Análisis y opinión

El derecho a soñar un país en el que nuestros hijos prefieran quedarse

Las frustraciones acumuladas interpelan a los dirigentes políticos que están compitiendo en un país sin progreso, en una semana sacudida por el crimen de Morena

El crimen de Morena alertó a los políticos y operó como cierre de campaña por inscribirse en aquellos casos de alta conmoción social.

Una sociedad resignada a convivir diariamente bajo el acecho del delito en cualquiera de sus modalidades, sale de su letargo ante situaciones de alta sensibilidad para expresar su dolor y repudio.

Atentos a las experiencias -y a que el horno no está para bollos-, los candidatos decidieron suspender sus campañas y sumarse a las condolencias. Los discretos pronunciamientos se adecuaron más o menos a sus previsibles libretos.

Juan Grabois salió a responsabilizar a la policía en connivencia con las bandas delictivas.

Patricia Bullrich insistió en que hay que poner orden y ocuparse de la seguridad.

Horacio Rodríguez Larreta planteó un proyecto de Régimen Penal Juvenil.

Sergio Massa prefirió anunciar un futuro aumento para jubilados y pensionados.

Axel Kicillof cruzó a su ministro Sergio Berni por sus consignas facilistas.

Javier Milei dijo que los políticos tienen cola de paja.

Aníbal Fernández, el titular de la cartera de Seguridad de la Nación, soltó que no tenía por qué meterse en el asunto.

El triste caso de Morena, la niña a la que mataron dos motochorros a metros de su escuela para quitarle el celular al que transarían por droga (nada nuevo), sacudió la modorra de una campaña en la que lo que ha sobresalido es el desprecio que hay entre unos y otros.

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Todo Lanús despidió a Morena.

Todo Lanús despidió a Morena.

Los ánimos se siguieron exacerbando con los asesinatos a sangre fría de un médico cirujano en Morón a plena luz del día, y de un profesor jubilado, quien fue sorprendido por ladrones cuando se encontraba durmiendo en su casa en Guernica, en el sur del conurbano bonaerense.

Agrupaciones políticas, gremios y organizaciones piqueteras salieron a las calles a marchar, pero no por la inseguridad sino para denunciar la represión policial por la muerte del manifestante en el Obelisco cuando era reducido por la policía de la Ciudad.

Es el clima con que se llega a las elecciones, en un país agobiado por la inflación, la inseguridad y la falta de concordia, mientras las expresiones de repudio selectivo y la especulación política dan cuenta de las distintas varas con que se cotejan los sucesos.

Cada cual hace su juego

Para marcar diferencias en esta campaña, Sergio Massa ha insistido en que será capaz de doblegar la inflación que atribuye al FMI por la deuda de Macri y a la sequía. Su discurso busca abarcar a la base electoral del kirchnerismo y, para conquistar a más sectores, tendrá otro después de las PASO.

Patricia Bullrich intenta vencer a Rodríguez Larreta y, si lo logra, tratará de sumar a los votantes del Jefe de Gobierno porteño sin descuidar a los que se inclinan por Javier Milei. Seguramente insistirá en que habrá que ir a fondo, y de prisa, con los cambios, en una reversión del "si no es todo es nada".

Rodríguez Larreta busca convencer de que el camino es la gestión y el diálogo para arrastrar votos y doblegar a Bullrich y, de seguir en carrera, tendrá el desafío de contener a los votantes esquivos de su rival en la primaria, más a los prefieren la moderación.

Milei seguirá, aun después de las PASO, por el andarivel más extremo del que no se podrá bajar para fidelizar a los suyos y sumar, si Bullrich queda en el camino, a los votantes que pretenden cambios radicalizados.

A su vez, los partidos menores aspiran, en primer término, a superar la barrera del 1.5% para seguir en carrera y salir a la conquista de los electores que queden disconformes con las ofertas mayoritarias.

Los resultados de las urnas de este domingo serán una suerte de primera vuelta que, además de dirimir la interna en Juntos por el Cambio, definirán la grilla de partida hacia las generales de octubre, con lo cual servirán a los electores para reorientar su voto en función de las expectativas que se generen después de las PASO.

Los escenarios que surjan del pronunciamiento cívico serán determinantes para la reacción de los mercados el lunes que, a su vez, condicionará el proceso hacia las próximas elecciones.

Malas políticas y fracasos

Ya hemos tomado como natural el hecho de que los jóvenes emigren a Europa u otros destinos en busca de las oportunidades que aquí comúnmente se les niega.

