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Análisis y opinión

John Carlin: "El objetivo real de Messi no es la Champions, sino ganar el Mundial"

Carlin es uno de los escritores y periodistas británicos más destacados de nuestro tiempo, un hombre que conoce bien la Argentina, la política y el deporte

John Carlin es uno de los escritores y periodistas británicos más destacados de nuestro tiempo. Ha recorrido -y recorre- el mundo siguiendo la huella de su trabajo sin pausa.

Conoció centenas de personajes relevantes. Pero tiene pocas idolatrías. Una, en el campo político, es la de Nelson Mandela. Lo conoció de cerca. Su libro sobre el líder sudafricano, El factor humano (2008), inspiró la película Invictus, de Clint Eastwood.

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Su otro ídolo es Messi, de quien se declara “fan total”.

Sobre el astro argentino, sobre el Barça y la situación actual del fútbol de alta competencia, sobre el manejo de la pandemia por parte de los gobiernos y sobre el fenómeno inmigrante en el planeta charlamos en esta entrevista, desde Barcelona, junto a Sara González, para el programa Primeras Voces de Radio Nihuil.

Carlin, Premio Ortega y Gasset de Periodismo en 2000, se expresa en un perfecto español. Tiene una explicación: se crió en la Argentina, fue corresponsal del Buenos Aires Herald, ha sido corresponsal también en México y El Salvador y, desde 1998, reside en España donde ha sido columnista de El País y, ahora, de La Vanguardia.

El español de Carlin es muy argentino. Muy porteño. Con voseo incluido. Como si todavía permaneciera entre nosotros.

-Buen día, John. ¿Estás en Barcelona?

-Sí.

-¿Cómo está la cosa por ahí, la extierra de Messi? ¿Cómo está la saudade?

-Es terrible. Terrible. Es un funeral, todos los días. O quizá no. Cambiando la metáfora, es como si el gran amor de tu vida de repente se va con otro o con otra, más guapo, más rico. ¡Y encima estás obligado a ver las imágenes de la boda! Estás obligado a ser espectador de la noche de la luna de miel. Acá la gente está sufriendo mucho.

-Es fuerte, también, lo del Paris Saint-Germain a nivel simbólico. Está juntando el capitán histórico del Barcelona con el gran capitán del Real Madrid, Sergio Ramos. Dos emblemas.

-Sí. Pero, el Paris Saint-Germain es un club de fútbol que me resulta bastante ofensivo. Jorge Valdano se refiere a él como Paris Saint-Qatar. O sea, es todo dinero catarí. Dinero ilimitado de un país con unos recursos naturales tremendos. Y pueden hacer lo que quieren.

-¿Qué más te hace ruido?

-Lo encuentro ofensivo también por la discrepancia entre ese poder económico junto al talento futbolístico que ha acumulado el Paris Saint-Germain y el resto de la liga francesa.

-¿Cuál es tu valoración de la Ligue 1?

-Es una liga muy pobre. Y pese a que te dije que, aquí en Barcelona, el ambiente es fúnebre, yo, cuando vi a Messi el otro día vistiendo la camiseta del PSG, me provocó lástima por él.

-¿Por qué?

-Porque se ha trasladado a un escenario disminuido, muy mediocre. Estuve revisando los datos. Acá tenemos dos grandes competiciones europeas: la Champions y la Europa League. En total, se han disputado 115 de estos dos torneos. Los equipos franceses han ganado solo uno. Eso te da la medida de la profundidad de talento que hay en las ligas.

-Es, para vos, entonces, una marcha cuesta abajo.

-Que Messi, el gran jugador, quizá el mejor de todos los tiempos, acabe su carrera ahí me parece tristísimo, por más guita del mundo que gane.

-De todos modos, la apuesta del PSG apunta a la Champions más que al torneo local. Lo mismo había hecho Juventus con Cristiano Ronaldo.

-Yo creo que el objetivo real, final y más sincero de Messi no es la Champions sino ganar el Mundial con Argentina el año que viene. Esto es lo que él desea más que nada. Si le das a elegir entre la Champions para el PSG y la Copa del Mundo para Argentina, ni parpadea. No duda un instante.

-¿Entonces?

-Entonces, puede ser que, en ese sentido, estar en la liga francesa, ya que tiene 34 años y necesita gestionar su estado físico, jugando partidos fáciles, trotando de aquí para allá, caminando, no desgastando mucha energía, quizá le ayude a preservarse en buenas condiciones para el Mundial.

-De todas formas, la Champions no deja de ser un compromiso y un desafío.

