Marzo ya está condicionado por los meses previos y por los aumentos estacionales que impactarán en este mes. A eso hay que sumar los incrementos de los precios regulados y los combustibles.
El IPC núcleo está en el orden del 7,7% y la canasta básica alimentaria subió 11,7%, por lo que, ante las subas incesantes, todos tratan de cubrirse. La cultura inflacionaria se retroalimenta con las expectativas y se traduce en una inercia difícil de frenar.
Es una actitud sencilla de comprobar. El problema es que las causas del impulso inflacionario son inseparables de la política.
El ámbito decisional no está en las empresas sino en el gobierno. Es en la esfera gubernamental, que incluye al Ministerio de Economía, donde se definen las políticas macroeconómicas. Ése es el lugar dónde se toman las decisiones que dan el marco a todos los actores económicos y es allí dónde se definen las prioridades.
Pero con la lógica de la acumulación política se piensa en el presente y en el corto plazo porque se especula con el rédito electoral y con esquivar los costos políticos.
Es así cómo hoy estamos pagando las consecuencias de lo que se hizo entre las últimas PASO y las elecciones generales de medio término, que se suma a los efectos del endeudamiento de Macri para afrontar las presidenciales que perdió, y al gasto cuando el país fue paralizado por la pandemia, y a los fondos que se vuelcan al conurbano, y al déficit energético, y a los subsidios, y a los agujeros negros, y a la historia de hace varias décadas que nadie es capaz de cambiar.
Los proyectos estratégicos sin beneficios inmediatos para los decisores, y las iniciativas cuyo resultados alumbrarán en horizontes lejanos, comúnmente son postergados antes de arrancar.
Toda inversión y generación de riqueza, por el contrario, lo que requiere son bases estables, certidumbre, y la seguridad de que las reglas se mantendrán más allá de los períodos de gobierno. Las políticas de largo plazo son condiciones indispensables.
Dados los datos "malos, malísimos" de inflación -según admitió la vocera presidencial-, genera dudas la falta de convicción oficial sobre el sendero a seguir.
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La primera medida que adoptaron consiste en la suba de las tasas, que de por sí no garantiza una baja del ritmo inflacionario, pero sí impacta de lleno en la actividad económica.
Sergio Massa ha demostrado eficacia en el manejo del frente externo, no en doblegar la inflación que es lo que más preocupa.
Con el FMI, Massa logró menores exigencias de acumulación de reservas a causa de la sequía, y al promediar la semana consiguió fondos del BID, de la Corporación Andina de Fomento y del Banco Centroamericano de Integracion Económica. Mientras tanto, se escurrieron otros 550 millones de los dólares del Banco Central.
Desde el ala kirchnerista del gobierno, lo que postulan va por otro lado: "Hay una combinación de incrementos especulativos y preventivos, incumplimiento de acuerdos y puja distributiva que subyacen como sustento de la actual suba de los precios".
"Los principales referentes de Juntos por el Cambio anuncian que, de ganar las próximas elecciones, producirían una gran devaluación y generarían un fuerte shock antiinflacionario. Por supuesto, esto influye sobre las expectativas de los distintos actores económicos", acusan.
Entonces, "es necesario actuar con mayor energía sobre esos responsables de las subas y sancionar severamente a los que no cumplieron lo que se comprometieron a cumplir", lanzan como receta. Sí, más de lo mismo.
La llave de la solución
Paradójicamente, la misma política que suele generar tanta desconfianza es la que tiene en sus manos las herramientas para revertir el estado de cosas.
Hasta los jóvenes "anticasta" lo admiten, según surge de una reciente encuesta realizada por Clivajes Consultores entre votantes de 16 a 29 años.
Si bien en esa franja consultada Javier Milei cosecha la mayor cantidad de seguidores, un dato que no se puede pasar por alto es que todos los potenciales candidatos tienen una imagen más negativa que positiva. Sin embargo, no por eso se busca trastocar el sistema de elección y representación.
A la hora de las preocupaciones, según el sondeo de Clivajes publicado por el sitio iProfesional, el 26,7% puso énfasis en la inestabilidad económica, el 15,6% en la falta de certezas sobre su futuro personal, 13% en poder terminar los estudios y 12,9% expresó su inquietud por la posibilidad de conseguir trabajo. Las respuestas evidencian la preocupación por el panorama económico y los escenarios de incertidumbre.
En el sondeo también aparecen otras cuestiones de igual modo preocupantes para el segmento juvenil como "la inseguridad, los discursos políticos en general y la división social".
En tiempos electorales pululan encuestas que arrojan resultados disímiles, pero en cuanto a lo cualitativo es interesante apreciar que en el caso de Milei, uno de los favoritos de la franja etaria juvenil, lo que aprecian es su ímpetu por cambiar ciertas lógicas de cuajo por encima de sus propuestas, muchas de las cuales suenan disparatadas.
Es que se está notando, cada vez más, un proceso de alteración del sentido común imperante por impulso del hartazgo, lo que debería alertar a la principal oposición porque luce también como parte del problema y no de la solución.
No obstante, una cuestión es el afán de cambio y otra es profesar el antisistema, algo que también se ve claro en el sondeo realizado por Clivajes, ya que un porcentaje no minoritario de los jóvenes consultados respondió que ven a la política como "la mejor herramienta para transformar la realidad, asegurar derechos y lograr la mayor justicia social".
En consecuencia, se puede inferir que si la rebeldía pasa por poner todo patas para arriba, el deseo mayoritario es que sea para mejorar las cosas, no para involucionar. Los candidatos y candidatas deberían tomar nota porque tienen grandes desafíos por delante.
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