Los recientes datos publicados por el INDEC, que muestran un estancamiento en "serrucho" de la actividad económica con variaciones que confunden a los analistas tradicionales, han revivido las propuestas de volver hacia atrás y "volcar dinero en la calle", "mover el consumo", etcétera.
El consumo sube lento por "combatir al capital" durante 100 años
Las últimas cifras del Emae trajeron infinidad de críticas con propuestas de volver hacia atrás sin entender que sólo reconstruir el capital es la clave

Los analistas keynesianos argumentan que "falta liquidez" o "falta consumo de la calle".
Foto: Martín Pravata / Diario UnoPara la macroeconomía convencional -esa que heredamos de John Maynard Keynes y que domina los manuales universitarios-, la economía es una especie de motor homogéneo: basta con inyectar pesos, reactivar el consumo o subir el gasto estatal para que el Producto Bruto Interno (PBI) responda de inmediato como un bloque unificado.
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Sin embargo, el verdadero empresario que hoy tiene que calcular al centavo los costos (principio de imputación de Menger de por medio) o el verdadero productor vitivinícola que debe decidir si hunde capital en una finca sabe, por pura experiencia praxeológica, que la realidad de la calle no se parece en nada a las frías estadísticas de los agregados nacionales.
Para comprender qué está ocurriendo verdaderamente en el tejido productivo argentino, es urgente abandonar los anteojos tradicionales y recurrir a la tradición económica de Knut Wicksell, Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Murray Rothbard y Roger Garrison.
El PBI como ilusión de pizarrón
La primera gran discrepancia entre la visión tradicional y la Escuela Austríaca radica en cómo medimos la salud económica. La macroeconomía neoclásica se obsesiona con el PBI y el Estimador Mensual de Actividad Económica (Emae). Nos dicen que si la minería o la energía empujan el índice general hacia arriba, "la economía está creciendo pero a dos velocidades".
Para la Escuela Austríaca, esto es un peligroso espejismo estadístico. Como enseñó Murray Rothbard, el PBI adiciona el gasto estatal y los sectores extractivos de capital intensivo de manera uniforme, ocultando lo que él denominaba el Producto Privado Bruto (PPB): la verdadera riqueza generada por intercambios voluntarios en el mercado.
Un índice general puede dar positivo simplemente porque un sector concentrado exporta más, mientras que las etapas intermedias de la producción -la industria manufacturera local y la construcción- se están descapitalizando a la vista de todos (algo que ocurrió durante muchos años).
La economía no es un bloque flotante. Es una estructura temporal de capital compleja y delicada, compuesta por múltiples etapas ordenadas cronológicamente, desde la materia prima hasta el bien de consumo final que llega a la góndola.
La herencia que dejó "combatir el capital"
Para entender la lentitud del proceso actual, debemos diagnosticar correctamente la enfermedad de los años anteriores. Durante el ciclo 2019-2023, el Banco Central (BCRA) operó bajo una lógica de falsificación sistemática del mercado de crédito mediante las Leliq y los pases pasivos. Al fijar tasas de interés nominales artificialmente deprimidas frente a la pérdida real del poder adquisitivo del peso, el Estado distorsionó la brújula del sistema económico.
Cuando la tasa de interés oficial es artificialmente baja, los empresarios reciben una señal falsa. Friedrich Hayek y Roger Garrison explicaron que este fenómeno induce al malinvestment o mala inversión estructural: el capital se vuelca masivamente a proyectos de largo plazo (etapas tempranas) que carecen de un respaldo real de ahorro genuino en la sociedad.
En Argentina, esto no generó una industrialización sana, sino una distorsión de precios relativos donde las empresas acumularon stocks de forma defensiva o sobredimensionaron estructuras improductivas al calor del subsidio estatal.
La consecuencia final de esta borrachera de crédito artificial es la destrucción del capital acumulado. El capital no es dinero; son herramientas, insumos, infraestructura y conocimiento coordinado en el tiempo.
Cuando la inflación se desboca, los balances se vuelven ficciones contables, las empresas consumen sus propias amortizaciones sin darse cuenta y el ahorro voluntario huye de la moneda local, refugiándose en activos externos o reduciendo los saldos reales de caja al mínimo para evitar la licuación. El país se consumió sus ahorros para financiar el gasto público y el consumo presente.
Tasa de política monetaria del BCRA vs. costo de capital real
1. El período de falsificación (2020-2023): la gran brecha entre la línea coral y la azul marino expone cómo el Banco Central obligó a convalidar tasas artificialmente bajas. Esto destruyó el ahorro voluntario en pesos y forzó a las empresas a acumular stocks de forma defensiva y a realizar malas inversiones (malinvestments).
2. El techo de la crisis (diciembre 2023): La línea coral alcanza su pico histórico (cerca de 211% nominal anual). Refleja el momento exacto del sinceramiento de precios y la huida masiva del peso, donde la urgencia de la calle por deshacerse de la moneda indexó el costo del capital muy por encima del pizarrón oficial.
3. La fase de saneamiento genuino (2025-2026): Hacia el final del gráfico (agosto de 2026), se aprecia de forma nítida cómo la línea coral desciende buscando la convergencia con la tasa oficial estabilizada a 35%. Al desplomarse la inflación minorista de la calle y normalizarse el crédito para las empresas privadas (cuya prima de riesgo cayó a 4,5% anual), el costo de descuento para proyectos vuelve a niveles racionales de forma sustentable.
Son muchos años de tasas ficticiamente bajas para que la economía elimine esas malas inversiones reasignando el capital donde agregue valor. No es algo que se pueda hacer en un par de años.
El lento y doloroso proceso de reconstrucción
La visión tradicional suele impacientarse ante la falta de una recuperación en "V" vertical y rápida en 2026. Los analistas keynesianos argumentan que "falta liquidez" o "falta consumo de la calle". Pero la teoría austríaca del ciclo económico (TACE) nos advierte que el capital destruido no se recupera imprimiendo billetes ni bajando tasas por decreto.
La reconstrucción de capital es intrínsecamente lenta porque exige un reordenamiento praxeológico de toda la estructura productiva:
- Saneamiento del cálculo económico: las empresas primero deben descubrir cuáles son sus precios relativos reales, sin el velo de la emisión monetaria ni los subsidios cruzados.
- La liquidación de malas inversiones: el capital atrapado en proyectos inviables del pasado debe ser liquidado o reasignado hacia sectores donde los consumidores realmente validen el valor. Esto explica por qué sectores como el comercio minorista muestran una desesperación microeconómica por captar liquidez, recurriendo a promociones agresivas (2x1, descuentos extremos, devoluciones en billeteras virtuales) para sacarse el stock de encima. Es el mercado purgando los excesos nominales anteriores.
- La acumulación de ahorro genuino: para que la industria o la construcción vuelvan a expandirse de forma sostenible, la sociedad debe recuperar su demanda de saldos reales de caja y acumular ahorro voluntario y de largo plazo. El ahorro es el único insumo capaz de financiar de forma genuina las etapas de tiempo que requiere la inversión productiva. No se pueden financiar proyectos que implican recuperar la inversión en 15 años con colocaciones a 90 días o menos.
La economía argentina está atravesando la fase de resaca posterior al ciclo de ilusión crediticia. La lentitud del proceso actual no es una falla del modelo, sino la constatación de que la reconstrucción de la estructura de capital requiere tiempo, disciplina contractual y la dolorosa acumulación de excedentes reales.
Intentar apurar este proceso forzando tasas de interés por debajo del Costo de Capital Dinámico de mercado, y mucho peor, emitiendo dinero, solo volvería a distorsionar los incentivos, recreando la ilusión de un crecimiento ficticio que terminará, inexorablemente, en una nueva crisis de descapitalización.
Los que piden "volcar dinero para que el consumo se mueva" deben pedirle a los gobernadores e intendentes que bajen el gasto público, para así bajar la presión tributaria, y eso volcaría dinero a los privados. Cualquier otra cosa es mentira disfrazada de pseudociencia. Curar el cálculo económico exige paciencia; la verdad del mercado, tarde o temprano, siempre termina imponiéndose sobre los números del pizarrón neoclásico/keynesiano al que adhieren fogosamente políticos y el mainstream económico del mercado.
En pocas palabras
- Recuperación económica: el PBI argentino muestra un estancamiento y las propuestas de reactivación chocan con la necesidad de reconstruir el capital.
- Crítica a la macroeconomía: la Escuela Austríaca cuestiona el enfoque en el PBI, proponiendo el Producto Privado Bruto como medida real de riqueza.
- Desafío de la descapitalización: la lenta recuperación se debe a años de malas inversiones por tasas de interés artificiales y la necesidad de sanear la estructura productiva.