-Por supuesto. La apuesta de todo el dinero catarí es que su club en Europa gane la Champions League el mismo año en que ellos celebran el Mundial. Veremos. Ellos están entre los favoritos. Pero un equipo que la mayoría de las semanas juega en una liga con poca intensidad como la francesa, también va a ser un problema. Y ya lo han tenido, a la hora de subir el nivel, subir el ritmo, cuando han competido con equipos fuertes como el Liverpool, el Chelsea, Bayern Munich o Manchester City.

-Como británico, has escrito bastante sobre la Premier League. Da la impresión de que esta liga ha despegado mucho respecto de las otras, ¿no? Últimamente, casi todas las copas europeas las han terminado definiendo equipos de esa procedencia.

-Está claro. Y si me hubieras afirmado esto hace seis o siete años, te habría dicho que estabas loco. En la época del gran Barça de Messi, del gran Real Madrid de Cristiano Ronaldo, yo veía un partido de la liga española un fin de semana y después veía otro de la liga inglesa, y eran dos deportes. La diferencia de clase era total. Ahora esto se ha invertido.

-¿Con qué proyección?

-La Premier League no solo es la más rica, con mucha diferencia; es donde se juegan los mejores partidos; donde hay lo que falta en la liga francesa: intensidad, para volver a la palabra que utilicé recién. Creo que lo primero que buscamos en un partido de fútbol es intensidad. Después, el talento, el arte.

-¿Qué va a significar este desacople?

-La Premier League se está convirtiendo para el fútbol en lo que la NBA de Estados Unidos es para el básquet.

-Saliendo un rato del fútbol y aprovechando que sos es un analista internacional de toda la cancha, ¿qué balance hacés de todo este tiempo de pandemia? ¿Cómo se han manejado los países ricos y los que no lo son?

-¡Uy! ¡Qué pregunta más grande!

-Grande, sí. Pero es una pregunta que está a tu altura.

-¿Cuántos días tenés? (risas)

-Todo lo que haga falta.

-A grandes rasgos, cuando todo esto empezó, al escribir fui muy crítico, como tantos otros, con el gobierno de acá, de España. Lo mismo con el gobierno británico, que, también, en parte, es el mío. Y con Donald Trump en Estados Unidos.

-Eso al principio. ¿Qué te dio la perspectiva?

-Con un poco de distancia hay que reconocer que, hace unos 18 meses, era muy, muy, muy difícil para cualquier gobierno, en ese momento. Las respuestas fueron caóticas y muy diversas, cambiaron de país a país. Hay que sentir un poco de compasión por la gente en los gobiernos -también en la Argentina y en todos lados- que se vieron obligados a controlar esta pandemia. Yo me pongo en el lugar de Boris Johnson y sé que no lo hubiera hecho mejor.

-O sea, cuesta ser taxativo en la calificación.

-Hay tantas diferencias entre los distintos gobiernos, tanto de los países ricos como de los países más pobres, que es muy difícil dar una respuesta clara. Algo que me llama la atención y es muy interesante, fue el caso de Australia.

-¿Por qué?

-Porque fue de los países más admirados y realmente logró controlar el número de muertes. Fue mucho más bajo que acá en Europa Occidental. Pero ahora está en una situación de caos permanente. Apenas una persona se contagia, cierran una ciudad de tres millones de habitantes por dos semanas. Y les está costando un montón controlar la situación. Pareciera que ellos van para largo y quizá vayan a sufrir más ahí que nosotros.

-Claro. Eso demuestra porqué hay que ser cautos con las opiniones.

-Menciono el caso de Australia porque, inicialmente, parecía ser un caso ejemplar, pero puede ser que, a la larga, se vea que lo hicieron muy mal. En resumen: todavía no tenemos suficientes datos, no sabemos hasta qué punto hemos controlado la pandemia para dar un ranking de quién lo hizo bien y quién lo hizo mal, un ranking ordenado.

-Hemos conocido en estos tiempos a destacadísimos intelectuales, como los que recopila Hugo Alconada Mon en su libro Pausa, que coincidían en señalar la ausencia de líderes internacionales de alto nivel para ponerse al frente de la pandemia. Vos has conocido de primera mano a Nelson Mandela. ¿Coincidís? ¿Nos faltó un ejemplo como el de Mandela en estas circunstancias?

-No. Mandela, como sabés, es mi ídolo como político, mi referente, pero en una situación muy particular. Le tocó, básicamente, resolver un tremendo conflicto y evitar lo que -estaba cantado- parecía ser una terrible guerra racial en Sudáfrica. En construir la paz, la negociación, Mandela fue un gigante. Acá estamos hablando de otra cosa.

-¿Qué cosa? ¿Qué cambia?

