Análisis y opinión

El peronismo mendocino y su insistencia en la derrota

Las nuevas derrotas del peronismo mendocino en las PASO y las legislativas ratifican la desorientación y la falta de liderazgos

Octubre de 1987. Mendoza. Se votaba a gobernador. El legislador Raúl Baglini era el candidato del oficialismo radical, el que debía suceder, se creía que sin problemas, a don Felipe Llaver. El peronismo presentaba un candidato que se salía de los moldes habituales, José Octavio Bordón (1945). Pero se decía que al Gordo Baglini no había con qué darle.

Los mendocinos asistieron a un debate por televisión de estos dos candidatos que fue muy comentado y dejó marca. La mayoría parecía coincidir en que Baglini había sido más consistente con los números, más seguro. En el propio entorno de Bordón creían que no les había alcanzado para ganarle a Baglini.

Sin embargo, la mayor parte de la ciudadanía había advertido que Bordón traía algo no usual. Otra forma de plantear la política. Quizás más frescura, pero sobre todo un nuevo libreto peronista. Decía cosas que no eran habituales en el PJ.

Tres días después de esa confrontación el Pilo Bordón triunfaba en las elecciones y abría una etapa de renovación del PJ mendocino que iba a durar 12 años, ya que a Bordón le sucedieron los gobiernos de Rodolfo Gabrielli y Arturo Lafalla, todos integrantes del Equipo de los Mendocinos.

Fue tendencia

Pasaron los años y aquel debate Baglini-Bordón se transformó en una bisagra en la historia política de Mendoza y ayudó a instalar en el país la costumbre de los debates a la que otros grandes figurones políticos eran tan remisos.

El "Bordón gobernador" fue, además, un preanuncio de que había empezado a resquebrajarse a nivel nacional la hegemonía del presidente Alfonsín, acuciado por irresueltos problemas económicos. No alcanzaban los logros políticos de ese mandatario que llevó a los estrados judiciales a los sátrapas de la última dictadura.

Bordón se hizo famoso a nivel nacional sobre todo por la forma moderna, republicana, sensata, de manejar la relación entre un gobernador de provincia y un presidente de la Nación de distintos signos políticos. Ni sujeción ni confrontación destemplada, sino un diálogo maduro. Civilización política.

Pasaron más de 30 años de ese experimento bordonista. Y es lógico preguntarse, ante las sucesivas derrotas del peronismo mendocino, ¿cuántos en ese partido han pensado algo realmente interesante en el peronismo de Mendoza después del Equipo de los Mendocinos? Pocos. Demasiado pocos.

Dos audaces

Celso Jaque y Francisco Paco Pérez, los dos últimos gobernadores peronistas que dio Mendoza y que coincidieron con las presidencias de Cristina Kirchner, están entre las peores gestiones que en esta provincia han sido.

Esas dos administraciones se entregaron de pies y manos a la Casa Rosada, los dos aceptaron condicionamientos inaceptables para la cultura política de los mendocinos. Celso Jaque, famoso por prometer cosas que nunca cumplía, asumió diciendo: "A Cristina siempre le voy a decir: primero Mendoza". Dime de lo que presumes y te dirá de lo que careces.

Cristina siempre tuvo en mal concepto al malargüino. Ambos fueron senadores nacionales y se sentaban cerca en la Cámara. La esposa de Néstor creía que a Jaque le faltaba nivel. Si ni siquiera entiende el inglés, le atribuyen a la dama haber dicho por lo bajo para alimentar la ceremonia del chisme.

Francisco Paco Pérez fue un hombre que no estaba preparado para ser gobernador. Su mérito mayor fue ser funcional a Cristina. Le pagaron con el destrato. Lo ignoraron y le pasaron por encima. Y él desconoció a los mendocinos y su historia. Su gestión terminó en un aquelarre de sueldos que no se pagaban, proveedores que no cobraban, obras que se paralizaban, cuentas públicas desquiciadas.

¿Quién podrá salvarlos?¿Y después? Después hubo desbande, unos pocos caciques municipales se abroquelaron en sus intendencias sin aportar nada al peronismo provincial. Inacción. Desorientación. Pero sobre todo ausencia de liderazgo, de ideas, de adecuación a los nuevos tiempos, y mucho libreto apolillado.

Fue la ocasión que encontró el cristinismo y La Cámpora para apropiarse del PJ provincial ante el apichonamiento y la retirada de las diversas facciones del peronismo. Kirchnerismo y mendocinismo son el agua y el aceite. Y los resultados estuvieron a la vista: sucesivas derrotas del kirchnerismo en las urnas de esta provincia y descrédito para una de las alumnas dilectas de Cristina: Anabel Fernández Sagasti.

Ahora tras las derrotas en las PASO y en las legislativas, lo que queda del PJ de cuño mendocino ha salido a pedir renovación, caras nuevas, figuras expectantes elegidas acá y no en el Instituto Patria. De a poco exigen autocrítica y un barajar y dar de nuevo. Pero aún son pocos.

Saben lo que no quieren, pero tienen poca claridad sobre lo que pretenden. Falta masa madre. Falta materia prima de calidad. No hay todavía liderazgos creíbles. Sobran operadores de tiro corto y ya no se aguanta a las intendencias de familia.