribaron en agosto de ese año a un pacto extrajudicial, que en realidad escondía lo que iba a ser una inminente sociedad política entre ambos, y que culminaría con la fórmula presidencial Cristina-Cobos en 2007.

Aquel acuerdo fijó que el destino de dichos fondos debía ser la construcción de la presa hidroeléctrica Portezuelo del Viento sobre el río Grande, en Malargüe, a la que le colgaron el sambenito de "la obra del siglo" en esta provincia. Habíamos empezado mal.

Pasaron los años en medio de dilaciones, la mayoría de ellas causadas por la necesidad del kirchnerismo de castigar a Mendoza a raíz del desplante del vicepresidente Julio Cobos que en 2008 votó en contra del aumento de las retenciones a los productores de soja, "para preservar la paz social" y desactivar la "guerra del campo" entre los Kirchner y el agro.

Plata santacruceña

Hoy en el kirchnerismo están más que alertas. A muchos de ellos no les gusta nada que el presidente Alberto Fernández termine "favoreciendo" a un gobierno de Juntos por el Cambio, justo en un año electoral.

Es que el hecho de contar en momentos como estos con 450 millones de dólares (que se incrementan trimestralmente con lo cual para las elecciones sería de 700 millones verdes) es visto como un salvavidas más que jugoso para cualquier gobernador en un momento de restricción fuerte de fondos. La diferencia es aquí no hay ningún favoritismo.

En realidad, muchos kirchneristas tienen fresco el recuerdo de aquella millonada de dólares (521 millones) que cobró Santa Cruz por un juicio que le ganó a la Nación por regalías petrolíferas mal liquidadas y que tuvieron un destino nunca del todo aclarado cuando Néstor era gobernador de ese estado sureño

A pesar de todos nuestros piojos, si comparamos la institucionalidad de Mendoza con la de la Santa Cruz kirchnerista veremos que aquí existen los suficientes controles (la oposición, el periodismo, la Justicia, la no reelección del gobernador, entre otros) para que cualquier malgasto sea denunciado.

En cambio, en aquel Santa Cruz del gobernador Néstor Kirchner ya había sido instaurado ese personalismo populista donde los poderes democráticos quedan subordinados al Ejecutivo a través de una telaraña anti republicana.

No es lo mismo atrás que en ancas.

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