Opinión

Más tiempo de clases para lo prioritario: un mejor debate

La idea de más tiempo para los saberes esenciales ha sido criticada y puesta en cuestión sin descalificarla, sino más bien creando un consenso generalizado de que es algo positivo, con lo cual se puede avanzar en lo bueno

El Ministerio de Educación de la Nación planteó la posibilidad de sumar una hora en las escuelas primarias y despertó un debate en el cual volvieron a aparecer similares argumentos y prejuicios que en otras ocasiones. Quizás no se advirtió que la propuesta, de difícil implementación en muchos casos pero no imposible, cambia la calidad del debate.

Se instalaron dos temas claves a discutir: la cantidad de tiempo educativo y, sobre todo, que ese tiempo sea utilizado en los saberes prioritarios: lengua y matemática. Si se rastrean los tópicos en los que chapoteó el debate educativo desde el nuevo desembarco kirchnerista se advertirá que pasamos de la paritaria nacional (un engaño del tamaño de una casa que sólo sirve a ciertos sindicalistas, porque los salarios los pagan las provincias), el cierre indiscriminado de escuelas durante la pandemia y el adoctrinamiento en las aulas, entre otros, a esta nueva propuesta, que está en el corazón de los problemas educativos. Es un cambio. Por supuesto, si tiempo escolar y dificultades con matemática y lengua son tomados con la seriedad, la profundidad y el realismo que merecen. Y, además, si se cuenta con evidencias para hacer acciones efectivas. Ejemplo: como se trata de una medida compleja no hay que efectivizarla con quienes no la necesitan o la necesitan poco sino enfocar la mirada y el esfuerzo en las trayectorias educativas más débiles y por lo tanto requeridas del apoyo. Apenas surge ese latiguillo de que más cantidad no es más calidad (algo obvio) o cómo se va a ir a las 7 de la mañana a la escuela cuando todavía está de noche, no vale la pena seguir porque no está ahí la riqueza del debate.

Hemos escuchado voces que creen que esto es una medida improvisada, y tienen razón, que es para gastar más plata solamente sin garantizar efectividad, y tienen algo de razón, pero insistimos, todos esos distractores están haciendo perder el foco de discutir cómo es el mejor modo posible de implementar más tiempo para lengua y matemática destinado a niños que no aprenden a leer y escribir bien, incluso después de transitar toda la primaria y en muchos casos la secundaria, y no manejan las operaciones matemáticas básicas. Y tienen esos déficit no para ir a un concurso de preguntas y respuestas en la televisión sino para vivir, para comunicarse en la vida diaria con efectividad, para obtener un trabajo de calidad o para manejarse en las actividades económicas habituales, como comprar, donde hay que calcular y comparar en todo momento.

La idea de más tiempo para los saberes esenciales ha sido criticada y puesta en cuestión sin descalificarla, sino más bien creando un consenso generalizado de que es algo positivo, con lo cual se puede avanzar en lo bueno. Además, pensemos que la introducción de esta discusión permite mejorar la calidad del debate. Aunque no se concretara la medida ahora para todos y en todas partes, es crucial instalar la idea de que hay necesidad de mayor tiempo educativo para los saberes más importantes. Porque este debate pone en discusión también el resto del tiempo educativo actual y su utilización. Y de ahí su riqueza. Es claro que si lo que se viene haciendo es deficitario en muchos casos, como muestran los resultados a través de las evaluaciones, agregarle una hora o cinco más no producirá efecto. Con lo cual no sólo entra en cuestión lo que se podría hacer con más horas sino lo que se hace en el tiempo actual. Y eso es saludable porque es un debate que suele esquivarse. También es importante la idea de que no todo lo que sucede en la escuela tiene la misma centralidad. Hay temas como la alfabetización y la matemática que están en un escalón superior porque el resto depende de la solidez de ellas y de ahí su importancia.

Es curioso que en el contexto actual la única voz en contra haya sido la del sindicalista más tristemente célebre del país, quien denostó la posibilidad de dar más clases con el absurdo argumento de que “recarga a los docentes”. Un argumento remanido, de manual y antojadizo porque todavía no se ha planteado cómo serían las modalidades de aplicación. Pero se entiende porque sus razones, como siempre, no son que los chicos aprendan más y mejor, sino la interna de su partido y el posicionamiento del sector que representa en esta coyuntura. Y este es otro tema que algún día habría que discutir en serio: la partidización de sectores extendidos e influyentes del sistema educativo como un factor central de freno a los mejoramientos. Y ojo, en Mendoza también lo padecemos.

