El gran economista Murray Rothbard, en su libro Hacia una nueva Libertad, nos muestra cómo elEstado crea delitos donde no los hay, mediante la legislación y el uso de la fuerza.
En un mercado libre no existe competencia desleal
Es importante recordar que sólo existen 3 derechos: Vida, Libertad y Propiedad y cualquier acción estatal para su resguardo debe ser ex-post nunca ex-ante
Un ejemplo típico de ello sería la aplicación de precios máximos, lo que obliga a un comerciante a vender a un precio distinto al que él mismo quisiera vender. Y en su libro Monopolio y Competencia, nos explica la diferencia entre “soberanía del consumidor” y “soberanía individual”, reflejando precisamente que dicha soberanía no sólo es de quien compra, sino que el productor también tiene la posibilidad de elegir producir algo o no, dependiendo de su análisis individual (recordemos que el valor siempre es algo subjetivo).
¿Soberanía del Consumidor o Soberanía Individual?
Vamos a empezar por el segundo punto mencionado arriba, la diferencia entre soberanía del consumidor y soberanía individual. El concepto de soberanía del consumidor, fue creado por otro economista, el profesor W. H. Hutt en un artículo publicado en 1934. El punto central es que el consumidor es el que define qué se produce, cuánto se produce y a qué precio se debe producir un bien o un servicio. No hay nada que objetar al hecho de que el productor, debe hacer caso a las directivas de los consumidores si quiere vender su producto o su servicio; incluso se va más lejos y se habla de “tiranía del consumidor”.
Pero como muy bien explica Rothbard, soberanía implica el uso de la fuerza (de ahí los Estados soberanos por ejemplo), y en términos de un mercado libre la única soberanía que existe es la del individuo como tal. Es el individuo el que decide sobre su persona como un todo (cuerpo, alma, mente), sin que eso implique la obligación de otro al respecto. Esto significa que el productor también es soberano, es decir, no está obligado a proveer lo que el consumidor está pidiendo, al precio que está pidiendo y la cantidad que está pidiendo.
Rothbard hace la aclaración de que se refiere no sólo a bienes y servicios presentes, sino también a bienes y servicios futuros.
El profesor Hutt señala que si un productor realiza acciones que impliquen un cambio en lo que el soberano consumidor pide, tanto sea en calidad, cantidad y precio, sería una acción inmoral que debe ser sancionada. Se nota aquí una esquirla neoclásica en el argumento que a la postre, deriva en intervención estatal para corregir esa “falla” del mercado. En efecto, el modelo de competencia perfecta, de creación neoclásica, señala que sólo hay competencia si hay muchos productores, que fabrican productos homogéneos. Al ser muchos no pueden alterar el precio que pasa a ser una información que viene del “mercado” y sólo pueden decidir sobre la cantidad a producir. Hay perfecta información en el mercado para todos (consumidores, productores, capitalistas) y cualquier desvío de ese “equilibrio” implicaría ineficiencia.
Dado esto, la intervención estatal corrige el desvío. Un ejemplo típico son las famosas leyes antimonopolio, si hay un sólo productor, hay una falla del mercado que debe ser corregida mediante una ley que prohíba la existencia de un sólo productor de un bien o un servicio.
Rothbard es muy claro en señalar que el productor no incurre en una acción inmoral si decide cambiar el precio, la cantidad o la calidad de un producto, siempre y cuando no viole Vida, Libertad y/o Propiedad.
Esto trae aparejado dos cosas claves:
- 1) el productor es libre de elegir producir o no producir un bien o servicio, al margen que lo pida el consumidor en cuanto a precio, cantidad y/o calidad. Esto implica no sólo elegir producir algo, sino también la libertad de producirlo en un determinado lugar, región ó país
- 2) Si sube el precio, baja la calidad y baja la cantidad no está incurriendo en delito alguno, sólo está aplicando su “soberanía individual” y nadie puede obligarlo a algo en contrario, ni siquiera el Estado mediante leyes o normas.
En síntesis, en un mercado libre, un mercado competitivo no tiene nada que ver con la cantidad de productores, la información existente, la homogeneidad del producto, sino si existen barreras legales de entrada y salida.
