Análisis y opinión

Los festejos pasan, los problemas persisten

Hubo fiestas y reclamos, sin sobresaltos. Pero los problemas a resolver quedan, en una vitivinicultura argentina que tiene en el mercado interno su fortaleza

Los encuentros tradicionales de Vendimia dejaron la impresión de que la industria atraviesa serios problemas pero no es una crisis terminal. Los equilibrios inestables en el sector no son privativos del mercado nacional ni es producto de que los actores hayan descuidado aspectos de la actividad.

La merma del consumo de vino a nivel mundial da cuenta de cambios de hábitos tendientes a la ingesta de menor graduación alcohólica y una propensión a sabores más ligeros.

A su vez, la demanda de blancos se va abriendo paso.

Vendimia 2026 desayuno Coviar Mario González, Alfredor Cornejo, Victoria Villaruel vicepresidenta, Fabián Ruggeri 2
Una de las imágenes que dejó el desayuno de la COVIAR.

Una de las imágenes que dejó el desayuno de la COVIAR.

En el plano nacional, los bolsillos flacos le han quitado prioridad a la compra de bebidas, con caídas de ventas de cerveza y del vino, aunque el declive del producto emblema de Mendoza se ha amesetado.

Para el Observatorio Vitivinícola no existe un problema de rentabilidad en el mercado interno, sino una inequitativa distribución del ingreso en la cadena que afecta, específicamente, al productor primario.

Y no sería necesario erradicar ni una hectárea de vid, como se ha hecho en Francia o en otras regiones vitivinícolas porque les sobra vino. Tampoco el asunto es el mentado exceso de stock, que comparativamente es bastante menor que el de Chile, Australia o países europeos, precisa el organismo.

Diversos actores siguen pregonando la diversificación de la uva, como una salida idónea y celebran la iniciativa que han retomado el gobernador Alfredo Cornejo y su par sanjuanino para que se sancione la ley para edulcorar bebidas con jugos naturales. Por su parte, la COVIAR se ha propuesto impulsar el Torrontés hacia el mundo, un varietal con características notables que bien podría secundar al malbec como insignia nacional.

Todos hablan de la competitividad, el exceso de costos impositivos, crediticios y en otros rubros. Mientras, Alfredo Cornejo sostiene que es necesaria una reforma tributaria integral, que abarque la coparticipación federal. En cuanto al Estado, sostiene que su rol para el sector se basa en la inversión en logística e infraestructura, servicios, caminos productivos, tasas subsidiadas, cobertura sanitaria. Remarca, en línea con expertos del mercado vitivinícola, que la tendencia marcha hacia la calidad en vinos de alta gama, más que en volumen, para adecuarse a la demanda internacional.

Pasaron los actos centrales de la Vendimia sin estridencias, pero los problemas a resolver quedan, en una vitivinicultura argentina que tiene en el mercado interno su fortaleza, pero que necesariamente deberá adecuar lo necesario, al compás de las correcciones macroeconómicas, para apuntar definitivamente al horizonte internacional que abre oportunidades a propósito de los tratados comerciales, porque está visto que no se puede vivir solo con lo nuestro.

De la realidad de la macroeconomía también depende el enoturismo, un producto maduro que suma prestigio, pero con un presente alicaído.

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