Diario Uno > Opinión > redes

La prensa y las redes: ¡Ah, nada como hacer hocicar al contrincante!

Pareciera que otro de los "logros" de la grieta es que la prensa se deja ganar por cierta lógica de las redes, donde los argumentos se suplantan por ataques

Juan liquidó a Pedro. María pulverizó a Ana. Quienes titulan las noticias en la web nos machacan con una batería de verbos vinculados a lo militar, al hampa o a las enfermedades. Destruyó. Desarmó. Embistió. Arremetió. Eliminó. Casi todos atacan y hacen hocicar al otro. En ese mundo hay pocos que debatan, discutan, argumenten o presenten más de una campana.

Ya son demasiadas las alarmas que están saltando para advertir que el periodismo no puede dejarse ganar por la lógica de las redes sociales. Redes que pueden ser muy efectivas para algunas cosas, pero que en general no tienen nada que ver con las esencias periodísticas que se consolidaron en el siglo XX.

Te puede interesar...

El fluir de las redes muestra una soberbia rampante que, sin embargo, está influenciando al periodismo. Es como una mancha de tuco en un mantel. Se nota a la legua. Por pequeña que sea, salta a la vista. Basta poner atención al lenguaje ofensivo de las redes sociales. Los que piensan distinto son catalogados de "lacras", "soretes", "basuras" o "escoria". Y esas formas, lamentablemente, están sentando sus reales en la prensa, de manera particular en el periodismo televisivo.

Juan Cruz, uno de los creadores en 1976 del diario, El País, de Madrid, donde ha sido corresponsal, periodista de calle, columnista, editor y director adjunto, ha dicho que "las redes sociales han dado tal impulso a la mentira que ahora ésta no sólo es más potente sino que convence con más facilidad".

¿Lo chequeaste?

Cada vez es más común escuchar entre los investigadores de la comunicación que las redes falsean la verdadera identidad de los participantes y facilitan la información dudosa. Tan es así que los diarios digitales han debido crear secciones especiales como "Chequeado" para poner en evidencia las noticias falsas que inundan las redes.

En 2018 el empresario George Soros advirtió del poder de las redes más poderosas como Facebook y Google con estas palabras: "Las plataformas engañan a los usuarios ya que manipulan su atención, la redirigen hacia sus objetivos comerciales propios, y diseñan deliberadamente los servicios que ofrecen para que sean adictivos".

Soros fue más allá al asegurar que "las empresas de redes sociales están de hecho induciendo a las personas a entregar su autonomía y la libertad de pensamiento. Una vez que se pierda esa libertad, a los que crezcan en la era digital les será muy difícil recuperarla".

La periodista Jackie Félix escribió en el diario mexicano Milenio que "hoy animarse a dar opinión en las redes sociales es someterse a una pelotón de fusilamiento". Y recordó una frase del famoso libro "1984", de George Orwell: "La libertad de expresión es lo que la gente no quiere oir". Ese libro anticipó de manera notable los riesgos de una sociedad manejada por un "Gran Hermano" que digita todo.

Palo y a la bolsa

El periodismo televisivo está retrocediendo al usar cierta lógica hiper confrontativa de las redes. Pareciera que vuelve a hacer suyos los preceptos de la prensa gráfica del siglo XIX, cuando la radio y la TV no existían y esa prensa de papel se asumía como representante de los intereses partidarios.

Por eso, uno de los mayores logros del siglo pasado fue el de lograr una prensa profesional que dio a las noticias la preeminencia a base de la búsqueda y la confrontación de datos, sin excluir, claro, a la opinión vertida con honestidad profesional.

Fue un logro excepcional porque, además, eso es lo que desde sus inicios marcó la Constitución de 1853 al establecer el ideario donde la libertad de expresión y el control de los poderes de turno fuesen objetivos centrales.

Por eso, uno de los grandes deméritos de la grieta ha sido el de volver a convertir a los periodistas de varios ciclos periodísticos de la TV en voceros militantes de una determinada forma de pensar. La grieta es enemiga de la ecuanimidad, y por lo tanto una trampa. De un lado suele ser usual que sobren admoniciones y falte investigación. Y del otro, que haya sobreabundancia de "le pertenezco" y escaso empeño en admitir errores.

Ya quedan muy pocos espacios de periodismo televisivo donde el espectador pueda asistir a un muestreo de las diversas voces políticas y sacar sus propias conclusiones. La mayoría de los programas son de un solo color político, tanto a favor del gobierno como en contra de él.

Muchas veces estos ciclos tienen lo que uno supone es buena información política para el necesario control del gobierno de turno, pero como no nos ofrecen el balanceo de otras voces, suelen cansar o devaluar su propuesta.

El gran riesgo de todo esto es que, como decía García Márquez, "la mentira termine siendo más perdurable que la verdad".