Análisis y opinión

La magistrada que se volvió actriz y la mano que niega el saludo

Dos sucesos pusieron los pelos de punta a más de un argentino: el de la jueza del caso Maradona que en lugar de impartir justicia se hacía filmar para una docu-serie, y el del presidente Milei que se negó a saludar a Jorge Macri y a la vice en un acto patrio

"Vengo asqueada de los Tribunales", solía decir, hace varios años, la periodista Catherina Gibilaro cuando retornaba a la redacción de Diario UNO luego de haber trajinado juzgados provinciales y federales en busca de información de interés público y de haber constatado cosas poco edificantes.

La frase nos volvió a resonar en estos días en que la jueza Julieta Makintach, de los juzgados bonaerenses de San Isidro, ha sido apartada, escándalo mediante, del tribunal que está investigando la muerte de Diego Armando Maradona con el fin de determinar si hubo responsables dentro del equipo médico que asistía al astro.

Aunque a cualquier mortal con dos dedos de frente le suene a despropósito, esta jueza aprovechó su trabajo en el mediático caso para propiciar y participar (sin autorización de las partes intervinientes en el juicio) de un video documental o docu-serie que, entre otras cosas, seguía a la magistrada para mostrar su rol en este caso. ¿Para qué? Todo indicaría que para hacerse famosa en las redes sociales y en las plataformas.

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Por su comportamiento, la jueza Julieta Makintach fue apartada del juicio por la muerte de Diego Maradona.

Por su comportamiento, la jueza Julieta Makintach fue apartada del juicio por la muerte de Diego Maradona.

El documental de autopromoción de la magistrada, se llama "Justicia divina" (hasta el título es controvertido a más no poder) y lo que hemos visto en el tráiler muestra de lo que son capaces de hacer ciertos integrantes del Poder Judicial en busca de fama. Es inaudito que esta especialista en derecho penal haya derrapado hacia una tilinguería personalista de trazo tan grueso.

El fiscal Patricio Ferrari, que denunció a la magistrada, debió haberse sentido como Catherina Gibilaro: asqueado. Pero no dudó en accionar ante tal despropósito y logró que la jueza fuese apartada. Fue muy claro: "Makintach se olvidó de actuar como jueza para hacerlo como actriz".

El tráiler del primer capítulo del documental que se ventiló demuestra la falta de tino de la doctora. En efecto, las imágenes la exhiben llegando a los tribunales como si fuera una Julia Roberts del "Conurbano bien", con minifaldas o con pantalones ajustados para resaltar su apostura.

La cámara la toma en diversas poses más pensadas para una China Suárez o una Nati Jota que para una especialista en leyes que está facultada para decidir sobre la libertad o la prisión de un enjuiciado.

El fiscal, que además mostró el guión en el que se basó la filmación, aseguró no salir de su "asombro". La jueza, a su entender, venía mostrando todas las semanas que lleva el juicio "una sobreactuación permanente". Claro: era para un reality. impartir justicia es otra cosa.

Cómo viene la mano

Vamos al otro caso que nos interesa. Pasan los días y muchos argentinos "promedio" siguen con vergüenza ajena lo ocurrido en el Tedeum por el aniversario del 25 de Mayo de 1810, que se realizó en la catedral de la ciudad de Buenos Aires.

Allí, y de manera ostentosa, el presidente de la Nación, Javier Milei, se negó a darle la mano al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, e ignoró por completo a la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, con la que lleva cinco meses sin hablarse.

Fiel a su estilo, el jefe del Poder Ejecutivo optó nuevamente por utilizar una fecha patria para repartir mandobles y castigos simbólicos a políticos con quienes tiene divergencias, en lugar de privilegiar una celebración que está pensada para favorecer la concordia entre los argentinos.

Ocurre que para muchos ciudadanos de a pie la buena educación y la valentía no son términos que se excluyan. Eso es algo que se ha aprendido en los hogares y que tiene que ver con tener buena cuna o ser de "buena entraña". En política suele primar lo contrario. "Al enemigo, ni justicia" y ausencia creciente de códigos.

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El presidente Javier Milei le negó el saludo al jefe del Gobierno porteño, Jorge Macri, durante el Tedeum del 25 de Mayo.

El presidente Javier Milei le negó el saludo al jefe del Gobierno porteño, Jorge Macri, durante el Tedeum del 25 de Mayo.

Todos sabemos que hasta las guerras tienen sus normas, sus "alto el fuego" o su devolución de prisioneros para favorecer vías de conciliación.

La idea que conlleva un 25 de Mayo es la de honrar a la Patria y a los argentinos famosos o ignotos que edificaron esta república, no la de convertir al Tedeum en un terreno para hacer hocicar a circunstanciales contrincantes. Hay momentos en que los ciudadanos necesitan un poco de tranquilidad y sosiego.

Cuando el presidente discute o pelea lo hace desde una posición de fuerza que sus contendientes no tienen. Vale citar la diferencia de poder entre el primer magistrado del país en su disputa con la actriz y cantante Lali Espósito. Por más que el presidente pueda tener razón, siempre la disputa será asimétrica.

Todo este asunto se potencia porque el poder que emana de los gestos o de la palabra de un presidente es potentísimo. De allí que se entienda que quien encarne esa figura debe poseer alguna cuota de magnanimidad. Por ejemplo, saludar.

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