En los viñedos, cuando las uvas maduran y el aire se impregna con su aroma, algo más que la cosecha se despierta. Los fantasmas de la Vendimia emergen de las sombras, susurran historias olvidadas y danzan entre las hileras de vides.
Los fantasmas de la Vendimia: entre la tradición y la transformación
La fiesta de la Vendimia como espectáculo de luces y colores nos hechiza y desafía en el lenguaje de los dioses a ser parte de esta transformación de la uva en vino
La Vendimia es testimonio de la forma de habitar nuestra tierra mendocina. El constante renacer de nuestra cultura y tradiciones está en la vid, en el vino que fluye como sangre ancestral hacia nuestro presente. Los espíritus que despierta no son meras leyendas; ellos, además de ser los guardianes de nuestra historia e identidad, son el ideario en constante evolución que acompañan nuestras experiencias en el presente y que nos posicionan de cara a un futuro incierto que hoy construimos.
Así, los fantasmas actuales también se suman a esa danza vital, y con ello también surge el miedo a lo fantasmal, a lo desconocido: las nuevas perspectivas como la de la diversidad, las voces feministas, el nuevo rol que se le demanda a nuestras autoridades y dirigentes políticos y, en especial, el planteo sobre el sentido de la existencia de las reinas vendimiales y su rol como representantes de la provincia.
Los fantasmas de tan esperada fiesta acechan en cada una de nosotras y nos susurran al oído: ¿Qué secretos guardan las raíces, la razón de ser de las cosas que suceden en el acto central que festeja nuestra conquista? Más aún ¿cómo recibimos ese espectáculo de luces y actuaciones de personajes deslumbrantes cargados de símbolos identitarios y no tanto para algunas personas? Y finalmente ¿cómo enfrentamos esas sombras que aparecen en la historia y en el presente, que inevitablemente nos impulsan a la transformación y evolución de nuestra sociedad?
La fiesta de la vendimia como espectáculo de luces y colores nos hechiza y desafía en el lenguaje de los dioses a ser parte de esta transformación de la uva en vino. Tradición y transformación se unen en un solo acto mágico poniéndonos en una disyuntiva ¿Cómo podemos liberarnos de las cadenas que nos atan al pasado sin perder de él lo valioso y lo que nos construye identitariamente, a la vez que sentirnos libres para la creación de mundos e imaginarios más igualitarios y diversos?
Oscar Wilde aconsejaba desconfiar de la gente que mira la vida por una ventana, Por eso hoy, para escapar al estigma del escritor, a cada persona mendocina o extranjera le toca vivir Vendimia y no solo observarla como simples espectadores/as. Nos toca dejarnos atravesar por todos estos símbolos, nos sean amigables o no, sabiendo que, “sobre todo tema se puede cambiar de opinión si se cambia de perspectiva”.
Jugar a presenciar nuestra Vendimia como un preciado ritual de introspección y renacimiento, no solo provincial sino personal. Salir de esa ventana para que al recibir a nuestras representantes vendimiales, y a la magia de bailarines/as y artistas -con una copa de vino en la mano- podamos brindar y escuchar a los espíritus de la vid que impregnan el aire
¿Qué te susurran? ¿Qué transformación te espera?
Hoy toca perspectiva de Vendimia, vivamos Vendimia.
Emiliana Lilloy se desempeña como Directora de Relaciones Institucionales y Escuela de Gobierno del Senado de Mendoza.
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