Se va un año que nos dejó desnudos frente a la realidad. Pero también nos dejó el cambio, y con el cambio el desafío de plantearnos un nuevo futuro y una nueva estrategia para darle a nuestra querida Argentina lo que tanto se merece, y a nuestra provincia, lo que aún podemos mejorar. Por enésima vez, hemos hablado de cambio, pero ahora el cambio tiene que ser en serio, categóricamente en serio. Ya no hay salto al vacío posible, como tanto se ha dicho. Porque estamos en donde termina el vacío, en el fondo del precipicio, allí en donde nos dejó el kirchnerismo. Es la hora de saltar hacia arriba.
Hay esperanza
Con la Ley de Ministerios se marca un claro camino de gobierno que garantiza una educación de calidad; un gobierno, infraestructura y transporte orientados a crear valor público; una apuesta segura a la producción y al desarrollo sostenible; y la profundización en las políticas de seguridad y justicia
Me nace en lo personal y me lo transmiten aquellos con los que he tenido oportunidad de compartir en este último tiempo, la necesidad de sembrar la reflexión y la esperanza para que en el próximo período -sobre la base de las lecciones aprendidas- sea posible construir las condiciones que tanto anhelamos para salir adelante.
Hemos tenido un gran ejercicio ciudadano y democrático este año. Así fue que acudimos a las diferentes instancias electorales marcando un rumbo claro: ponerle fin al proyecto populista. Más allá de los desdoblamientos, entendimos muy bien por quién quiere la gente ser gobernada, y es por eso que quienes estamos en espacios gubernamentales tenemos que ser los que mejor debemos comprender el mandato y la gestión a realizar.
Por todas partes y todo el tiempo se escucha que la situación que se avecina va a ser complicada, de lenta solución y por caminos tal vez sinuosos y difíciles de recorrer. Seguramente nos esperan meses de tensión, incluso de más ajustes.
En materia de macroeconomía, el gobierno nacional que se va nos ha dejado en la peor situación de nuestra historia, con más de la mitad de la población viviendo en condiciones de pobreza y azotada por una inflación descontrolada, que se acerca poco a poco al horizonte de estanflación.
Es en ese sentido que quiero transmitir tranquilidad y templanza a los mendocinos y mendocinas, y asegurarles que la provincia tiene un programa de gobierno fuerte, comprometido con la gente y comprometido con la idea de promover las condiciones necesarias para impulsar la industria local, impulsar la generación de empleo, desarrollar la infraestructura industrial, afianzar la calidad de las trayectorias educativas, mejorar el sistema sanitario y continuar posicionando a Mendoza dentro del territorio nacional y de los mercados internacionales.
Con la Ley de Ministerios, recientemente presentada a la legislatura, se marcará un claro camino de gobierno, con objetivos contundentes, planteando y avizorando la eficiencia del Estado que no solo reajustará sus dimensiones, sino que además se ordenará a sí mismo de tal forma que garantice lo que hay que garantizar, a saber: una educación de calidad, desde la primera infancia en el desarrollo integral de la persona; un gobierno, infraestructura y transporte orientados a crear valor público; afianzar la inversión que sirva de base a la producción, una apuesta segura, que junto a energía y ambiente, generarán empleo y un desarrollo sostenible en la provincia; mantener el compromiso de fortalecer el sistema sanitario y la profundización en las políticas de seguridad y justicia.
Estamos hablando de emprender un compromiso de celeridad, excelencia, de economía y de eficiencia en el Estado. La dimensión, organicidad y coherencia de la estructura gubernamental, junto a la ley de presupuesto que ya ha sido aprobada, constituyen una verdadera base de confianza en el sentido de que todas las propuestas de campaña lanzadas por la fórmula electa en Mendoza tienen que ser cumplidas.
Sentí como legisladora un gran orgullo al ver que la votación de la Ley de Ministerios tuvo un apoyo unánime en la cámara, tan solo con algunos cuestionamientos de la oposición, porque eso fortalece la institucionalidad que necesitamos para seguir consolidando un proyecto de gobierno centrado en el ciudadano.
Entiendo la desilusión generalizada que existe en la sociedad hacia una manera de hacer política. Yo no quiero pertenecer a ese colectivo negativo y cuestionado. ¿Cómo lograrlo? Pienso y escribo en voz alta: estoy convencida que la clave es escuchar, estudiar la realidad, caminar mucho la provincia, estar cerca de la gente y ayudar en lo que tenga incumbencia, porque nuestros comprovincianos nos necesitan. Tan simple como eso y sin aditamento alguno.
La sociedad necesita y requiere un cambio en el perfil de quienes hacemos política. La gente quiere ver y sentir la sinceridad y la espontaneidad de sus representantes. Los quiere ver en acción, que no pierdan la cercanía que permite dimensionar el impacto de las políticas aplicadas y las necesidades emergentes en los distintos rincones provinciales, departamentales, distritales y barriales.
Estamos a horas de iniciar una nueva etapa a nivel nacional y deseo con todo mi corazón y mi inteligencia que el presidente electo, junto a su equipo de gobierno, tenga éxito en su gestión, porque de ser así nos va a ir bien a todos. Necesitamos, más que nunca, trabajar juntos por la recuperación económica y moral del país y aportar nuestra fortaleza política para realizar efectivamente los cambios que nos devuelvan a los buenos tiempos.
* La autora, Fernanda Sabadín, es senadora provincial del frente Cambia Mendoza.




