Análisis y opinión

Las Malvinas son argentinas, pero la bravata de Milei puede costarnos cara

Nadie duda de la soberanía nacional en las islas Malvinas. Pero el apoyo político fue módico, y la respuesta británica resultó de extrema dureza

La historia suele construirse de los hechos más fortuitos. De “efectos mariposa” que empiezan con una sábana hecha proclama en una cancha durante la Copa del Mundo, y derivan luego en una riesgosa batalla dialéctica entre la Casa Rosada y el 10 de Downing Street, en Londres. El final de este debate por Malvinas es de pronóstico reservado.

Para que quede claro de entrada: las Malvinas fueron, son y serán argentinas. Porque forman parte de nuestro territorio, porque nos sacaron por la fuerza en 1833 en sólo 24 horas, y nos doblegaron a cañonazos en 1982. Y porque en la tundra helada de las islas dejamos sangre y carne de los nuestros.

Dicho esto, conviene enfriar las pasiones e intentar el análisis.

Malvinas y Milei

El presidente Javier Milei tuvo razón en su cadena nacional del jueves por la noche, cuando invocó el derecho nacional e internacional y la soberanía argentina sobre las islas. También, en plantar bandera. Desde un punto de vista “argentinista”, lo que pasa en el proyecto petrolero Sea Lion unos 220 kilómetros al norte de Malvinas es como si cualquier empresa extranjera apareciera en Barrancas, el Golfo San Jorge, o Loma Campana en Vaca Muerta, y se pusiera a explorar para sacar petróleo argentino sin pedir permiso.

El presidente Milei, en la grabación de la cadena nacional del jueves, junto a su gabinete.

El presidente Milei, en la grabación de la cadena nacional del jueves, junto a su gabinete.

El problema es que la Argentina no tendría poder político ni diplomático suficientes para impedir la explotación petrolera en las islas sin el apoyo decidido de la ONU, y particularmente de los Estados Unidos y su presidente Donald Trump. Y en verdad, el mundo anda hoy con otros problemas: la inmigración, el narcotráfico internacional, las teocracias terroristas, las tensiones económicas en Europa, el crecimiento reducido, la guerra Rusia-Ucrania y de postre el Súper Niño. La advertencia global de Milei por Malvinas no tendría suficiente peso específico. Y nos puede costar carísimo.

El gobierno del Reino Unido contestó con dureza extrema el viernes. No es casualidad que hayan elegido al ministro de Defensa Wes Streeting para responder al discurso de Milei en un tono absolutamente destemplado: “Nuestras fuerzas armadas están alertas las 24 horas del día y los siete días de la Semana” dijo. (A propósito Mr. Defence Minister it, suck it…)

Respuesta militar y refuerzos a las islas

Con la réplica de tono marcial que brindó el ministro británico, el Reino Unido dio aviso. También tienen sus cuestiones internas. El ex premier conservador Boris Johnson se despachó pidiendo refuerzos en las islas. Es rival político e ideológico del primer ministro laborista Andy Burnham, alguien a quien el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intentó escupirle su sunday roast y obligarle a aumentar su gasto en defensa hasta 5 % del PBI.

Para decirlo de modo adecuado… las rebuscadas frases de Trump sobre Malvinas nos dejan un regusto metálico ¿Nos está usando como “preservativos”? ¿De idiotas apasionados y útiles hasta que resuelva sus asuntos con Gran Bretaña?

Milei se embanderó -un poco tarde, es cierto- en la causa nacional por Malvinas. Junto con el fútbol, es lo único que permite a los argentinos construir un “nosotros”, tal como dijo Jorge Fontevecchia el jueves, cuando los efluvios malvineros estaban a tope en el país. Pero hay riesgos. Ese “nosotros” es endeble.

