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La grieta se renueva, entre oficialismo y oposición, y al interior de la coalición

Nunca faltan motivos para enfrentar al kirchnerismo con Juntos por el Cambio, mientras proliferan cada vez más las diferencias en el Gobierno

Curiosamente la política se encuentra discutiendo a estas alturas sobre la importancia de la educación. Es la nueva disputa surgida por la decisión de Alberto Fernández de cancelar la presencialidad como antídoto contra la pandemia.

El decreto obligatorio para todo el AMBA hizo escalar el conflicto hasta la Corte que dio su veredicto reconociendo la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires para adoptar sus propias decisiones y, en consecuencia, le dio la razón a Rodríguez Larreta. La derrota presidencial vino acompañada con todo tipo de improperios contra los cortesanos, del propio Alberto Fernández, de Cristina y, no podía faltar, de Axel Kicillof, entre otros funcionarios de la coalición.

El Consejo Federal de Educación, salió a avalar la no presencialidad como estrategia ante casos de alarma epidemiológica para no desairar más al Presidente, y el ministro Nicolás Trotta, por lógica, anda predicando en contra del Jefe de Gobierno porteño y, mal que le pese, del gobierno de Mendoza. "Se debe cerrar la unidad geográfica mínima posible", aclara en una entrevista que mantuvimos en radio Nihuil, intentando compensar su contradicción.

Por estos pagos el gobierno de Suarez está de punta con el intendente sanrafaelino, Emir Félix, quien pidió cerrar temporariamente las escuelas en su departamento a causa de la explosión de casos de coronavirus. Las autoridades explican con números la baja incidencia de escolares y docentes contagiados, con lo que no justifican el cierre, pese a la tensión del sistema sanitario.

El Gobernador ha sumado a sus fundamentos en favor de la presencialidad la declaración de la Sociedad Argentina de Pediatría que sostiene que "el 84,5 por ciento de niños, niñas y adolescentes respondieron que la escuela ocupaba gran parte de su vida.Y, puntualmente los niños entre 10 y 14 años enfatizaron el rol de la escuela (89%) y las actividades más rutinarias. Los adolescentes también destacaron la escuela y la rutina diaria como una parte importante de sus vidas", argumentó Suarez al jefe comunal.

Así, el Gobierno está decidido a defender la presencialidad como un principio de la educación integral, que no atenta contra la salud de la población en pandemia, sino, por el contrario, la promueve desde lo socioafectivo.

A todo esto, los días de frío extremo están por llegar, lo que propicia la proliferación del virus y demás enfermedades estacionales. El Gobierno tendrá el desafío de demostrar que los principios no tienen por qué ser incompatibles con decisiones pragmáticas y, a través de un monitoreo diario, adoptar eventualmente la suspensión de clases presenciales cuando el tiempo inclemente lo amerite.

En el plano nacional, lejos de quedarse con la derrota política y judicial frente a Rodríguez Larreta, en quien ven como el potencial candidato presidencial a vencer, Alberto Fernández dejó listo el proyecto para regular las clases por ley. Con indicadores sanitarios definidos, pretende sostener las medidas restrictivas que están vigentes a partir del último DNU. Pero, por sobre el tema de las clases, lo que busca es recuperar el poder minado para decidir estrategias sobre la pandemia.

Sin embargo, aun con la ley en la mano, nada hace presumir que puedan aventarse las controversias judiciales después del fallo de la Corte Suprema acerca de las autonomías de los distritos para decidir, por caso, sobre la presencialidad, algo que acaba de hacer el gobierno de Santa Fe para los departamentos de Rosario y San Lorenzo.

Está a la vista que, como viene sucediendo en otros planos, la presencialidad o no como estrategia en pandemia se ha instalado como una cruzada ideológica que reedita la histórica grieta. Entre los que están involucrados en las posiciones políticas no se vislumbra un debate sobre los pros y los contras, o sobre los costos y beneficios de una medida por temporaria que sea, sino un enfrentamiento chicanero absurdo sobre quiénes presuntamente defienden más la vida o valoran la educación.

El enemigo interno

La gira que emprende Alberto Fernández por Europa, junto a un Martín Guzmán magullado por los golpes que viene recibiendo del cristinismo, le puede dar algo de aire al ministro de Economía para recuperar el timón, al menos, en el frente externo.

Prácticamente le va quedando a Guzmán solo el rol de negociador con el Fondo Monetario y con el Club de París, con el propósito de aliviar la carga financiera que pesa sobre el país. Sin la posibilidad de decidir sobre los subsidios, que duplican el gasto aplicado a la lucha contra la pandemia, sin la política energética en sus manos, y con las metas inflacionarias estalladas, Guzmán está figurando como ministro relacionista y no mucho más.

Otra muestra del cerco kirchnerista a Guzmán es la comisión impulsada en el Senado para destinar a los gastos de la pandemia los 4.300 millones de dólares que llegarían en agosto como derechos especiales de giro desde el FMI.

La realidad económica tampoco le está dando buenas noticias al ministro de Economía. La inflación y los productos de la canasta básica siguen su marcha ascendente, mientras el Gobierno busca acordar con los formadores de precios, a quienes el Presidente salió a fustigar como responsable de las subas constantes, en un contexto de crecimiento de los precios internacionales de los alimentos.

Las consultoras encuestadas periódicamente por el Banco Central han modificado al alza sus proyecciones sobre la inflación y a la baja el crecimiento de la economía: 47,3 por ciento y 6,4 por ciento respectivamente. El dato de abril registraría 3,8 por ciento de inflación, según las consultoras privadas, donde el rubro alimentos es el que más golpea. Son números que distan mucho de las metas fijadas por Guzmán en el presupuesto nacional.

Las diferencias notorias al interior de la coalición respecto de las acciones y tiempos para realizarlas, dependen en gran medida del cronograma electoral. No tiene el mismo impacto sobre el electorado el realizar ajustes sobre las tarifas antes o después de las elecciones, ni da igual congelar precios de la canasta básica hasta noviembre que tomar ahora medidas estructurales sobre las variables macroeconómicas.

La necesidad del cristinismo pasa por ganar las elecciones, lo cual es prioritario por encima de cualquier otra consideración. La consigna hoy por hoy es mantener estables todo lo que se pueda los precios de los productos de consumo popular y sostener las ayudas para fidelizar el voto. La postergación de las PASO y las generales dan unas semanas de ventaja para seguir vacunando, lo que colabora con el humor social y permite sumar adhesiones respecto del manejo de la pandemia.

Alinear a todo el gobierno en pos de esos objetivos, que incluyen la reforma judicial anhelada por la Vicepresidenta, no está resultando del todo sencillo y sigue debilitando a Alberto Fernández a la vista de todos.

La gestión de la economía argentina, plagada de desajustes, requiere de previsibilidad y generación de confianza. Se trata de un requisito básico que solo puede emanar de una política consensuada entre el gobierno, los actores económicos y la población, pero empezando por la cabeza del Estado. El problema es que Alberto y Cristina no lo están promoviendo, por el contrario, se empeñan en culpar a los demás.

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