El Estado como “inventor” de delitos
El profesor Rothbard no deja lugar a dudas al explicar cómo el Estado vive inventando delitos donde no los hay. Digamos que en términos generales, siempre que el Estado actúa ex ante viola alguno/s de los 3 derechos que existen ya mencionados.
La única forma de saber que existió un delito, es ver que la acción haya violado alguno de esos 3 derechos y eso sólo es posible verlo luego que el hecho se ha producido. De ahí que toda acción del Estado sólo puede ser ex post, para que no sea el propio Estado quien viole derechos.
Existe un principio jurídico que dice que, no se puede resguardar un derecho con acciones que violen otro derecho. El caso típico son las manifestaciones que no permiten el libre tránsito por calles y veredas. Y existe otro principio jurídico que dice que, no se puede de manera indirecta realizar una acción que hecha de manera directa implica violación de alguno de los 3 derechos mencionados.
Un caso típico son las restricciones a importar bienes o servicios. ¿Cuál es la diferencia entre tener una fábrica de autos y a punta de pistola ir a la frontera y no dejar entrar a nadie que haya comprado un auto en el extranjero y solicitar y lograr que el Congreso vote una ley para que no dejen entrar autos importados? Ninguna.
El Estado no puede violar la soberanía del consumidor y tampoco la del productor, pero ni el consumidor ni el productor pueden intentar violar la soberanía individual del otro. De ahí que tanto una ley que no permita ingresar lo que sea que quiera comprar el consumidor en el exterior (cupos, prohibición de comprar autos, línea blanca, etcétera), como una ley que obligue al productor a producir en determinada cantidad, calidad y precio (ley de desabastecimiento, precios máximos, organismos que “controlan” calidades), son totalmente anti-derecho y violatorias de los derechos mencionados, al tiempo que violan la soberanía individual.
Sin dejar de mencionar la ineficiencia que generan en la economía, producto de la idea neoclásica de que el equilibrio sólo se logra en un mercado perfectamente competitivo, cuando es allí donde existe precisamente ineficiencia al no permitir que el mercado decida libremente (consumidor, productor, financista en conjunto y sin violarse sus respectivas soberanías individuales), qué, cuánto, dónde y a qué precio producir y/o vender un producto o un servicio.
A manera de colofón
El mercado es un proceso de permanente descubrimiento, es decir, es algo dinámico; y su eficiencia es endógena. Ninguna acción estatal en la economía genera eficiencias sino todo lo contrario; altera estructuras de precios relativos, de producción, de financiación (al tocar la tasa de interés).
El consumidor ejerciendo su soberanía puede decidir comprar cosas en el país o en el exterior, yendo a un supermercado o pidiendo por plataforma, a un precio mayor o uno menor (quién dice que siempre se compra a menor precio, no entiende el funcionamiento del mercado libre). Y al mismo tiempo el productor también ejerciendo su soberanía puede decidir vender en el país o en el exterior, en supermercado o por plataforma (o ambas maneras), a un precio mayor o a una menor (quien dice que siempre se intenta vender a un precio mayor no entiende el funcionamiento del mercado libre).
Esto se denomina en economía: Eficiencia Dinámica, concepto aportado por el profesor Huerta de Soto.
El gran filósofo Heráclito decía que si alguien baja a bañarse en un río, y al rato lo hace de nuevo, esa persona ya no es la misma y el río tampoco. “Todo fluye” nos enseñaba. La economía que ya está entre nosotros y la del futuro (no la que viene), obliga a consumidores, a productores y a financistas a comprender los nuevos momentos y las nuevas formas, a capacitarse y a prepararse. Cazar en el zoológico, pescar en el barril, como comúnmente se dice, ya no es una posibilidad.
Una sugerencia para quienes crean verse afectados por esta “nueva economía”.
Pidan que el Estado, sobre todo provincias y municipios, bajen el gasto público y consecuentemente la presión tributaria si quieren poder competir, porque el proceso es inexorable.
Tanto en Argentina como en el mundo, el Estado no tiene otro camino que retirarse de la economía porque no puede solventar más gastos, subsidios y privilegios; de ahí la crisis de deuda pública que existe.
Es el fin de un ciclo, entenderlo o no, hará la diferencia.