-Que exigimos líderes de mayor talla para enfrentarse a esta situación, pero, cuando el mundo científico está, no solo dividido, sino también fragmentado con todo tipo de interpretaciones respecto de cómo combatir esto, es muy difícil ser categórico. Me refiero, por supuesto, al principio de la pandemia, pero también ahora seguimos con dudas.

-Como en el caso de Australia, tal cual dijiste.

-Y ahora en Israel, que es uno de los países más vacunados del mundo, de repente ha habido un rebrote muy importante. Veremos si eso se expande al resto del mundo. Está claro que los países que lograron conseguir más vacunas y administrarlas antes son los que se merecen más aplausos; y hay que reconocer a los líderes de sus gobiernos. Pero acá entrar a jugar el factor dinero. Claro, algunos tienen más recursos para comprar vacunas que otros. O sea, es muy complicado.

-Cambian los parámetros.

-Lo que uno, en términos convencionales, considera un gran líder político, en este terreno desconocido en el que estamos no se aplica. No se puede aplicar el mismo criterio.

-Hoy el mundo está atravesando una crisis aguda, faltan recursos para todo tipo de necesidades. Por otro lado, uno ve, asombrado, los millones que se mueven en torno a las grandes figuras del deporte en las distintas disciplinas. ¿No está un poco desfasado el mundo con este endiosamiento de los ídolos deportivos?

-Es un eterno tema, con pandemia o sin pandemia. Es un antiguo debate la desproporción entre lo que gana un jugador de fútbol de alto nivel en las ligas europeas y lo que gana una enfermera.

-¿Cómo lo ponemos en foco?

-Diría que, mientras tengamos un sistema capitalista en el que la gente recibe dinero en función de otro dinero que genera, esto va a seguir así. Si querés hacer una revolución y acabar con el sistema capitalista, ahí podemos sentarnos y hablar seriamente de esta cuestión, de cuánto hay que pagarle a Messi en proporción a lo que gana un médico.

-Por ahora, parece, no tendremos este tipo de charlas…

-El hecho es que las grandes ligas, especialmente la Premier League, generan muchísimo dinero, ante todo por los derechos de televisión debido a la enorme demanda que hay por su producto. Y a cambio de esa demanda los jugadores exigen salarios muy altos. Esa es la situación. Ahora bien, cuando el mundo se vuelva más pobre, se ganará menos. Lo estamos viendo ahora en el pobre Barça.

-¿Cómo es la situación del Barça?

-Además de lo triste que estamos por la salida de Messi, el Barça está en la ruina económica como consecuencia del covid y otras cosas. Y los jugadores principales, los jugadores antiguos como Piqué o Bousquet, que ganaron el Mundial en 2010, están voluntariamente aceptando recortes salariales. Quizá esto sea una nueva tendencia si el mundo se sigue empobreciendo como consecuencia de este desastre pandémico que hemos padecido.

-Otra pregunta futbolera para alguien, como vos que, metafóricamente, jugabas para el Real Madrid cuando escribías en El País y ahora para el Barcelona, escribiendo en La Vanguardia. ¿Cómo ves a este Barça sin Messi, sin Griezmann, con algunos “viejitos” como Piqué, Alba o Bousquet en su última etapa? ¿Hundiéndose o saliendo a flote?

-Primero, dejame cuestionar rápidamente tu metáfora. Yo, por haber escrito en El País no significaba que iba con el Real Madrid, ni tampoco por estar en La Vanguardia voy con Barcelona. Cuando la gente me pregunta cuál es mi equipo, le digo: mi equipo es Messi. Soy fan total, devoto de Lionel Messi… aunque me va a costar un poco ser fan, también, del Paris Saint-Germain (risas).

-¿Y en cuanto al Barça de hoy?

-Lo veo fatal. La otra noche, justo estuve viendo en YouTube algunas jugadas del gran Barça de Messi Xavi, Iniesta y compañía. Comparalo con el Barça de ahora, un equipo que es absolutamente imposible que compita seriamente por la Champions. Y quién sabe acá en España, donde, igualmente, quizá no solo no gane el título, sino que ni siquiera quede entre los primeros seis y, por lo tanto, no clasifique para la Europa League.

-Algo ha incorporado, sin embargo.

-El último fichaje es un tipo al que ni su madre conoce, Luke De Jong, un holandés que fue descarte del Newcastle, uno de los equipos más pobres de la liga inglesa y luego un descarte del Sevilla. Y ahí está, el tipo que se supone va a marcar los goles en ausencia de Messi. ¡Dios mío! Lo mismo que el danés Braithwaite, más digno de jugar en un equipo pequeño como el Getafe o el Levante.

