Aquellos políticos que, como en el caso del radical Alfredo Cornejo en Mendoza, son el oficialismo de sus provincias, están obligados a diario a rendir pruebas de equilibrismo político extremo. Es la única forma de mantener en pie sus identidades partidarias y, a la vez, acompañar ese humor social que sigue avalando, con resquemores, el experimento libertario de Javier Milei.
El equilibrismo extremo de Cornejo y la corrosión de Macri y Cristina
Alfredo Cornejo es uno de los políticos que se ve obligado a rendir pruebas de equilibrismo político extremo para mantener su identidad partidaria y, a la vez, no quedar al margen del fenómeno Milei
Para esos dirigentes (radicales, peronistas, macristas) que son referentes de partidos tradicionales, Milei es un "problema" a descifrar día a día. Pero a la vez cargan con otro drama. Se trata de la erosión de la autoridad política partidaria. una especie de descascaramiento que padecen, de manera particular, las grandes figuras políticas.
Cristina Kirchner y Mauricio Macri son hoy adalides de un patronazgo envejecido que hace más evidente la creciente decadencia de sus carreras. En ese sentido, los gobernadores que tratan de acompañar críticamente a Milei, buscan tener más posibilidades políticas para no ser víctimas de esa corrosión.
Cornejo tiene algunos puntos a su favor. Está por segunda vez en la principal tarea ejecutiva de la provincia, maneja una agenda con sello propio, y puede exhibir datos económicos que ubican a Mendoza dentro de las provincias previsibles.
Pero, además, el mendocino es como un referente de los gobernadores radicales, quienes no comulgan con la actual conducción nacional de la UCR que está manejada por un excéntrico Martín Lousteau más parecido a un kirchnerista trasnochado que a un moderno dirigente de un partido liberal de centro.
En Mendoza el peronismo provincial busca, sin demasiado tesón, desembarazarse del kirchnerismo cristinista. Las gestiones de la camporista Anabel Fernandez Sagasti en el PJ mendocino fueron un muestrario de cómo espantar votantes. Durante tres lustros Sagasti se dedicó a adorar a Cristina en lugar de pelear por la Provincia.
Y la nueva conducción partidaria del sanrafaelino Emir Félix -que fue un buen gestor municipal- lleva dos meses sin generar noticias políticas que muevan el avispero provincial.
Peligro de derrumbe
El PRO, que en los últimos 20 años fue, junto con la UCR y la Coalición Cívica, la oferta liberal y republicana con la que se contrarrestó al kirchnerismo populista, es hoy como un edificio con serios problemas estructurales, donde no se descarta un inminente derrumbe.
La idea de Macri de volver como senador nacional por la Ciudad de Buenos Aires, parece estar haciendo agua. Las encuestas lo ubican tercero, cómodo, detrás del mileísmo y del peronismo no kirchnerista. Con ese escenario, presentarse sería un papelón.
No la tiene mejor el peronismo republicano donde la falta de liderazgos es notable, con lo cual ese sector de lo que podríamos llamar el "campo popular bueno", se verá obligado a una política de coalición con sectores como el peronismo cordobés, el larretismo escindido del PRO u otras fuerzas federales.
El látigo de Cristina asusta cada vez menos. Quedó ratificado con los legisladores de Unión por la Patria que aprobaron en Diputados la suspensión de la Ley con la que Néstor Kirchner estableció las PASO. ¿Librepensadores en el kirchnerismo?
Ese tipo de cosas son las que los partidos verticalistas detestan y combaten cuando tienen poder. No es éste el caso. Cristina había ordenado en su momento que se rechazara de plano el proyecto de sacar las PASO porque eso iba a terminar favoreciendo a su ex "joven maravilla" Axel Kicillof que quiere hacer las elecciones bonaerenses separadas de los comicios nacionales.
Conurbanizados
El territorio bonaerense, con su Conurbano tradicionalmente peronista, es hoy un campo de pruebas no sólo para el gobernador Kicillof, un rebelde apichonado, sino para el cientismo político atento a los cambios sociales.
Pero también es un "laboratorio" para los intendentes peronistas que odian la grieta que La Cámpora de Máximo Kirchner ha plantado entre ellos y la comunidad..
Esos jefes comunales, que ya no responden monolíticamente a las órdenes de Cristina y que no quieren sentir hablar de Máximo, no han logrado que Kicillof actúe con más decisión y que pase al frente para comandar ese sentir.
Si en los próximos días el gobierno de Javier Milei logra que se trate y apruebe en el Congreso la ley de Ficha Limpia, la dos veces presidenta y regenta de una cuarta presidencia K, ya no podrá volver a presentarse para ningún cargo político
¿Será entonces el momento de retirarse a El Calafate, su lugar en el mundo, a la espera de que, por un lado, la Corte de la Nación deje en firme las dos instancias judiciales por las que Cristina fue condenada a 6 años de prisión por hechos de corrupción en el caso Vialidad, y de que, por otro lado, arranquen los otros juicios que deberá enfrentar, entre ellos el de los "Cuadernos de la Corrupción" y el de los hoteles fantasmas (Hotesur)?
Con ese don teatral innato, Cristina afinará entonces su papel de víctima, y les restregrá por la cara a los "jueces macristas" que a ella "la historia ya la absolvió".





