Diario Uno Opinión Premios Nobel
Análisis y opinión

Los abusos de poder y un Premio Nobel que sorprende al mundo

Era hora de que sátrapas como Putin y otros autoritarios fuesen señalados de manera planetaria por sus atropellos contra la libertad de prensa

Dmitri Muratov y María Ressa, periodistas que realizan su tarea contra viento y marea en dos autocracias como Rusia y Filipinas, han sido galardonados con el Premio Nobel de La Paz 2021 por utilizar el periodismo a favor de las libertades y los derechos cívicos, pisoteados en esas naciones hasta límites intolerables. El galardón ha sorprendido al mundo porque no es común que se muestre con tanta claridad cómo la libertad de expresión ayuda a defender la paz.

¿Vio, lector/a, que no es habitual que se designe a las autocracias (de derecha o de izquierda) o al comunismo con el término "salvaje"? Ese adjetivo es sólo para el capitalismo y para el liberalismo cuyos países son, sin embargo, a los que tratan de llegar los que buscan libertades, oportunidades y una calidad de vida que en sus lugares de origen no les ofrecen.

Seguir leyendo

Pese a lo que significó el stalinismo en la URSS con sus asesinatos masivos, sus purgas o sus campos de concentración, pareciera que en esa experiencia no hubo salvajismo. Al nazismo alemán, que desató el Holocausto más infame que recuerde la Historia, o al brutal fascismo italiano, se los suele mentar con otros adjetivos a veces más distantes.

Defección progresista

Varios sectores que se consideran a sí mismos progresistas, tratan de no caracterizar de "salvajes" a las autocracias desaforadas como las de Rusia o Venezuela cuyos tiranos, Vladimir Putin y Nicolás Maduro, realizan una sistemática persecución de la prensa independiente (medios a los que obligan a cerrar o vender sus canales de TV, radios y diarios) y de los dirigentes opositores a los que encarcelan para hacerse reelegir de manera indefinida, y que en algunos casos hasta mandan a envenenar a sus críticos, como lo ha comprobado el líder opositor ruso Alexéi Navalni, que se repuso del veneno, pero que igual terminó preso.

Sin embargo, los países con capitalismo y gobiernos democráticos y republicanos, que es lo que defiende el liberalismo, tienen, pese a todos sus piojos, la menor cantidad de pobres de la Historia y sus habitantes gozan de derechos cívicos impensados tanto en las naciones teocráticas (Irán, los Emiratos Árabes) como en los regímenes autoritarios, las dictaduras y las satrapías de todo pelaje.

Los desposeídos, los desesperados, los perseguidos del mundo no escapan hacia los regímenes autoritarios ni comunistas, por el contrario su sueño es llegar a países donde haya trabajo, posibilidades de ascenso social, libertades, tranquilidad.

Por eso huyen hacia Europa donde hay futuro e impera la ley. Los centroamericanos más pobres no hacen caravanas para irse a Venezuela o Nicaragua. Por el contrario quieren llegar a Estados Unidos o Canadá, o a Francia, España, Inglaterra o los países nórdicos.

La China se constituyó en potencia sólo cuando instauró un régimen capitalista de Estado para su economía. Pero lo hizo de manera canalla. El Partido Comunista dejó al resto de las libertades sojuzgadas. Economía de mercado sin derecho a votar o a expresar las ideas libremente es una forma de salvajismo comunista.

Los argentinos que no ven futuro en esta tierras populistas aferradas al clientelismo y el pobrismo no piensan en irse a la Rusia autoritaria de Putin ni a la Cuba dictatorial de la familia Castro. Piensan en Europa, en Estados Unidos, en Nueva Zelanda, en Australia.

El putinismo

En todo ese marco de cosas adversas, reluce mucho más el Nobel de la Paz para Dmitri Muratov, director del diario Nóvaya Gazeta, de Moscú, uno de los pocos medios que ha logrado resistir la censura de Putin a base de investigaciones rigurosas sobre esa administración, y para María Ressa, cofundadora del diario digital Rappler, que ha mantenido el foco sobre los abusos de poder del presidente filipino Rodrigo Duterte, tarea que le ha costado 10 órdenes de detención en los últimos 2 años. Ressa tiene además una condena judicial a 6 años de prisión por difamación, que está en período de apelación.

Tanto en el caso del periodista ruso como en el de su colega filipina, no sólo han quedado en evidencia los atropellos del poder Ejecutivo de esos países sino la connivencia alevosa de la Justicia que ha denigrado su independencia a favor de los dictadores.

El Comité que otorga los premios Nobel ha explicado así la decisión: "Ressa y Muratov representan a todos los periodistas que defienden los ideales de la libertad de expresión en el mundo. Un mundo en el que la democracia y la libertad de prensa se enfrentan a condiciones cada vez más adversas. El periodismo libre, independiente y basado en hechos les sirve a todos los ciudadanos y los protege contra el abuso de poder, la mentira y la propaganda de los gobiernos".

Era hora

Con anterioridad, sólo una vez se había otorgado el Nobel de la Paz a un periodista. Ocurrió en 1935 y fue para el alemán Carl von Ossietzky por sus investigaciones sobre el programa de rearme que estaba realizando Hitler para invadir otros países y desatar la Segunda Guerra Mundial.

La filipina María Ressa, quien se ha destacado por revelar los asesinatos que ordena el gobierno para "limpiar" al país de delincuentes, ha dejado la siguiente síntesis al enterarse de que es Premio Nobel: "Un mundo donde no se puede contar libremente los hechos es un mundo sin verdad ni confianza".

En la Rusia de Putin cualquier periodista que escribe o habla de las tropelías del gobierno es acusado de "agente extranjero". Hay redadas, persecuciones, falsas delaciones, detenciones, procesos judiciales amañados, y, lo más terrible, asesinatos.

En los últimos 20 años, 28 periodistas han sido asesinados en Rusia, según ha consignado la organización Reporteros sin Frontera. Seis de ellos pertenecían al diario que dirige Muratov. El mundo tenía que tomar debida nota de esta situación.

Temas relacionados: