Análisis y Opinión

¿El campo nacional y popular en la Argentina será ahora el que plantó Javier Milei el 19N?

El peronismo kirchnerista ha sido conminado a retirarse del poder. Pero también ha zozobrado el formato original de Juntos por el Cambio. La duda es: ¿Mileistas somos todos?

"He tenido la primera pelea poselecciones", me dijo de sopetón un familiar con el que me topé en la mañana posterior al batacazo de Javier Milei. Me explicó que unos amigos lo habían "cuestionado fiero por no haber votado a MIlei". Y añadió que la situación le había hecho acordar a las discusiones que se generaban en el cenit del kirchnerismo, esas que solían terminar muy mal, con parientes que dejaban de hablarse.

Pensé que el recorrido para hacer las compras en ese lunes libertario me depararía comentarios similares. No fue así. "Acá la mayoría votó por el Loco", me confirmó un empleado del supermercado, a quien sus compañeros lo "habían agarrado para la joda" por ser peronista en soledad.

Ex profeso me demoré en una cafetería con la intención de parar la oreja y tomar nota. La clientela se veía animada, contenta. Se "olía" que, de manera transversal, tanto los "neutrales" de Juntos por el Cambio, como los mendocinistas de De Marchi habían votado en malón al hijo dilecto de la Escuela Austríaca de Economía.

De ultra y peligroso, Milei había pasado a ser la gran esperanza blanca, De payasesco y gritón, había mutado en un nuevo líder pragmático, que pinta -según esas visiones- para ser la nueva opción "nacional y popular". Una especie de campo arado por el propio Milei con nuevas semillas. En estos días y contradiciendo a Perón podríamos decir: "bueno, es que en el fondo, libertarios somos todos".

Milei se amigó incluso con el papa Francisco. El ínclito Jorge Bergoglio, pasó de ser la reencarnación del Maligno en la Tierra a un hombre de consulta del Presidente electo. Ambos empezaron a llamarse por teléfono y mandarse wasapitos.

"Por todo"

Ese lunes, la Justicia Electoral había reconfirmado que en Mendoza un 71% había votado a Milei para Presidente. Y a nivel nacional lo había avalado un 56% de los argentinos. Es decir, por encima del 54% que Cristina obtuvo en 2011 y que la llevó a anunciar con frescura bolivariana aquello de "ahora vamos por todo".

Lo llamativo es que esos porcentajes impactantes habían ocurrido a pesar de todos los temores que el propio Milei había generado en estos meses a través de algunos de sus variados disparates. Aquel candidato carajeador había tenido la prevención de ir haciendo un poco más dietéticos todos esos anuncios a medida que se acercaba la elección.

En el debate con Massa por el balotaje, el peronista "le ganó" al León. Así lo determinaron casi todos los especialistas. En realidad Milei utilizó ese segundo debate para demostrar que no era un desalmado ni un gil de goma. El teorema de Baglini había sido trabajado como arcilla en manos del anarcocapitalista.

Los barridos

El país ha cambiado de una manera brutal. Es como si el domingo 19 hubiera ha pasado un Zonda XL. El peronismo kirchnerista ha sido conminado a dejar el poder luego de cuatro años de un gobierno horrible. Pero también ha zozobrado el formato original de Juntos por el Cambio.

Hasta hace unos meses JxC era la fuerza liberal republicana que se encaminaba a tomar el control del país, pero el PRO rifó las expectativas en excesivas luchas internas y en las ladinas trapisondas de Mauricio Macri.

Patricia Bullrich arrancó su campaña estando ya marchita, Macri hace rato que no creía en la coalición que lo llevó a ser presidente en 2015. Y el radicalismo, está visto, no ha demostrado potencia ni liderazgo para conducir a Juntos a nivel nacional, pese a los triunfos logrados en varias provincias.

No cabe duda de que el PRO macrista ya forma parte del mileismo. Las tribulaciones están en qué va a hacer el radicalismo, porque una cosa es haber votado a Milei para frenar al peronismo y otra que toda la UCR en su conjunto (y el PRO larretista) se vayan a calzar la camiseta libertaria,

Tanto el viejo populismo peronista como el liberalismo de formas clásicas han mordido el polvo de la derrota. Y han quedado con el traste mirando al norte, lo cual no quiere decir que no tengan futuro. El peronismo siempre ha tenido una habilidad notable para esconder sus desastres de gestión, pero esta vez intentar adecentar el gobierno de Alberto y Cristina será una misión infructuosa.

Los cientistas

El votante mayoritario le ha retirado su aval a lo "malo conocido" y se ha volcado a bancar a lo supuestamente "bueno por conocer", que en este caso es una opción de derecha que el tiempo dirá si se vuelve extremista o si, por el contrario, la propia realidad la irá llevando hacia una opción de centroderecha más republicana y democrática, como hasta un tiempo buscaba JxC sin haber conseguido el liderazgo necesario para este momento histórico que, nos guste o no, Milei ha terminado encarnando.

Algunos cientistas políticos han decretado que vivimos una época de desacralización de la casta partidaria, en la que "la gente" o "el público" a través de las nuevas tecnologías están "reorganizando" el espectro cotidiano "desde abajo".

Dicen también los analistas que las ciudadanías están descartando ideas como la de ser fieles a un solo partido y que prefieren desafiar la autoridad política tradicional. Pero no es que "les interese tomar el poder" sino "ejercer el derecho al veto" de manera exprés. Quieren denunciar y mofarse de la casta "ya".

Este triunfo de Milei no le asegura per se 20 años de éxitos continuados. No es el exterminio o la desaparición del kirchnerismo y mucho menos del peronismo, como tampoco del radicalismo. Lo cierto es que la cantidad de votos obtenidos por Milei ha sido asombrosa y -al parecer- la ciudadanía no parece tener ganas de volver a desentenderse, así como así, de la cosa pública.