-¿Cómo te cayó que le dieran la 10 de Messi a Ansu Fati, que es una de las promesas del fútbol español?

-Ansu Fati es un chico joven, un jugador muy interesante. Ha estado lesionado mucho tiempo, alrededor de un año y medio. Veremos cómo se recupera. Y ahora lleva el número 10. ¡Pobre, semejante carga, semejante herencia! En fin. Ansu Fati promete, pero no es alguien que deslumbra como Messi. No es un jugador del montón, pero, aunque su promesa se haga realidad, no acabará siendo más que uno de los diez o veinte mejores delanteros del mundo y con mucho debate sobre su posición en el ranking.

-Mirando la vereda de enfrente, el Madrid tampoco tiene una plantilla muy renovada, ¿no?

-El gran sueño del verano merengue fue que iban a fichar a Mbappé, del Paris Saint-Germain. Un gran foco de ilusión y esperanza. No lo lograron. Y, sí. También es un equipo envejecido como el de Barcelona. Ninguno de los dos genera una gran ilusión, ahora que está empezando la temporada europea.

-¿Alguno de los dos tiene algún plus en su favor?

-Quizá el Madrid tenga un equipo más fuerte, más compacto que el Barça. Pero no mucho más. Con lo cual, sería una apuesta loquísima poner dinero a favor de que el Madrid gane la próxima copa europea. Es prácticamente inconcebible.

-O sea, se ha ido igualando todo hacia abajo.

-Es que, con la salida de Messi, es un problema no solo para el Barça sino también, indirectamente, para el Real Madrid. Porque la liga española queda bastante empobrecida y dado que la principal fuente de ingresos son los derechos de televisión, yo me pregunto: ¿cuánta gente, primero en España y luego en el resto del mundo, va a tener interés en ver sus partidos? Creo que ese mercado se les va a derrumbar y, como decíamos antes, la Premier League va a despegar y a distanciarse cada vez más del resto de las ligas.

-Pasemos a otro asunto que preocupa, y mucho, a varios países: la inmigración. La inmigración forzada por problemas bélicos, de pobreza o sanitarios. Da la impresión de que el mundo, y muy particularmente Europa, no tiene una brújula que ordene la situación.

-¡Qué temas más amplios, más grandes que me sacan!

-A tu altura, John, nuevamente.

-La inmigración ha sido un fenómeno humano desde los primeros tiempos de nuestra aparición en la Tierra. Desde algún lugar de África empezaron a migrar para arriba, para la derecha y para la izquierda. Cruzaron el estrecho de Bering, algunos acabaron allí, en la Patagonia. Esto es un fenómeno eterno de la humanidad, que eternamente ha generado conflicto.

-Nacimos en conflicto, está claro…

-No sabemos la historia de los primeros encuentros, pero podemos estar seguros de que hubo imperialismo, colonialismo, violencia, cosas muy terribles desde mucho, mucho antes de que aprendiéramos a escribir. Entonces, sí, hoy es complicado, más con el cambio climático que, seguramente, va a afectar mucho a África. Por lo tanto, veremos más gente huyendo desde allí hacia los países más prósperos del norte.

-¿Y quién tiene una brújula confiable, entonces, ante la complejidad del fenómeno?

-Brújula no hay. La cuestión, como en el tema de la pandemia, es intentar limitar el caos, limitar el daño. Y, con suerte, si se gestiona bien, la inmigración también puede lograr que sea una aportación a los países que la reciben. Yo, por ejemplo, si tuviera una empresa, que no la tengo y nunca la tendré; pero si tuviera una pequeña empresa y tuviera que elegir acá en Barcelona entre reclutar a un obrero de Nigeria o a un obrero español, seguramente elegiría al nigeriano.

-¿Por qué?

-Porque la fuerza, la perseverancia, la energía que todos ellos demostraron para salir de Nigeria, atravesar el desierto y llegar hasta España, me van dar seguramente un trabajador más comprometido que uno que ya está acá con su familia y sus cafés.

-Sangre nueva en sociedades más envejecidas…

-La inmigración puede aportar mucho a la sociedad. Fíjense ustedes el caso de Estados Unidos, un país de inmigrantes. Pero, antes de llegar a esa feliz conclusión, pues, siempre va a haber roces y complicaciones. Esta es, como decía, la condición humana desde los siglos y los siglos y los siglos.

-Enorme charla, John. Si tu ídolo es Messi, para nosotros, los periodistas, nuestro ídolo es John Carlin. Es como si hubiéramos hablado con Messi. Gracias.

-(Ríe) ¡Ah, bueno! Tampoco te pases. Como dicen en México: ¡Bájale, maestro!