Errores políticos

En política, nunca hay que dar órdenes ni proferir amenazas que serán imposibles de cumplir. Es verdad que el viernes el gobierno argentino tomó varias acciones en la dirección de la cadena nacional: envió 200.000 millones de pesos para construir la base en Tierra del Fuego, ordenó los cambios en la ley 26.651 de 2011, autoría de Pino Solanas y de cuño cristinista, para acelerar los “castigos” a las petroleras que operan en Malvinas, emitió un decreto.

A la vez, comenzó el proceso de “sanción” de cuarenta y cinco empresas y personas que otean el horizonte petrolero de las islas, de los orígenes más diversos. Los hay británicos, estadounidenses, israelíes, daneses, sudafricanos, y neerlandeses entre otros. Pero al mismo tiempo, ¿qué poder real tiene la Argentina para que cesen las actividades ilegales de estas empresas en las islas?

Navitas, de origen isrealí, y la británica Rockhopper operan desde hace al menos seis años, explorando las reservas en los alrededores de Malvinas. Navitas ya había sido “sancionada” por una resolución de la Secretaría de Energía en abril de 2022, durante el gobierno de Alberto Fernández; por 20 años. Y lo que está pasando hoy es que las petroleras anunciaron que no piensan modificar sus cronogramas, y al mismo tiempo, el gobierno británico no tiene ninguna disposición a discutir la soberanía sobre las islas. Por el contrario, habló del alerta permanente de sus fuerzas armadas.

Cosecha política

La pregunta que cabe es a qué velocidad se derretirá el capital político de Milei si no pasa absolutamente nada con sus anuncios en cadena nacional, y no consigue que cesen las operaciones preparatorias de la explotación de Sea Lion, donde británicos, israelíes y socios varios piensan perforar 60 pozos petroleros submarinos. La autoridad presidencial duraría menos que un helado de vainilla en medio del Zonda.

Hay reacciones que conviene observar. Sólo cinco gobernadores se han manifestado a favor de las acciones que anunció Milei para defender la soberanía argentina sobre las islas. Apenas cinco entre veinticuatro jefes de Estado provinciales, entre ellos Alfredo Cornejo. Además tardaron una eternidad en reaccionar. Algunos de ellos creen que hemos asistido a una fenomenal venta de humo. Esto es información sin opinión ni especulación. Es lo que está pasando.

Alfredo Cornejo y Hebe Casado, junto a veteranos de Malvinas.

Alfredo Cornejo y Hebe Casado, junto a veteranos de Malvinas.

La oposición dialoguista casi no habló. El kirchnerismo duro y la izquierda se están haciendo un festival con las contradicciones del presidente en estos tres años respecto de Malvinas, y asignan escaso valor a las iniciativas por la soberanía que propuso Milei. Hubo quienes hablaron de la “galtierización” del presidente, y lo acusaron de usar una causa nacional muy sentida para mejorar la imagen del gobierno.

Así, la cosecha política del presidente en su gesta malvinera ha sido módica, y del otro lado están amenazando con los fierros.

La bandera que hizo historia

El miércoles 15 de julio, no hace aún dos meses, unos muchachos de Villa Luro -que estaban en los Estados Unidos por la Copa del Mundo- fueron a una ferretería y gastaron menos de 10 dólares en esmalte negro y un pincel, y pintaron la consigna “Las Malvinas son argentinas” en una sábana del hotel en que paraban. Querían mostrarla en la semifinal que se jugaría entre las selecciones de Argentina y Gran Bretaña.

El día anterior, la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva había advertido que no se permitirían pancartas, carteles, ni ninguna demostración que aludiera a la guerra de 1982. El efecto de sus advertencias fue tan adverso, que el rezo laico "¡El que no salta es un inglés!" se cantó durante un mes hasta en los cumpleaños infantiles. A voz en cuello, a los gritos.

