Análisis y Opinión

Dos elecciones y el Presupuesto: tres golpes sucesivos y una ficha que al Gobierno parece no caerle

Pactar o ceder no figuran en los primeros puestos del abecé político del kirchnerismo. Lo ratificó la derrota con el Presupuesto

La derrota que sufrió el oficialismo en la Cámara de Diputados de la Nación al perder la votación por el Presupuesto 2022, fue el tercer golpe consecutivo fuerte para el Gobierno tras los resultados no favorables obtenidos en las PASO de octubre y en las legislativas de noviembre.

Quizás haya sido la ficha que faltaba que rodara por la administración nacional, es decir un golpe de realismo para disolver las ensoñaciones que dejaron las movilizaciones del 17 de noviembre (de la CGT y de los movimientos sociales afines a Alberto Fernández) más la fiesta de la democracia del 10 de diciembre con Lula y Pepe Mujica de invitados, que en realidad fue un festejo acotado al Kirchnerismo.

El revés padecido con el Presupuesto tradujo, sin maquillajes, el estado de ciertas cosas que pasan en el Gobierno, sobre todo en el sector duro del kirchnerismo, aún renuentes a comprender la decisión de los votantes o de aceptar que ha llegado la hora de flexibilizar y de estar abiertos a la negociación, por lo menos en los grandes temas.

Y, sin dudas, el Presupuesto lo es, máxime en un gobierno que se jacta de no tener plan económico "porque para eso está el plan anual de gastos".

Al mismo tiempo, y aquí viene un detalle muy importante en el análisis, también es un llamado de atención para la oposición que no puede tomar este caso como el supuesto inicio de una serie de episodios para hacer hocicar al oficialismo. Y menos con asuntos de la importancia del Presupuesto donde lo más importante es el país. Demasiada endeudada, empobrecida y afectada por una inflación endémica está la Argentina, como para que juguemos a matarnos.

Las señales

Ahora bien, lo más llamativo es que la oposición había decidido dar quórum y debatir, aunque ya habían adelantado que iban a votar en contra. El sector de Carrió tanteó incluso abstenerse. Esas señales le permitían al Gobierno mover sus fichas y -quizás- lograr algunas adhesiones de último momento (con bloques provinciales o individualidades) que le facilitaran la aprobación.

Ya en la maratónica sesión de Diputados que se extendió desde el jueves 16 hasta la mañana del viernes 17/12, se llegó a negociar un punto no despreciable: que la discusión se congelara hasta la semana próxima para que algunos puntos polémicos, sobre todo cifras y números, fuesen revisados. Esta iniciativa tuvo la bendición del propio presidente Alberto Fernández.

Parecía un gesto inteligente hacia la oposición. Pero ya se sabe que en el kirchnerismo palabras como pacto y acuerdo no suelen ser bienvenidas, por el contrario suelen tomar esas cosas como una claudicación.

Tablero pateado

Cuando todos se preparaban para frizar por unos días la sesión, habló el titular del bloque del Frente de Todos en Diputados, Máximo Kirchner. A medida que la verba del hijo de Cristina se encendía, propios y extraños se miraban como si no entendieran nada. Su discurso rompió el paciente entramado que los sectores más templados de uno y otro lado habían armado para tratar de salvar el Presupuesto.

Las lecturas no se demoraron: Máximo parecía no estar de acuerdo con el Presidente. La frase con que el hijo de Cristina terminó su alocución no dejó dudas: "Votemos el proyecto por sí o por no y terminemos con este show" dijo luego de haber vuelto a criticar con dureza a las figuras del Juntos por el Cambio que se incorporaron en este recambio al Congreso, desde Vidal hasta Frigerio.

El discurso de Máximo Kirchner fue de ardorosa campaña electoral y sus argumentos, de batalla callejera; como si en el Congreso estuviese sentado Mauricio Macri. Insistió en desconocer la derrota bajo el argumentó de que ellos habían ganado las elecciones en 2019 y que el mandato es por cuatro años, como si las PASO y las legislativas no hubiesen puesto al oficialismo a parir.

Los distintos sectores de Juntos por el Cambio que, pese a sus desacuerdos internos, sobre todo en el radicalismo, habían concedido mandar el Presupuesto a comisión para algunas revisiones, se eyectaron y coincidieron, ante la bravata de Máximo kirchner, en no conceder ese impasse, por lo que no quedaba más salida que proceder a votar, lo cual significó la derrota del Gobierno por 132 votos a 121, que se quedó sin Presupuesto.

Mal parido

El proyecto de Presupuesto fue presentado por el ministro Guzmán el 15 de septiembre pasado pero los principales referentes legislativos del Frente de Todos nunca parecieron estar convencidos del proyecto que tenían que defender. Y en La Cámpora no dudaron en cuestionarlo.

Tanto Alberto Fernández como el ministro Martín Guzmán dijeron que el rechazo al Presupuesto es "es un problema inesperado que afecta la negociación con el FMI". En la Casa Rosada manejaban como posible fecha del acuerdo con el Fondo el 10 de enero venidero, algo que ha quedado dinamitado.

El Presidente debió prorrogar por decreto la pauta de gastos de este 2021, lo cual le quita sustento a las negociaciones que se vienen llevando, cuyas demoras han pasado de castaño a oscuro. Con un Presupuesto postergado, el Ejecutivo se verá obligado a reordenar partidas cada dos por tres.

Berenjenal

En la misma semana en que debía tratarse un Presupuesto lleno de contradicciones y en el que se hacía cada vez más delicado el equilibrio con los acreedores del Fondo, el Presidente nos informó de sus ideas de llevar la capital federal al norte del país y de cambiar la composición de la Suprema Corte de Justicia, temas que están alejadísimos de las preocupaciones de los contribuyentes. Es digna de estudio la facilidad con que Alberto Fernández se mete en esos berenjenales.

Derrotas y golpes. Ausencia de acuerdos. Discursos a pura grieta. El Gobierno ha perdido dos elecciones y ya no tiene el número para imponer su voluntad en ninguna de las cámaras del Congreso. Pero sigue negándose a aceptar esa realidad. Pierde un tiempo precioso.

Tiene todavía dos años del mandato popular para gobernar. Y hay incontables ejemplos, aquí y en el mundo, de administraciones que han sido exitosas a pesar de tener los parlamentos en contra. Claro que para ello se necesita flexibilidad, capacidad de diálogo, liderazgo inteligente y muñeca política. El problema es que ceder y pactar no suele estar en los primeros puestos del abecé político del kirchnerismo.