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Éramos pocos y ahora nos zampan otro Gran Hermano

Los lectores argentinos, que tenemos merecida fama de pavos, y no nos damos cuenta cuando el periodismo nos vende vende gato por liebre, tendremos por fin un organismo oficial que nos defenderá

"¿Lo qué?", solían preguntar, cuando yo era chico, algunas personas si no entendían algo. La misma pregunta me brotó a borbotones cuando leí que el gobierno nacional había creado un nuevo organismo público, definido como "un observatorio" destinado a hacer un seguimiento de las informaciones que publica la prensa independiente. La nueva repartición, que seguramente se llenará de militantes kirchneristas rentados, se llama Nodio, una especie de contracción de "No al odio".

¿Para qué? Siéntese, estimado lector, y tome nota del disparate. "Para detectar discursos de odio, de desinformación y de noticias maliciosas que promuevan la polarización social y la violencia simbólica". Esto y dar por sentado que la ciudadanía no tiene capacidad de discernimiento y que por lo tanto es trabajo del Estado protector salir en su ayuda, es toda una sola cosa.

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Hace muchos años, en 1949, un escritor inglés llamado George Orwell publicó una novela satírica llamada "1984" donde un gobierno autoritario hacía este tipo de cosas a través de un organismo bautizado como Gran Hermano. Dicho ente funcionaba junto a otro denominado policía del Pensamiento, destinado a vigilar masivamente lo que se escribía y lo que se pensaba. Ese régimen había creado una neolengua para que todos hablaran en una misma dirección. ¿Mi capisce?

Límpiate la boca

Vestigios de esa neolengua podemos hallarlo en esa ola de lenguaje inclusivo y moralizador que nos viene diciendo, desde cierto progresismo pacato, cómo hay que hablar. Voy a aclarar: algunas de esas cosas son atendibles, otras son disparates soñados.

Por ejemplo, según esa biblia pagana, si yo a alguien le digo "petiso" ejerzo violencia simbólica, porque debo referirme al otro como "persona de baja estatura que es tan gente como el que más". Me cortan la lengua si llego a sugerir que muchas veces ese tipo de término son cariñosos.

Esa ola evangelizadora, que peca de querer ser palabra santa, ha calado hasta en las redacciones y en todo tipo de organizaciones para sugerirnos que "los sin techo" son "personas en situación de calle". O que no se debe decir "menor de edad", porque decir menor es aceptar que es de inferior categoría o importancia.

Los caricaturescos

En una primera lectura, insisto, algunas de estas sugerencias pueden aceptarse porque abogan por una toma de conciencia sobre lacras como el racismo o el machismo. Pero en muchos otras casos son exageraciones irritantes que van detrás de otros intereses.

Intereses que no tienen que ver con la lengua y el habla, dos realidades que las van fijando o cambiando los propios hablantes, sino con dogmas incluidos en ortodoxos y burdos manuales de cómo se debe pensar y hablar políticamente.

Parte de esa supuesta corrección política hinca sus raíces en la URSS, de manera particular desde que el stalinismo furioso estableció qué cosas eran políticamente correctas para "conservar" la revolución y cuáles no. Es decir, qué cosas había que hacer para pasar a ser conservadores. Esta tendencia política se fue instalando en los grupos de izquierda de varios países.

En los '50 la izquierda norteamericana, por ejemplo, ya tenía su propia tabla con los mandamientos para ser una buena persona de izquierda en esa nación. Y un libertario como Pablo Neruda ya había escrito las odas a un dictador feroz como el padrecito Joseph Stalin, quien mandó asesinar a millones de personas.

La nueva encíclica nac y pop

La puesta en marcha del Nodio, cuyo pomposo nombre completo es Observatorio contra la desinformación y la violencia simbólica en medios y plataformas digitales, fue anunciado por la titular de la Defensoría del Público, Miriam Lewin, de conocido pasado en montoneros. La iniciativa ya ha desatado una ola de críticas en todas las organizaciones periodísticas, en los propios medios y en la oposición.

Según la comunicación oficial, el Nodio tendrá la tarea de proteger a las personas mediante la "detección, verificación, identificación y desarticulación de las estrategias argumentativas de noticias maliciosas y la identificación de sus operaciones de difusión".

Le pido otro favor, lector, y lo dejo tranquilo: échele otro vistazo a la concatenación de términos cuasi policiales y hasta militares del párrafo anterior. A confesión de partes, relevo de pruebas.