El autor de la bandera la escondió entre sus genitales y lograron entrar al estadio. Cuando el partido ante Inglaterra se acababa, la seguridad que estaba en el Mercedes Benz Stadium los descubrió. Rápidos, los pibes del conurbano envolvieron una botella de agua con la bandera y la tiraron a la cancha. Giovani Lo Celso la desplegó, junto al Cuti Romero y Lisandro Martínez. Así, el fútbol y la pasión de un grupo de hinchas produjeron el hecho más significativo en defensa de la soberanía nacional sobre las islas, desde 1982. Ese fue el germen del nudo geopolítico actual en el que estamos metidos. ¿Sabrá alguien cómo desatarlo?

La Selección con la bandera, el día en que Argentina sacó a Inglaterra de la lucha por el título.

La Selección con la bandera, el día en que Argentina sacó a Inglaterra de la lucha por el título.

No es lo mismo una asistencia de Messi o un par de goles agónicos a la selección de Inglaterra para dejarlos fuera del Mundial, que lanzar advertencias de tono severo a un país con el que aguantamos una guerra contemporánea que además perdimos. En 1982 hubo centenares de muertos argentinos. Más de 300 cuando nos hundieron el Belgrano, de un viaje. No es joda.

Las islas en la piel

La cuestión Malvinas nos sensibiliza. Quienes lo vivimos desde la Patagonia austral en vigilia permanente atesoramos en la memoria la marcha de los convoyes llenos de soldaditos de 18 años en zapatillas, que volvieron al muelle Almirante Storni de Puerto Madryn luego de la rendición como soldados, hombres, veteranos de guerra, héroes y mártires. Vimos salir los aviones rumbo a Puerto San Julián y Río Gallegos. Y apagamos las luces y nos tiramos abajo de las mesas en los oscurecimientos, porque una noche los jefes civiles de manzana se comieron el amague de que los aviones caza Sea Harrier atacarían el continente.

Soldados argentinos en Malvinas, en 1982.

Soldados argentinos en Malvinas, en 1982.

Malvinas nos interpela, nos eriza la piel, nos contradice y nos despierta la pasión argentina. Porque Milei tiene razón en los planteos. Pero se acordó tarde. Las petroleras llevan seis años explorando. Y se conocen las reservas de Sea Lion desde hace al menos quince años. El resumen de todo esto es que serán varios los que tendrán que decidir arriesgarse a operaciones económicas ilegítimas en Malvinas, o venir a invertir en Vaca Muerta.

Tarde… ¿es mejor que nunca? Si el presidente fue sincero nada se le puede reprochar. Pero hay dudas legítimas, porque los intereses de Estados Unidos son evidentes, porque el cambio de posición del propio Milei genera suspicacias, y porque nadie en el gobierno salió a condenar la ruta comercial marítima que Chile acaba de anunciar para noviembre, con las islas. Eso, es una "mojada de oreja".

Malvinas y la grieta

Ni siquiera la cuestión Malvinas puede superar la grieta política. Cómo sí ocurrió en 1982 aunque gobernaba una dictadura, o con la irrestricta defensa de la democracia en 1987, con la asonada de Semana Santa.

Es política. Es importante qué se dice y hace. Pero también, el archivo de quién realiza alguna afirmación tanto como la proximidad de las elecciones. Como bien explicó Osvaldo “Bebo” Granados -a sus 88 años, ha visto todo- en su columna posterior a la cadena nacional del jueves, en nuestro programa "No Tenés Cara", de Radio Nihuil: “Acá hay algunos que ni siquiera te van a reconocer que hoy es viernes”.

En eso estamos. Solo queda esperar que la baladronada de Milei registre algún resultado, y que a nadie se le ocurra emprender alguna locura.

En pocas palabras

  • Soberanía: el Presidente Javier Milei reafirmó la soberanía argentina sobre las Malvinas ante la exploración petrolera británica.
  • Respuesta británica: el Reino Unido respondió con dureza, manteniendo alerta a sus fuerzas armadas y generando tensión diplomática.
  • Riesgos políticos: la postura de Milei es criticada por su tardanza y la falta de poder real para frenar las operaciones, afectando su capital político.
Resumen generado por Thinkindot AI