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La reina Máxima, otra argentina que la está pasando realmente mal

Desafortunadas muestras de jolgorio y dispendio en medio de la pandemia han puesto contra las cuerdas al rey de Holanda Guillermo de Orange y a la reina Máxima, crédito argentino de esa realeza

Entre los muchos argentinos que la están pasando realmente mal, no podemos dejar de mencionar a Máxima Zorreguieta. Esta doña ha tenido eso que en la realeza llaman aparatosamente un "annus horribilis" y que vendría a ser, en criollo, un año en que le ha ido como el traste.

Esta reina que hemos exportado a los Países Bajos y que tiene sede en Holanda, se ha mandado junto con su marido, el rey Guillermo de Orange, una serie de decisiones equivocadas que los han malquistado con la opinión pública. Parece ser que no han estado a tono con la austeridad y el recato palaciego que viene ordenando la pandemia y cuyo virus Covid-19 le ha bajado el copete a más de uno.

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El Guillermo ya aludido pertenece a la rama de los históricos Orange. Sin embargo ha mostrado la hilacha como cualquier súbdito del montón. Lo peor es que la ha arrastrado -parece- a nuestra Máxima a cometer pecado de desubicación y de despilfarro frente a quienes viven con el corazón en la boca por la cuarta ola europea de coronavirus.

Dicen que ahora en Holanda hasta nos han copiado el término "gordito lechoso" para referirse a su rey por haber dado pasos en falso. Para que los holandeses sepan, ésa calificación es un término de cuño maradoniado y vulgar acuñado por algún kirchnerista para referirse a un periodista crítico, y no para que se lo ande colocando en la pechera ningún pelmazo de la realeza.

Qué bicho les picó

Hasta abril del año pasado el 76% de los holandeses decía confiar en su monarca Guillermo. Sin embargo en diciembre del 2020 esa aceptación había descendido al 47%. Aunque en una proporción menor, la monarquía como institución también había sido impactada: pasó del 74% al 60%.

¿Qué había pasado en el medio? Concretamente: dos desafortunadas muestras de jolgorio en medio de la pandemia por parte de la familia real holandesa. En ambas ocasiones (una en agosto y otra en octubre) se fueron de juerga a una mansión que el rey de los holandeses y nuestra reina poseen en la isla griega de Mikonos, Grecia, con playa privada, dos piscinas y no sé qué cantidades de habitaciones. ¿Qué se creyeron estos cosos? Eso queda para el ex intendente de Guaymallén Luis Lobos y su mujer Claudia Isgró.

Para colmo, se fotografiaron en reuniones sociales sin respetar el distanciamiento social y sin usar barbijos. La mayoría de los holandeses reaccionó como si les estuvieran haciendo el hisopado rectal sin autorización. Es que mientras una peste recorría el mundo y Holanda vivía protocolos de confinamiento, sus reyes la pasaban bomba en el mar Egeo.

También se tuvo que disculpar el jefe del Gobierno de Holanda (allá esa figura es un primer ministro), en este caso un tal Mark Rutte, quien se autoinculpó ante el Parlamento por no haberle advertido a los reyes lo impropio de tomar vacaciones en medio de una desazón generalizada de la población.

Reincidentes

Pero no fue la primera vez. Ya se habían mandado "pepes" similares. En 2008 hubo un revuelo notable cuando los holandeses se enteraron de que los reyes se habían hecho construir un palacete en las playas de Mozambique. Lo tuvieron que vender. Escándalos similares se repitieron cuando compraron una mansión en la Argentina y la ya citada villa en una isla griega. En estos dos casos no devolvieron nada.

Todos estos dislates de farabutismo han hecho que los holandeses hayan exigido que se revisen los presupuestos oficiales destinados a mantener a la familia real. Ya en 2008 el Parlamento votó una ley para reducir en 33% los montos públicos para los reyes, al tiempo que se anuló la inmunidad que poseían para no pagar impuestos. Y ahora los ciudadanos van por más.

Los soberanos dicen estar arrepentidos "de corazón" por las torpezas cometidas. Ahora tendrán que remarla en dulce de leche para recuperar la confianza, algo que, se sabe de sobra, es uno de los tesoros más difíciles de rescatar. Allá tendrá que ir otra vez la popular reina nacida y criada en las pampas argentinas a poner la carompa por ese marido gordito tan afecto a vacacionar y a rifar el prestigio de su madre, la reina Beatriz de Holanda, que en el siglo pasado supo ser sinónimo de modernidad y transparencia.

Tu puedes, Máxima; nomás tienes que sacar a relucir el temple pampeano, la viveza criolla, y ese don para caer parados que tienen los argentinos que triunfan en el exterior. ¡Ah, también debes aflojarle al Ahora 12!