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Análisis y opinión

El ruego de Manzur y la posible respuesta divina: "Ya dimos"

Hay que decirlo: no existe ningún plan divino que se ocupe de asistir a gobiernos populistas que descreen del abecé de la economía

Dios, ya se ha dicho poéticamente, está en los detalles. No en los planes de gobiernos populistas que descreen del abecé de la economía. Esto lo debería tener en cuenta Juan Manzur, el nuevo jefe de Gabinete del Gobierno nacional, que ha solicitado -pública y enfáticamente- la ayuda de Dios para poder sacar a la Argentina de la crisis en la que está inmovilizada.

Los argentinos debemos ser conscientes de que esa ayuda extraordinaria y cósmica difícilmente vaya a cumplirse. Es que la coartada que tiene la Divina Providencia para no darnos bola es potente y puede traducirse así: "Muchachos, ustedes tienen libre albedrío y deben ganarse el pan con el sudor de sus frentes, póngase a trabajar y déjense de joder. Ya dimos".

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Lo que la Argentina necesita es realizar cambios y reformas en su economía y en sus usos políticos, evoluciones modernas, sensatas, consensuadas, abiertas a lo que pasa en el mundo. Garchar es muy lindo pero desgraciadamente haciendo sólo eso no vamos a solucionar per se la inflación endémica ni a generar trabajo genuino.

Un país que no le da racionalidad a su plataforma fiscal y que no moderniza su régimen laboral, un país que no se replantea su relación con el resto de las naciones para volver a crecer de manera sostenida, es un país que raramente vaya a recibir dones y favores de nadie, mucho menos del Señor al que imploró Manzur.

Por lo demás, si efectivamente existe Dios, su inmensa sabiduría le debe haber enseñado que los argentinos tendemos a ser chantas, incorregibles y poco afectos a honrar nuestras deudas.

Escupir el asado

¿Cómo definir a un país que prohíbe la exportación de sus riquezas? Otra vez se lo ha hecho con las carnes bajo el argumento de que así obligarían a bajar los precios de los cortes más demandados por los argentinos. Eso es algo que no surtió efecto nunca. Va contra natura. Y va a quedar como un disparate de algunos funcionarios que no funcionan.

Es muy posible que los cortes de la carne sigan remarcándose porque el Gobierno emite de manera desmedida pesos sin un escudo real de reservas que lo sustente. Ahora insisten con la idea de salir a clausurar supermercados por los aumentos de precios, en lugar de plantear un programa serio para sofrenar el gasto público improductivo, crear puestos de trabajo genuinos o para mejorar la distribución del ingreso.

Lo que más se produce en estos días en la Argentina es la famosa "platita" que la Casa Rosada está generando con la maquinita. "Platita" que servirá, según estiman, "para dar vuelta las elecciones" del 14 de noviembre. Así lo ha manifestado Daniel Gollán, el candidato bonaerense que secunda en las marquesinas oficialistas del kirchnerismo ala postulante estrella Victoria Tolosa Paz, quien nos enseñó cuáles son las esencias que definen al fenómeno peronista.

Según el buen saber y entender de esa candidata, se trata del "garche, la pasión y la fiesta". La fiesta puede que nos deje con resaca y nos dificulte el entendimiento, pero el sano ejercicio genital del que presumen debería ayudar a que los funcionarios tengan la mente más aireada y fresca. Por ejemplo, para tener rigor fiscalista, decisión de combatir la inflación, o habilidad y sentido común para favorecer la creación de empleo privado y no para seguir viviendo eternamente en el clientelismo y el pobrismo.

Los oligarcas

El Gobierno en estos casi dos años de gestión ha vuelto a atacar al campo (a pesar de que los ingresos en dólares de las exportaciones de granos le han dado un formidable respiro a las arcas oficiales); también ha cuestionado a las empresas digitales llamadas unicornios, algunas de las cuales han preferido trasladarse a Uruguay o Paraguay.

Ha facilitado asimismo que grandes empresas internacionales huyeran de la Argentina ante la imposibilidad de importar productos o de remitir dinero a sus casas centrales, cuando esa es la lógica con que trabajan, con los debidos controles claro, todas esas firmas sea en China, Vietnam o en Canadá o Australia.

El kirchnerismo no ha dejado de blandir su prédica anti empresaria y lo ha mostrado cada vez que ha podido. Durante la pandemia Cristina Kirchner criticó que en una fecha patria el Presidente hubiera aparecido rodeado por algunos empresarios, como diciendo que esa gente no tiene patria.

La viña del Sr.

Hay empresarios de toda laya y lo mismo pasa con los políticos. Pero los empresarios son los únicos que pueden crear trabajo privado genuino y formal. De la misma manera que la democracia y la república son impensables sin partidos y sin políticos, por más chantas y corruptos que algunos de ellos sean.

Con respecto al campo, Cristina y los suyos siguen pensando que los representantes del agro son, sin excepción, una runfla de oligarcas conservadores y poco menos que esclavistas, cuando en realidad el campo argentino ha tenido en los últimos 50 años una serie de cambios en su composición y en su forma de trabajar que lo ha llevado a ser uno de los sectores más tecnificados y más apegados a los avances del mundo.

Varios cientistas sociales coinciden en remarcar la confusión en que han caído muchos de los movimientos populistas de América Latina, entre ellos el peronismo, al definirse como de izquierda, como es el caso del kirchnerismo, cuando muchos de sus rasgos son decididamente de derecha.

Son caudillistas, exhiben actitudes feudales, avalan la transferencia del poder entre parientes, temen dilucidar los liderazgos en internas, tienen pavor al progreso y a la interacción con los países más desarrollados, hacen un culto del secretismo, y dejan a sus naciones o provincias más pobres y atrasadas de cómo las encontraron. Pero, sobre todo, intentan permanecer a cualquier precio en el poder. Y todo el que se les oponga es de derecha.

Decididamente, no es Dios ni ningún vicario suyo, el que sacará a la Argentina del pozo. A lo sumo puede que el político creyente tenga más tranquilidad de espíritu para enfrentar la tarea, así como al agnóstico lo ayude su concepto de un necesario y más justo progreso humano. Pero no hay magia. El desafío es aceptar los problemas y tener la firme decisión política de buscar las soluciones por caminos distintos a los que nos han llevado a esta postración.

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