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Horas de clases: la posibilidad de sumar una hora en las escuelas primarias despertó un debate en el cual volvieron a aparecer similares argumentos y prejuicios que en otras ocasiones.

Horas de clases: la posibilidad de sumar una hora en las escuelas primarias despertó un debate en el cual volvieron a aparecer similares argumentos y prejuicios que en otras ocasiones.

Aprovechemos para aclarar otro malentendido. Los sindicatos dicen que no se pueden hacer agregados de horas porque, entre otras cosas, ellos no han sido consultados. Debe quedar claro que los lineamientos de política educativa los fijan el gobiernos nacional y los provinciales. Es su función. Los sindicatos defienden condiciones laborales. Es decir, podrían intervenir si se pretendiera hacer trabajar a los docentes más horas sin pagárselas. Pero de ningún modo los gremios pueden diseñar las políticas educativas. Lo cual no quiere decir que no hay que escuchar sus opiniones, aunque en la práctica es más útil oír con atención lo que dicen los propios docentes, que suelen expresarse con sentido común y desde la realidad de la escuela, que lo que vociferan los dirigentes sindicales, casi siempre alentados por intereses subalternos y raramente educativos, aunque los camuflen de tales cuando en realidad están haciendo política partidaria.

Muchos de los motivos que se han dado para argumentar que agregar más tiempo es difícil de aplicar son válidos, pero debemos empezar a comprender que el sí y el no absolutos suelen ser empobrecedores. Si todos los que opinamos con buena fe y sin intereses ocultos vemos positivo más tiempo de clase (algo que toda la investigación recomienda, salvo en sistemas que andan tan bien que no lo necesitan, lo cual no es nuestro caso) ¿por qué no se permite avanzar y se apunta a que quien lo pueda concretar no se vea privado de esa posibilidad?

Si se hace algo rígido, por ejemplo citar a todos a las siete de la mañana, es probable que la medida se haga imposible. ¿Pero qué pasaría si se buscan de poner a disposición de quienes más lo necesitan modos flexibles en espacio y horario de efectivizar más tiempo de aprendizajes? Es decir, instrumentar esa posibilidad enriquecedora para los más vulnerables y con más dificultades.

Este tipo de propuestas y las discusiones que despiertan pone a la luz una situación que no siempre se advierte: la enorme diversidad del sistema educativo que dificulta su gobierno integral. Lo cual hace muy compleja cualquier política para que efectivamente suceda. A no engañarse, proponer más tiempo de clases no quiere decir que mañana va a estar en marcha. Es algo de difícil implementación. Y es por eso que resulta conveniente ponderar y no reaccionar con un sí absoluto, sin medir posibilidades, ni con un no total, que muchas veces esconde intencionalidades no explicitadas. ¿Por qué privar de algo que es bueno a quien puede recibirlo? En este sentido Mendoza tiene un camino recorrido, pues durante la pandemia, merced a diversos mecanismos de información que permiten gestionar, como el GEM, se pudo trabajar con la mayoría con distintas intensidades. Pero en vez de igualar hacia abajo, como sucedió en los lugares donde se cerró a canto y lodo sin matices, acá se logró no sólo dar clases de emergencia a distancia, sino también evaluar y en algunos casos promocionar. ¿Tenía sentido cerrar con un candado blindado la actividad para todos cuando había quienes podían avanzar? Y lo hicieron, y mucho más de lo que se conoce, con un esfuerzo destacable de las escuelas, sus equipos directivos y docentes, además de los estudiantes y sus familias. La presente situación es similar, hay que indagar en la posibilidad de mayor tiempo en lengua y matemática, privilegiando a quienes más necesitan de ese refuerzo.

Para una provincia como Mendoza donde desde hace algunos años se viene trabajando con consistencia en temas centrales, como la alfabetización, y se empiezan a tener resultados, la posibilidad de contar con más tiempo docente de apoyo a las trayectorias débiles, financiado por Nación, es a priori una buena noticia. No para que se haga cualquier cosa, sino para ponerlo en marcha donde se pueda y con quienes lo necesitan más.

*El autor fue Director General de Escuelas de Mendoza durante el gobierno de Alfredo Cornejo.