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Las pavadas que hay que ver en nombre de la inclusión idiomática

Toda la vida usamos "negrita" o "negrito" para referirnos con afecto a un ser querido. La corrección política e idiomática nos dice ahora que eso es de racistas

Perón le decía Negrita a Eva Perón. Todos le dijimos La Negra a Mercedes Sosa. Y El Negro a un sinnúmero de personas desde Fontova hasta Alberto Olmedo, incluida la Negra Capristo. Quien esto escribe sigue diciéndole Negrita a sus hijas y a su mujer. Mi hermano mayor es desde toda la vida El Negro de Paz.

Al periodista Rubén Valle lo saludé siempre con un "hola Negro" cuando nos encontrábamos de manera cotidiana en Diario UNO. Y el colega Pablo Patiño fue toda la vida El Negro Patiño porque es colombiano y tiene el color de los granos de café torrado. Y con un tal Negro Moyano casi fuimos parientes políticos.

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¿A qué viene todo esto? A que después de tanta familiaridad y afecto colocado en las palabras negrito o negrita, ahora resulta que la corrección política ha metido sus narices en eso que llaman inclusión idiomática y pretende hacernos creer que decir negrita o negrito es de racistas, Me cachen dié, ¿qué les pasa a estos cosos?

Paren esta locura

Felizmente la Academia Argentina de Letras ha salido a colocar las cosas en su lugar. Es decir que ha puesto criterio donde había despropósito. El detonante fue el caso del futbolista uruguayo Edinson Cavani quien se desempeña en el club inglés Manchester United y al que la Federación Inglesa de Fútbol acusa de mala conducta por haber emitido un supuesto mensaje racista. La sanción podría ser varios partidos sin poder jugar.

Todo arrancó cuando un amigo de Cavani le mandó un mensaje felicitando al jugador por un logro futbolístico. El uruguayo le contestó con un cordial, entrañable y cotidiano "Gracias, negrito". Bueno, esas dos amigables palabras despertaron un vendaval en la Federación Inglesa que ordenó una aparatosa investigación por "racismo" desconociendo por completo las connotaciones cariñosas que negrito tiene en los países sudamericanos, particularmente en Uruguay y Argentina. Quieren posar de avanzados y terminan siendo gente bruta. Pavos.

Alarmados, los miembros de la Academia Argentina de Letras rechazaron la decisión del organismo inglés en un comunicado en el que destacan el "evidente desconocimiento del significado que dan a esta expresión los hablantes de la Argentina y otras regiones dialectales de América del Sur".

Aclararon, además, que cualquier usuario de nuestra lengua en esta parte del mundo entiende que esa palabra posee un claro sentido afectivo, exento de cualquier matiz discriminador o racista".

"Garrá" los libros

Con elegancia, la Academia le ha advertido a los ingleses que la visita a cualquier bibliografía lexicográfica le debería haber puesto punto final a esta cuestión. Y sugiere, por ejemplo, consultar el Diccionario de la Lengua de la Argentina donde la palabra negrito se define como un tratamiento de confianza, coloquial, que remplaza el nombre de pila de alguien y que se usa para dirigirse afectivamente a alguien conocido.

El periodista y escritor inglés John Carlin viene señalando desde hace rato sobre las zonceras que están cometiendo diversas entidades y gente en apariencia docta de Inglaterra en su afán por sacar patente de militantes de la corrección política e idiomática. Lo mismo pasa en muchas grandes capitales, sobre todo en sus ámbitos universitarios donde hay una verdadera cacería de brujas contra los insurrectos del buen decir y pensar.

El ensayista y crítico cultural David Rieff (hijo de la célebre Susan Sontag) los define como "los nuevos abolicionistas" . Sus cultores se hacen llamar "conscientes" y definen como "woke" (despertó) su versión del mundo. Cuenta además que esa radicalización se observa con claridad en los claustros de profesores, los decanatos y los centros de estudiantes.

En Estados Unidos muchos profesores universitarios que no comparten esa versión radical de la corrección política (vendrían a ser los "dormidos") deben hacer advertencias y descargos de responsabilidad preventivos antes de decir cualquier cosa que un estudiante pueda juzgar ofensivo.

Si un académico sugiere a su clase la lectura de una novela donde un personaje vierte insultos racistas, aunque el texto sea antirracista, debe aclarar previamente a sus estudiantes que eso va en contra del consenso woke. Rieff advierte que "hay personas que han perdido su trabajo por no respetar estas consignas. Y no exageramos".

Cavani tiene plazo hasta el 5 de enero para hacer un descargo antes de que los popes de la Federación Inglesa de Fútbol decidan si lo suspenden o no por racista. Y todo por ser afectuoso con un amigo.

Ante cosas como éstas, en mi pueblo hubieran dicho: "¡no pueden ser más huevones!