Análisis y opinión

El justiciero de la casta política y el político ajusticiado, entre los sucesos mendocinos

La Provincia fue epicentro del "huracán Milei". Al mismo tiempo, tras la condena a Luis Lobos, el intendente Marcelino Iglesias expresó el sentir generalizado

Fiel a su estilo exento de eufemismos, el actual jefe comunal había descripto las irregularidades y la mala gestión que se habían enseñoreado en el departamento más populoso de Mendoza.

Y una vez conocido el veredicto que llevaría a los reos a la cárcel afirmó que esta vez la condena social y la judicial estaban de la mano. "La Justicia es cuestionada por su lentitud en los procesos, pero es efectiva y sus fallos llegan más temprano que tarde. La Justicia de Mendoza no está acusada de corrupción como la Justicia Federal", sentenció el intendente de Guaymallén.

Con la actuación de la Justicia Provincial, que tuvo entre sus protagonistas a la sala II del máximo tribunal integrada por Mario Adaro, Omar Palermo y José Valerio, jueces de perfiles disímiles, queda la impresión de que en Mendoza no predomina la impunidad.

Pese a algunos tironeos y roscas políticas que no faltan, desde diversos sectores hubo expresiones coincidentes sobre lo que pasa aquí, donde dos intendentes ya han sido condenados con prisión efectiva por hechos de corrupción, en un evidente contraste con lo que sucede en la Justicia Federal, siempre bajo sospecha por su escasa diligencia en las causas que se tramitan en ese fuero.

El fallo extemporáneo de la Corte que declaró inconstitucional la ley que disminuyó la cantidad de miembros del Consejo de la Magistratura y las artimañas de la vicepresidenta para birlarle el representante que correspondía a Juntos por el Cambio dan cuenta de la dependencia de origen de los jueces que se pretende apadrinar.

Las trampas de Cristina corren parejo a las urdidas por la oposición, según explicó la vocera presidencial en un sugestivo ensayo de justificación. Sería entonces una competencia de tramposos lo que forma parte de las esferas institucionales que deberían caracterizarse por la transparencia de actos impolutos.

Antes que la judicialización de la política, se trata de la politización de la justicia. Una obscenidad expuesta ante la sociedad, que aumenta su malhumor, más cuando su situación empeora en paralelo a la creciente inflación.

Con cada golpe al bolsillo, mientras en el gobierno se abuenan y se pelean en la misma jornada, se van caldeando los ánimos. Por eso el tractorazo de este sábado encuentra eco e identificación más allá de la población rural y de los productores.

Los bonos extraordinarios que volcarán en las próximas semanas llegarán como un paño frío para una parte de la población que está perdiendo ingresos en este cuatrimestre frente a una inflación extraordinaria.

Al menos la semana concluyó con unas módicas buenas noticias. Según el INDEC, la actividad económica de febrero subió 9,1% interanual y 4,5% en relación con el mismo mes de 2019, antes de la pandemia.

También se destaca en el haber, la declaración de la gerenta del FMI, Kristalina Georgieva después del encuentro del viernes con el ministro de Economía argentino en Washington: "Muy buena reunión con el ministro Martín Guzmán. Discutimos la continua recuperación económica de Argentina, el desafío de abordar la inflación frente al impacto de la guerra en Ucrania y el progreso hacia la primera revisión del programa", comunicó.

Según lo señalado por Georgieva y por Guzmán, el Gobierno podría superar el monitoreo de la primera revisión de los enviados del Fondo, lo que en las circunstancias actuales no es para minimizar.

A la conquista del Oeste

Y pasó el fenómeno Milei por Mendoza, el político de moda que habla contra la casta política. Hizo ruido, convocó gente y no pasó inadvertido.

Montado sobre el hartazgo hacia la clase dirigente, el libertario que quiere ser presidente llama la atención por su vocabulario, su look, las críticas punzantes que lanza y porque sabe cómo atraer con su personalidad excéntrica.

De modales agresivos y ojos felinos, su profusa cabellera tipo peluca desacomodada ya se ha convertido en un sello identitario. Ya sea cuando levanta la voz o cuando baja el tono, es difícil no prestar atención a su arenga muchas veces destemplada, y otras tantas con estilo catedrático.

El diputado que sortea su dieta sin ningún pudor de hacerlo con la mayor visibilidad publicitaria posible, vino a convencer de que es capaz de cambiar todo, aunque se mostró aliado con históricas figuras del partido más conservador de Mendoza.

Posicionado como revolucionario por derecha, histriónico, original, temerario, audaz, decidido, divertido, repelente, más todas las sensaciones y opiniones que genera según cada cual, Milei -a esta altura un nombre popular- a nadie puede resultar indiferente. El estado de situación económica y social se encarga de todo lo demás.

Para cada uno de los males que aqueja a la población tiene una receta: si el peso cada vez vale menos, el remedio es la dolarización, si la emisión monetaria genera inflación, hay que cerrar el Banco Central. Y echar a patadas a los responsables políticos.

Con un arranque electoral inesperado en la ciudad de Buenos Aires, Milei busca extenderse en todo el territorio. De la mano de la juventud que se aferra a la rebeldía sin referencias ideológicas de fondo, y con el impulso mediático de la televisión y las redes sociales, el fenómeno porteño se va extendiendo por la Argentina profunda.

La consigna contra un Estado que ha sido cooptado por la dirigencia parasitaria va prendiendo también en los sectores que ven que el fruto de su esfuerzo se diluye como un botín que usufructúan los funcionarios para beneficio propio y como recurso del populismo electoral.

Cuando la mayoría la está pasando mal, crece la necesidad de aferrarse a algo o alguien que devuelva la esperanza. Son procesos que no emergen de un momento a otro, sino que se van cocinando día a día de la mano del descontento y, lo que es peor, de la falta de horizonte, principalmente en las capas medias que, lejos de prosperar, ven su futuro con incertidumbre. Así, parte de la juventud busca emigrar para escapar del panorama sombrío, mientras otra piensa en alternativas que se muestran por fuera del establishment político.

Experiencias de candidatos no tradicionales y outsider del sistema, que logran irrumpir electoralmente en ambientes políticos caldeados, han existido por todos lados en décadas pasadas y también los vemos en la actualidad.

En este caso, el tiempo dirá si estamos ante un personaje de la nunca, una estrellita fugaz que se difuminará antes de las presidenciales o si el fenómeno logra cristalizarse en las urnas para meterse como una opción para la segunda vuelta, lo que entonces implicaría una cosa seria.