Se ha transformado en algo usual el despedir a miembros de nuestras familias y de nuestros amigos que han logrado la ciudadanía extranjera o pugnan por ella para tener una mejor inserción laboral y social en los lugares de mayor prosperidad. Y quienes todavía no tienen planes definidos encaran los trámites por las dudas de que en algún momento la vida los empuje a nuevos horizontes.

Así como nuestra moneda se ha devaluado al punto de que hinchas extranjeros rompen billetes en las tribunas para mofarse de nosotros, el pasaporte argentino no es la mejor carta de presentación en los países exitosos. Pero el talento juvenil y de los profesionales formados en las universidades de este país, sí tienen afuera la valoración que se merecen. Obviamente, más que acá por el contexto económico.

Varias consultoras dan cuenta de que dos de cada tres jóvenes han pensado en algún momento en emigrar y si no lo han hecho es por distintas trabas o circunstancias, pero la idea está subyacente. Trabajar de camarero o lograr ascender en alguna posición laboral promisoria será parte de los caminos que les espera, lo que ya tienen contemplado antes de partir.

La crisis económica que nos atormenta está entramada con aspectos culturales y sociales, lo que se conjuga con los peligros que acechan en las calles de los centros urbanos y circuitos barriales, porque no sólo los empleos mal remunerados y las dificultades para prosperar están empujando a buscar nuevos horizontes.

Casos como los de la niña Morena, son otra muestra de la descomposición de la trama social que asola a la población, consciente de que nadie está exento de vivenciar una tragedia. El problema de fondo es que la multicausalidad de la mayoría de los tipos delictivos parte de la responsabilidad y fracaso de los gobiernos. Por eso todos salen a atajarse de distintas formas y los candidatos se han sentido desnudos frente a la sociedad.

Por acción y omisión, desde que estallara la violencia delictiva en los noventas no se ha logrado aplicar en el país una estrategia eficaz que logre atenuar la inseguridad, mediante políticas de Estado articuladas, con el compromiso de todos los poderes del Estado. Vemos en cambio cómo se lavan las manos, endilgándose culpas unos a otros, entre los distintos niveles políticos y colores partidarios. Es la lógica del rédito antepuesto a las prioridades de la sociedad.

El modelo permisivo de la acción delictiva imperante ha propiciado la sensación de impunidad que acentúa el sentimiento de indefensión de las potenciales víctimas, e incentiva el modus vivendi de los delincuentes, donde la falta de políticas de prevención va de la mano del relajamiento judicial.

La proliferación de los delitos que tienen como protagonistas tanto a menores de edad como a bandas organizadas obedece a múltiples causas y a la incapacidad o complicidad de la política para revertir el estado de situación a través de políticas integrales de coyuntura, pero complementadas con acciones de largo plazo que trasciendan a las gestiones de turno.

Se trata de una manifestación más del fracaso de los gobiernos que se expresa en las crisis económicas, la corrupción, la marginalidad, el deterioro cultural, y la destrucción de las normas de convivencia. Queda en evidencia que las políticas de inclusión se han convertido en clientelismo político.

Buena parte de la sociedad aprecia que la política está vinculada, en muchos casos, a privilegios de funcionarios, en lugar de ser una vocación de entrega hacia los representados, tal como se declama.

La distancia entre los discursos de los políticos que se presentan como comprometidos con sus promesas en favor de los ciudadanos y lo que realmente cumplen, a la luz de la experiencia, explica en parte los niveles de abstención que se están observando en el proceso electoral de este año. Así se explican el descontento y la apatía frente a una oferta electoral que no logra convencer.

La democracia como oportunidad

La democracia es un sistema que siempre da oportunidades a través de la competencia y selección de dirigentes. Pero para que se logre el cometido, el compromiso y la participación son fundamentales, no sólo cuando nos llaman a elecciones.

Quizás habría que repensar la maratón eleccionaria que resulta agobiante y termina desmovilizando. Es posible pensar que sea ése otro de los asuntos a revisar en la agenda que viene. No obstante, estas PASO resultan trascendentes como pronunciamiento ciudadano, porque el voto es una herramienta del derecho a soñar.

Al menos hemos logrado cuarenta años ya de democracia ininterrumpida, la base sobre la cual deben asentarse contenidos virtuosos de una política argentina que propicie el arraigo de nuestros jóvenes en un país que todavía debe plasmar los anhelos que se soñaron en 1983.

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