Análisis y opinión

El FMI hermana a Macri y al dúo Alberto-Cristina como referentes de la Argentina deudora

La fuerte tensión política que se registra en la coalición de Gobierno de la Argentina, más la cambiante situación internacional, acechan al pacto con el FMI

Alberto Fernández, el que no acepta presidencias "colegiadas" pero que actúa como si sugiriera lo contrario, y que encima pide aplausos para Cristina, la que no le atiende el teléfono, cuenta desde el viernes pasado (25 de marzo) con 9.650 millones de dólares. Esos billetes verdes integran el primer desembolso del nuevo préstamo por 45.000 millones que el FMI le ha aprobado al país para que no caiga en default y pueda devolver en varios tramos los 44.000 millones de dólares que en 2018 le entregaron al gobierno de Mauricio Macri.

Como si fuera un deudor solvente, Fernández podrá abonar la cuota de 2.800 millones de dólares que se vencen este fin de marzo. Hasta el viernes pasado, día en que el directorio ejecutivo del FMI le dio finalmente el okey y aprobó la transferencia, la Argentina no contaba, ni de lejos, con ese dinero en las famélicas arcas del Banco Central.

Cuando en estos días se efectivice el pago de esos 2.800 millones, el Presidente podrá destinar los otros 6.850 millones que le quedan del primer desembolso de 9.650 millones de dólares a poblar las casi inexistentes reservas del país. Cristina también mirará a esos verdes con respeto, pero se hará la desentendida. Uno y otra los podrán otear con afecto, pero tendrán desaconsejado tocarlos, porque están destinados a cancelar deuda.

Riesgosa Argentina para el FMI

Los del FMI han admitido que la operación con Argentina ha estado cargada de un fuerte contenido de apoyo político de parte de los Estados Unidos y de Europa quienes coincidieron que no había que dejar caer a la Argentina en cesación de pagos.

Ahora debe darse un fuerte seguimiento técnico ya que hay "riesgos excepcionalmente altos" (FMI dixit) de que la nueva programación de deuda sea incumplida por parte de la Argentina. Ya hablan de "calibrar" el proceso de forma muy continuada y no cada 3 meses.

Los riesgos a los que aluden los controladores del Fondo tienen que ver, por un lado, con la cambiante situación internacional que trajo la guerra de Rusia con Ucrania, y que como en un juego de dominó está afectando los precios internacionales de productos vitales para la vida cotidiana, como el gas y otros insumos usados en la producción de energía, más los aumentos en los precios de los alimentos.

El otro costado fulero es la fuerte tensión política que se registra al interior de la coalición de Gobierno de la Argentina, donde peronistas y kirchneristas se odian y se hacen trampas, pero donde ninguno quiere quedar estigmatizado como el responsable de una ruptura. Ambos saben que ni uno ni el otro grupo podrían volver a ser gobierno si no siguen juntos.

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El presidente Alberto y Kristalina Georgieva, directora del FMI.

El presidente Alberto y Kristalina Georgieva, directora del FMI.

Paradojas

En el Gobierno argentino están entrampados. Controlar que se cumplan las promesas hechas al FMI, puede ser políticamente desgastante. Sobre todo por los camporistas que limarán todo el tiempo al Presidente y a su ministro de Economía, Martín Guzmán.

El FMI insiste en que trabajarán a diario para auditar que la Argentina baje el déficit fiscal, frene la emisión monetaria y sincere los subsidios, rubros que aquí y en la China comunista se tienen en cuenta para poder bajar la inflación.

Parece mentira, pero hasta el dictador venezolano Nicolás Maduro está logrando bajar la inflación apelando a los métodos económicos que usa "el imperio".

Hace un mes y medio, Alberto Fernández estaba cantándole loas a un autócrata como Putin en Rusia y a un dictador como Xi Jinping en la China, a los que prometió que la Argentina iba a terminar con la dependencia hacia los Estados Unidos y el Fondo Monetario. Al mismo tiempo los presidentes de Estados Unidos y de varias naciones europeas convencían al FMI de que era necesario no dejar librada a la Argentina a su suerte.

Es paradójico que un gobierno "nacional y popular", como el del Frente de Todos, que vivía cuestionando a Macri por la deuda producida desde el liberalismo con el FMI, haya tenido que generar un problema similar para seguir subsistiendo, cuyas consecuencias afectarán a los presidentes que vengan después de Alberto Fernández.

Ocurre que una nación es una continuidad. No es propiedad de ninguna parcialidad, Por ello, los que llegan al gobierno no pueden desinteresarse de los desastres que hayan cometido los que lo precedieron. A veces, como ocurre con el Gobierno de Alberto-Cristina, al enfrentar esos problemas se termina hermanado con sus antecesores en asuntos que el relato oficial de la facción ni imaginó tener en cuenta.